El día que Hemingway mató a su gato

Quienes conocen la figura del afamo escritor americano Ernest Hemingway sabrán que fue un amante absoluto de los gatos. Es muy común encontrar fotos antiguas del escritor posando junto con sus gatos. En Cayo Hueso, lo que fue su hogar, vivía junto con una veintena de gatos que habrían descendido de su primer gato, Snowball, un regalo de un capitán de barco en 1930. Su gato contaba con una particularidad, en sus patas tenía seis dedos, y lo puedes comprobar. Si vistas la casa museo de Hemingway podrás ver que algunos de los gatos que viven allí, casi medio centenar, comparten la misma mutación genética que Snowball.

¿Cómo era posible pues que alguien tan amante de los animales pudiese disparar, como él decía, a una «fábrica de ronroneo» y «esponjas de amor»? Lo explica en una carta que envió a Gianfranco Ivancich, un veneciano que conoció en 1949:

¿Cómo era posible pues que alguien tan amante de los animales pudiese disparar, como él decía, a una «fábrica de ronroneo» y «esponjas de amor»? Lo explica en una carta que envió a Gianfranco Ivancich, un veneciano que conoció en 1949:

«Querido Gianfranco:

Justo cuando acabé de escribirte y mientras ponía la carta en el sobre Mary bajó de la Torre y dijo: “algo horrible le ha pasado a Willie”. Salí y encontré a Willie con sus dos patas derechas rotas: una por la cadera y la otra por debajo de la rodilla. Un coche debió de haberle pasado por encima o alguien lo había golpeado con un palo. Había vuelto a casa sobre las patas de un solo lado. Era una fractura múltiple con mucha suciedad en la herida y fragmentos sobresaliendo. Pero él ronroneaba y parecía seguro de que yo podría solucionarlo.

Hice que René trajera un bol de leche para él y René lo sostuvo y lo acarició para que Willie estuviera bebiendo leche mientras yo le disparaba en la cabeza. No creo que sufriera y los nervios habían sido machacados así que las piernas no habían empezado a dolerle realmente. Monstruo quiso dispararle por mí, pero no podía delegar la responsabilidad o dejar una posibilidad de que Will supiera que alguien iba a matarlo.

He tenido que disparar a gente, pero nunca a nadie que hubiera conocido y querido durante once años. Ni tampoco a nadie que ronroneara con dos piernas rotas».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Content is protected !!