Escritores en el exilio

   Pocas cosas pueden superar lo triste que puede llegar a ser un conflicto armado fratricida. La Guerra Civil Española fue un conflicto duro, largo, lleno de penurias, del que salieron perdiendo la mayoría de los españoles. Tras 81 años desde que comenzó, aun hoy en día se pueden ver heridas que nunca llegaron a cerrar. Los viejos rencores siguen existiendo, y no hay voluntad para solucionarlos. Ahora, y a lo largo de la historia de España, el adversario ideológico ha sido visto como un enemigo al que hay que eliminar de la escena, y durante la Guerra Civil fue así.

Todos los españoles tendremos siempre una deuda pendiente con Francia y sobre todo con Latinoamérica.

   Esa actitud intolerante frente al adversario ideológico, dada por los dos bandos, dio lugar a un fenómeno triste: el exilio de intelectuales. Entre esos intelectuales había escritores que, previendo que la guerra iba a ser ganada por los sublevados, decidieron irse de España, o no retornar. Aquellos que no pudieron marcharse terminaron siendo detenidos, como fue el caso de Miguel Hernández, que acabó muriendo en una celda; o bien acabaron en una fosa común, al borde de un camino, como fue el caso de Federico García Lorca.

   Todos los españoles tendremos siempre una deuda pendiente con Francia y sobre todo con Latinoamérica. Aquellos que pudieron exiliarse escogieron como destino al país vecino francés o algún país de Latinoamérica. Antonio Machado se marchó a Francia, acabando sus días en el exilio en el país vecino en el año 1939. Pedro Salinas fue sorprendido con el estallido de la Guerra Civil. En una primera etapa estuvo exiliado en Francia, pero terminaría por trasladarse a EEUU. Allí murió a causa de un cáncer en el año 1951, en la ciudad de Boston. La misma mala fortuna corrió Emilio Prados, quien jamás regresó a España, muriendo en su tierra adoptiva, México. Ramón Gómez de la Serna sufrió mucho al verse obligado a abandonar España. En su tierra materna tenía su gente, sus libros, su vida. Se exilió en Argentina y allí acabaría muriendo en el año 1963. Rafael Alberti tuvo más suerte. Primero se exilió a Francia, hasta el año 1940, ya que se le consideró un comunista peligroso. En 1977 Rafael Albertí regresó a España durante la transición española.

   Hubo otro grupo de autores a quienes el estallido de la guerra les cogió fuera de España. Pese a su voluntad de volver, y el sufrimiento que les ocasionaba la lucha fratricida, jamás pudieron regresar. Entre estos autores se encuentran Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda o Salvador de Madariaga.

   Por el contrario, autores como Azorín, Gerardo Diego o Jacinto Benavente, optaron por adaptarse a la nueva situación política que se estaba gestando bajo el régimen franquista.

El “viento sucio de la Historia”, como decía Salinas, los arrojó al otro lado del mundo.

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