Historia de al Andalus: musulmanes y cristianos

   La historia se concibe como un libro abierto cuyas páginas aparecen llenas de suciedad. Ante esta máxima la historia de al Andalus no se mantiene ajena. Dependiendo del punto de vista desde el que se mire la historia de al Andalus se puede presentar como un mundo en donde unos invasores son expulsados, un lugar idílico donde la cultura floreció y se expandió posteriormente por Europa o como un mundo donde tuvo momentos de esplendor y momentos de decadencia.

   El primer punto de vista pertenece a una visión poco profunda y desfigurada de la historia. En las escuelas primarias y en algunos sectores de la población se “estudia” este periodo con una visión desfigurada, del mismo modo ocurre cuando se idealiza este periodo de la historia. Una visión historicista percibe la historia de al Andalus como un periodo de esplendor y decadencia, en donde los momentos de paz y convivencia se entremezclan con momentos violentos, en donde la razón queda apartada por la espada.

   Del mismo modo los personajes que participan en la historia suelen sufrir una desfiguración por parte de aquellos que escriben la historia. Navegar  a través de los ríos de tinta que discurren en la historia de Al-Andalus se convierte en una tarea ardua y difícil debido a las visiones partidistas que se da de la historia.

   En este artículo se tratará de dar una visión de los acontecimientos históricos más importantes del periodo andalusí abarcando los personajes principales, los acontecimientos que cambiaron la historia y posteriormente analizar la visión que se da de la historia en los medios de los que disponemos en la actualidad, a través de libros y los medios digitales.

Los acontecimientos que cambiaron la historia

En la historia de la actual España, antes, durante y posteriormente al periodo andalusí hubo hechos históricos que cambiaron la historia. Entre estos hechos históricos destacan La batalla de Guadalete, La batalla de Covadonga, La Batalla de Alameda, La Batalla de Roncesvalles, La batalla de Clavijo, La Batalla de Cabra, Almenar, Morella, Tévar, Cuarte y Bairén, Las Navas de Tolosa, La Batalla de Puig y Valencia y por último la Toma de Granada.

   La batalla de Guadalete enfrentó a 35.000 cristianos contra 15.000 musulmanes el 19 de julio del 711. En el 710 estalló la guerra civil en el reino visigodo por la sucesión de Witiza. Los hermanos de Witiza pidieron ayuda a los musulmanes. En el 710 Tarif desembarcó en la costa de Cádiz con 400 hombres y un pequeño grupo de jinetes. Este lugar pasó a denominarse Tarifa. Asoló la región impulsando el envío de unos 7000 soldados encabezados por Tariq Ibn Ziyard. A estos soldados se les unieron soldados de infantería beréber incrementando su número hasta los 13.000 combatientes. Las fuerzas de Rodrigo ascendían a los 33.000 soldados.

   La batalla fue en el río Barbate, entre el 19 y el 26 de julio del 711. Las fuerzas se midieron en pequeñas escaramuzas durante varios días, pero cuando se produjo el choque de las dos fuerzas los hijos de Witiza huyeron, dejando los flancos al descubierto.

   La derrota de esta batalla tuvo como consecuencia la muerte de Rodrigo, la desaparición de don Julián y en poco menos de 5 años cayeron Sevilla, Mérida, Zaragoza y Pamplona.

   En el año 713 Teodomiro firmo un pacto por el que se sometía ante los vencedores:

   “En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al-‘Aziz ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush [Teodomiro, hijo de los godos]. Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula [Orihuela], Baltana, Laqant [Alicante], Mula, Villena, Lurqa [Lorca] y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento. Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los siervos, sólo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira [713]. Como testigos, ‘Uthman ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abu l-Qasim al-Mazali.”

