El suicidio de Larra

En su Diccionario del suicidio, Carlos Janín señala que Larra ponía fin a su vida en su casa de la calle Segovia con un disparo en la sien. Antes de suicidarse recibió la visita de su amante Dolores Armijo, acompañada de una de sus cuñadas. La amante de Larra le dijo que no volvería a verse con él, mientras de devolvía toda la correspondencia que intercambiaron. Este no fue el único desamor. Cuando Larra tenía 16 años se enamoró perdidamente de una mujer mayor que él, con la mala fortuna que esta era amante de su padre. La segunda decepción llegaría a los 20 años. Se casó con Pepita Wetoret, pero se encontró decepcionado, no era lo que él esperaba.

Jesús Miranda de Larra, autor de la biografía del escritor madrileño, asegura que Larra se suicidó convencido de que caminaba solo. Incluso apunta el autor de la biografía que Larra se suicidó porque con su pluma no pudo cambiar las circunstancias políticas y sociales de España, lo que lo llevó a la desesperación.

Cualquier suicidio es una tragedia humana, pero el de Larra fue más que una tragedia. Adela, su hija, que por aquel entonces contaba con seis años, descubrió el cuerpo de su padre al ir a darle las buenas noches. Imaginando la escena uno puede contemplar el grado de tragedia que alcanza. La imagen de una hija descubriendo el cuerpo de su padre, con una pistola al lado y un charco de sangre es terrible. En una ocasión Robert Louis Stevenson, con gran sensatez, dijo que quien se casa pierde por completo el derecho al suicidio, máxime cuando tienes hijos.

«Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como una pesadilla abrumadora y violenta.» La desesperanza fue quien empujó a Larra hacia el abismo. No pudo más con el caos y decidió quitarse la vida.

La Iglesia no da sagrada sepultura a quien acaba con su vida de forma voluntaria, pero el gobierno liberal presionó para que Larra fuera enterrado según los sacramentos de la Iglesia. El lugar escogido fue un niño en el cementerio madrileño del Norte. En agradecimiento a la institución eclesiástica, se levantó una estatua de Larra  en la calle Bailén, frente a la Almudena. El busto de bronce fue obra del escultor Jesús Perdigón. Sobre la piedra en que se alza la estatua puede leerse: «Larra 1809-1837.»

Larra fue un escritor prolífico. En tan sólo ocho años, desde los 19 años hasta los 27, escribió cerca de doscientos artículos de una calidad asombrosa. Sus escritos han alcanzado la inmortalidad gracias a la lucidez y la solidez que tienen. Se puede afirmar que están a la altura de los mejores filósofos.

Hoy en día podemos encontrar en el Museo Romántico de Madrid, visita obligada para aquellos que no se hayan paseado por sus galerías, la pistola con la que Larra se suicidó.

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