Al Andalus I: Historia, ideología y leyenda.

Para los que amamos la cultura nos encontramos continuamente con un problema: la manipulación histórica. Aquellos que estudiáis historia, seguramente os habrán advertido de cuidaros con aquellos que hablen con certezas, pues pueden tener intereses ocultos.

En los últimos meses he escuchado cómo algunos políticos hacían extrañas proclamas sobre el periodo visigodo y árabe de España. Es por eso que he querido empezar una serie de artículos, no para decir «esto es como yo lo digo», sino para exponer hechos objetivos y que cada uno saque sus propias conclusiones. El criterio propio es la mejor medicina contra los manipuladores y los tergiversadores.

La conquista.

La llegada de los árabes a Hispania y su conquista se caracterizo por la facilidad y la rapidez con la que tomó el poder. Los testigos que nos describen la llegada de los árabes y las sucesivas fases de la conquista son muy breves, casi anotaciones a pie de pagina; y muchos están contaminados por la inventiva. La leyenda enmascaró a la historia, cubriéndola con un velo casi imposible de traspasar. Es por ello que nos encontramos ante un periodo de la historia con muchas brumas, en el cual uno puede perderse entre las inventivas de los cronistas y los historiadores.

Las crónicas árabes.

Las crónicas más antiguas son Fath Al-Andalus o el Ta’rij iftitah Al-Andalus. Estas crónicas están contaminadas por muchos elementos legendarios. Las crónicas que realmente nos serían útiles sería las de Banu r-Razi o las de Ibn Hayyan, pero estas se perdieron bajo la arena del tiempo. Las obras historiográficas más tardías se elaboraron con una técnica muy literaria, situándolas más cerca de la leyenda que de la historia, pues con muy poco rigor, no dudaron en incluir elementos imaginaros sobre la conquista.

La historiografía.

Durante la primera mitad del siglo XX, la historia española ha pretendido interpretar la historia desde el prisma de la ideología, creando extrañas quimeras del concepto «ser español». Debido a ello, y por consecuencia del poco rigor histórico, se ha producido diferentes posturas respecto al periodo árabe.

Los historiadores M. Menéndez y Pelao, y Cl. Sánchez-Albornoz, defendieron que la historia de Al Andalus sólo fue una ruptura entre el reino visigodo y los Reyes Católicos. Para los dos historiadores el periodo árabe fue un paréntesis en la historia española. La conquista de Granada y la expulsión de los judíos significó la restitución de la identidad española en la Península Ibérica, y la caída de Al Andalus no dejó más que unos cuantos edificios y algunos palabros árabes.

Otros, sin negar que la esencia del «ser español» viene desde la noche de los tiempos, defienden que aquel «paréntesis» sí dejó huellas en nuestra identidad, y no solo algunos arabismos y obras arquitectónicas.

Por otro lado, Américo Castro señaló que el «ser español» se elaboró a partir del siglo XV como una mitificación de los Reyes Católicos, pero ese sentimiento no existió realmente. Con gran atino, Américo Castro resumió la identidad española como «un crisol de culturas».

Con esta pequeña introducción no pretendo analizar cada una de las posturas que tomaron cada uno de los historiadores. Mi objetivo es evidenciar cuán incorrecto es definir Al Andalus como una ruptura en la historia de España. Cada vez son más los hallazgos que evidencian una trascendencia y un continuismo entre el reino visigodo, Al Andalus y los reinos cristianos.

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