   La batalla de Covadonga, Cova Donga o Cueva Dominica, enfrento el 28 de mayo del 722 a 300 cristianos frente a 800/1400 musulmanes. Como testimonio de este hecho tenemos la Crónica de Albelda, escrita en el 881:

   “Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva y el ejército de Al-Qama llegó hasta él y alzo innumerables tiendas frente a la entrada de una cueva. El obispo Oppas subió a un montículo situado frente a la cueva y habló así: Pelayo, Pelayo, ¿Dónde estás? El interpelado se asomó a una ventana y respondió: Aquí estoy El obispo dijo entonces: «Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve a tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos». Pelayo respondió entonces: «¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?». El obispo contestó: «Verdaderamente, así está escrito». […] Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos […]. Al-Qama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. Y como a Dios no le hacen falta lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los caldeos emprendieron la fuga.”

La Crónica mozárabe, escrita en el 754, nos habla de ello, dándose la primera versión árabe de la conquista de los musulmanes.

   Estos hechos históricos suelen estar plagados de leyendas. Un ejemplo de ellas es una leyenda que narra cómo las flechas musulmanas eran desviadas antes de que alcanzasen a los astures por prodigio divino. También se cuenta que Pelayo tuvo una visión divina, del cielo, animándolo hacia la victoria.

   Los efectos de la batalla de Covadonga han sido exagerados en los relatos sobre la Reconquista.  Los datos que aportan las crónicas musulmanas y cristianas sobre los combatientes, las bajas y las motivaciones son muy dispares, por lo que resulta difícil contrastar la veracidad de la información.

Esta batalla tiene su trascendencia por su importancia en la formación de la leyenda de la reconquista y la defensa del cristiano frente al invasor musulmán.

   La batalla de Roncesvalles enfrento a las tropas de Carlomagno y a los vascones, pamplonicas y aragoneses descontentos. El lugar exacto de la batalla se desconoce, aunque se nombra el paso de Roncesvalles.

   Las tropas de Carlomagno fueron llamadas por el gobernador de Zaragoza, Sulayman. Este les prometió la ciudad como pago a cambio de ayudarle en el enfrentamiento contra Abderramán I. A su paso, Carlomagno arrasó la ciudad de Pamplona. Sulayman se negó a entregar la ciudad enfrentando por ello a Carlomagno y Sulayman. No obstante, el ejército de Carlomagno tuvo que levantar el asedio ya que los sajones atacaron las tierras francas.

   A su regreso fue sorprendido por los vascones, pamplonicas y aragoneses en el paso de Roncesvalles. Las cifras apuntan que un total de 20.000 soldados murieron, entre ellos Roldán, quien sería recordado por los cantares.

   Diezmadas las tropas de Carlomagno se frenó las expectativas de futuras incursiones por tierras andalusíes. Ello, junto con el debilitamiento de las plazas como Zaragoza conllevo que los cristianos comenzasen a creer en una conquista futura.

   La batalla de Clavijo tiene su importancia no solo por la epopeya que se ha generado en torno a esta batalla sino por las consecuencias de la misma. La Orden de Santiago, cuyo objetivo era proteger a los peregrinos en su ruta a Compostela y la defensa de las fronteras fueron algunas de sus consecuencias.

   Alfonso II impulso el Liber Iudiciorum y divulgó el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago el Mayor. Ello conllevó que el reino tuviese presencia en el orbe cristiano.

   La Batalla de Clavijo enfrento las tropas de Ramiro I contra tropas musulmanas dando como vencedor a Ramiro I. Esta batalla vio nacer la leyenda de Santiago Matamoros. Según cuenta la leyenda, cuando las tropas de Ramiro I se enfrentaron contra los musulmanes en el Campo de Matanza, intervino la figura del apostos que evangelizó Hispania. Santiago Matamoros cabalgó en un caballo blanco portando un pendón de color blanco para guiar a las tropas en la batalla. En esta batalla nacio la frase “Que Dios nos ayude y Santiago”, o como se popularizó “Santiago y cierra España”. Esta batalla se convirtió en un símbolo que se usó en la reconquista.

