Café imaginario con… Valle-Inclán

[vc_row][vc_column][vc_column_text]

   Son las siete de la mañana cuando suena el despertador. Mi mujer se va preparando para irse a trabajar mientras yo le preparo el café. Me despido de ella en la puerta como siempre, con alguna payasada, cuando comienza a sonar mi teléfono. Ring ring.

   — ¿Diga? –dije con la mayor decencia que puede tener uno a primera hora. No suelo recibir muchas llamadas, sólo de los pesados de RBA pidiéndome una subscripción más.

   — Fran, soy yo –qué raro, pensé, hacía mucho tiempo que no hablaba con ella- Oye, te he conseguido una entrevista con Valle-Inclán, pero te aviso, está muy irritado.

   ¡Otra vez lo ha conseguido! Os diría cuál es su secreto para conseguirme entrevistas con personajes que ya están muertos, pero ni yo mismo lo sé. El caso es que por lo que me ha dicho por teléfono, este jueves tengo una entrevista con un escritor que impone y parece ser que no va a ser fácil.

   La Puerta del Sol albergaba una gran actividad. Podías ver gente ataviada con gabardina y sombrero, o jóvenes con tirantes que corrían para entregar un paquete a alguna local. El lugar que ha escogido Valle-Inclán no me ha sorprendido en absoluto, es el famoso Café de la Montaña, bajo el imponente Grând Hotel Paris. ¡Qué maravilla de lugar! Me habría encantado ser escritor en esa época.

   Llego 10 minutos antes de la hora establecida, así que me pido un café, aunque no sé por qué, tengo un nudo en el estómago que apenas me deja respirar. Me siento y trato de poner en orden todas mis preguntas. ¡Buenos días don Ramón! Allí tiene al mozo que le espera, no me arme ninguna algarabía, por favor se lo pido.

   Me levanto para recibirle, empujando con mis piernas la silla, haciendo un ruido estrepitoso.

   — Relájate que no soy un lord inglés, ¿Te has pedido algo para tomar? –me pregunta mientras mira al camarero para pedirle algo.

   — Ya estoy servido, muchas gracias don Ramón.

   — Tienes una compañera muy insistente. Tuve que ceder al final a tu proposición porque me fatigaba más decirle que no otra vez  que hacer la entrevista.

   Primera en la boca. Desde luego hace honor a su fama de ser mordaz y directo.

   — No sé qué le ha comentado mi compañera. Imagino que le dijo que la entrevista no sería para ningún periódico ni para una revista sino para un espacio cultural que tengo llamado Lector hablando a gritos.

   — Eso fue lo que me dijo. Qué nombre más curioso ¿De dónde lo has sacado?

   — Es una larga historia. Después de la entrevista, si se encuentra con ánimo se la cuento. –mentira, y gorda.

   — Así será. ¿Por dónde quieres empezar? –parecía querer empezar pronto, quizás para acabar también pronto.

   — ¿Cómo definiría Valle-Inclán a Valle-Inclán?

   — Como un hombre difícil de tratar, de rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba. Pero soy fruto de lo que mi vida fue. El comienzo estuvo marcado de riesgos y azares. Fui converso en un monasterio de cartujos y soldado en las tierras de la Nueva España. Aún me recuerdo como un hidalgo de los que se alistan en los tercios en busca de amores, espadas y fortuna.

    — Ese es el Valle de hace unos años. ¿Hoy cómo te ves?le pregunté mientras terminaba un café que se suponía, debía durarme toda la entrevista.

   — Hoy las flores de la juventud se han marchitado y todos mis entusiasmos caminan moribundos. Divierto a las penas y desengaños comentando memorias amables. Tengo mucho de mi tío ¿sabe? Él fue un hombre feo, católico y sentimental.

   — Parece que ve el mundo de una forma muy pesimista.

   — Deje que le explique una cosa joven. El mundo sólo puede verse de tres maneras, de rodillas, en pie o  en el aire. Cuando uno mira el mundo de rodillas ve al resto como seres superiores, como héroes. Te vuelves un “Homero” narrando historias en donde los protagonistas te miran por encima del hombro. La segunda forma es ver el mundo en pie, mirando a los protagonistas de igual a igual. ¿Sabe quién narraba así? Shakespeare. No daba a los personajes una condición sobrehumana. La tercera manera de mirar el mundo es en un plano superior, considerando a los personajes como seres inferiores al autor. Esta es una forma muy española de ver el mundo. Ya lo hizo Cervantes con su Alonso Quijano. No es que vea el mundo de forma pesimista, sólo miro la realidad desde un plano superior, como hacía Cervantes, así puedo reírme de las desgracias ridiculizándolas como un Alonso Quijano.

   — ¿Tiene usted carácter don Ramón?

   — Soy como la gasolina ¿sabe? Puedo arder como una llama gigante y en cuestión de segundos me apago. Me ha perdido las formas en mis debates, pero siempre he sabido reconocer cuándo me he equivocado, y se pedir disculpas cuando hace falta.

   — Eso le honra, don Ramón.

   — Joven, eso no me honra, eso me hace humano… –de repente se detuvo. Joven, me va a disculpar, pero me cité aquí con un grupo de tertulianos. ¿Sabe que hace unos días hubo un enfrentamiento con un portugués y un español? Hoy va a ser el tema central del debate, si quiere se puede quedar.

   — No podría quedarme don Ramón, no le quiero robar más tiempo don Ramón. Le quiero hacer un juego de imaginación. Si usted pudiese dar un consejo ahora a las personas que viven en el 2018, ¿Qué consejo les daría?

   — Les diría que el cementerio está lleno de valientes, pero que gracias a algunos de esos valientes todos los cobardes pueden vivir. Mi consejo es ese, que se arriesguen en la vida por sí mismos y por todos.  

   — Muchas gracias por todo don Ramón. Queda pendiente terminar la entrevista. Tenga mucha mano izquierda en los debates.

   — ¡Oiga! Me tiene que explicar el motivo del nombre de su espacio cultural.

   — Hagamos un trato, concédame otra entrevista en un futuro cercano y yo le cuento el motivo.

   — ¡Mal Polonia te reciba! Hecho. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Content is protected !!