Solzhenitsyn y la defensa del franquismo

El año 1975 quedaría marcado en la historia de España por un acontecimiento: la muerte del dictador Francisco Franco. Con este contexto histórico, el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn, galardonado con el Premio Nobel de Literatura, hizo una visita a España en 1976 que no dejó indiferente a nadie.

Durante su visita la transición aún no se había consolidado y el régimen franquista aún no se había desmantelado. Mientras visitaba España,  concedió una entrevista en la cadena TVE el 20 de marzo de 1976. Aquella entrevista tocó muchas sensibilidades. Uno de los que no pudo entender las declaraciones del Solzhenitsyn fue Juan Benet, quien publicó su opinión el 27 de marzo de 1976 en «Cuadernos para el diálogo»:

Cuadernos para el diálogo

«Todo esto, ¿por qué? ¿Porque [Solyenitsin] ha escrito cuatro novelas, las más insípidas, las más fósiles, literariamente decadentes y pueriles de estos últimos años? ¿Porque ha sido galardonado con el premio Nobel? ¿Porque ha sufrido en su propia carne -y buen partido ha sacado de ello- los horrores del campo de concentración? Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Soljenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Soljenitsin no puedan salir de ellos (…) Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas -cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo- busquen la manera de librarse de semejante peste»

La entrevista fue dirigida por el periodista Jose María Iñigo, en su programa Directísimo. Algunas de las declaraciones que realizó el escritor fueron las siguientes:

Cómo ve él las dictaduras

«Vuestros círculos progresistas se complacen en llamar al régimen existente «dictadura». Yo, en cambio, llevo diez días viajando por España, desplazándome de riguroso incógnito. Observo cómo vive la gente, lo miro con mis propios ojos asombrados y pregunto: ¿saben ustedes lo que quiere decir esta palabra, conocen ustedes lo que se esconde tras este término?»

«En su país, puede que con algunas limitaciones, están autorizadas y tienen lugar algunas huelgas. En nuestro país, en sesenta años jamás fue autorizada una sola huelga. En los primeros años del régimen, los huelguistas cayeron bajo ráfagas de ametralladora, o fueron encarcelados como contrarrevolucionarios, aunque sólo exigían mejoras de carácter económico. Hoy día, ya a nadie se le ocurre, a nadie se le pasa por la cabeza, la idea de organizar una huelga. Más todavía: publiqué un día en la revista Novi Mir una narración, Por el bien de la causa. En ella, un personaje, un estudiante, pronunciaba la frase «Vamos a hacer huelga». Pues bien, antes de que la narración pasara la censura, ya la propia mesa de redacción de la revista eliminó la palabra «huelga». La palabra «huelga» está prohibida en mi país.»

«Hace poco en vuestro país se proclamó una amnistía. Algunos dicen que fue una amnistía limitada. Pero sin embargo a los terroristas, que con las armas en la mano luchaban contra el orden establecido, se les rebajó parte de la condena. A nosotros, en cambio, en sesenta años sólo se nos concedió una amnistía, ¡y ésta sí que fue limitada! Nosotros íbamos a la cárcel para morir allí. Muy pocos regresaron para contarlo.»

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