    Con la muerte del Rey Sancho II, Alfonso VI se coronará como rey de Castilla, convirtiéndose en el rey con más poder en la península. Las taifas musulmanas pagaban un impuesto a los reinos cristianos para así poder evitar invasiones y mantener una relación pacífica. El rey Alfonso VI ejerció presión sobre las taifas y el favor sobre El Cid terminó a raíz de una disputa y la presión que ejerció García Ordóñez, del Çid so enemigo malo.[1] El Cid defendía por aquel entonces las fronteras de al-Mu`tamid, y para defenderlas tenía que atacar al ejército de García Ordóñez, lo que suponía atacar de forma indirecta al propio Alfonso VI. El Cid trató de solucionar el problema de forma pacífica, pero el conflicto se desató y se enfrentaron en las inmediaciones de Cabra.

   Se enfrentaron Rodrigo Diaz de Vivar y Al-Mu’tamid contra García Ordoñez, Diego Pérez y Lope Sánchez. Salió victorioso El Cid. Este tenía numerosos enemigos en la corte, era un gran guerrero pero un mal diplomático por lo que se ganó enemigos en la corte leonesa. Fue en este momento cuando nació la leyenda de El Cid, admirada por cristianos y musulmanes.

   La leyenda se fue haciendo cada vez más grande con las victorias de El Cid en la batalla de Almenar, Morella, Tévar, Cuarte y Bairén. En la Batalla de Bairén falleció El Cid por una flecha el 10 de julio de 1099. La leyenda cuenta que El Cid hizo prometer a su esposa Jimena que cabalgaría por última vez a lomos de Babieca, atado a la grupa de su caballo. Esta figura hizo que las tropas musulmanas huyesen.

[1] Nombre que recibía García Ordóñez en el Cantar del Mío Cid.

   El año 1212 quedaría marcado para la historia por la Batalla de Las Navas de Tolosa. El 16 de julio de 1212 se enfrentaron 70.000 cristianos frente a 125.000 almohades. Las bajas se contaron en 2000 cristianos fallecidos y 90.000 almohades caídos en la batalla.

   En la primera quincena de julio, los cristianos se fueron aproximando a Sierra Morena. Muhammad al-Nasir preparo un ejército que pudo llegar a la cifra de 150.000 soldados. Los cruzados, que estaban asentados en el enclave Mesa del Rey, en la madrugada del 16 de julio levantaron el campamento y dieron la orden de combate. Las fuerzas se compusieron por un bloque situado en el centro, en donde se situaba la caballería pesada al mando de Diego López de Haro, quien fue nombrado alférez de Castilla. La retaguardia central la aseguraban Álvaro Núñez de Lara, Alfonso VIII y el arzobispo de Toledo. En el ala izquierda estaba el bloque compuesto por los aragoneses y el rey Pedro II a la cabeza, mientras que en el ala derecha se situó Sancho VII el Fuerte.

   Los almohades situaron a sus tropas de infantería en el centro, mientras que los flancos fueron tomados por la caballería ligera. En vanguardia se situaron los más feroces, en segunda línea se formó a las tropas procedentes del Magrab y en la tercera línea se situó a la caballería pesada.

   Alfonso VIII, quien estaba al mando de las tropas, dio la orden de combatir. En el transcurso de la batalla los cristianos se vieron superados por las tropas musulmanas haciendo que estos huyesen en desbandada, provocando que las trupas musulmanas rompiesen la formación para perseguir a quienes huían, pero el rey Alfonso VIII dio la orden de atacar en bloque junto con Sancho VII y Pedro II. Aquella decisión provocó que las tropas cristianas superasen el ataque de los musulmanes, llegando a la misma tienda de Al-Nasir.

   Con la victoria de las Navas de Tolosa se ponía fin al dominio almohade en la Península Ibérica.

   En el año 1492 culmina el proceso de conquista cristiana con la toma de Granada, enfrentando a las tropas de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla contra Boabdil. El 2 de enero Boabdil entregó la ciudad a los Reyes Católicos. La ciudad, siguiendo las órdenes de Isabel, se tomó por aislamiento y no por asalto, evitando así la destrucción del patrimonio. Tras la conquista Isabel y Fernando impusieron una política de uniformidad religiosa.

La convivencia: de la multiculturalidad a la uniformidad religiosa.

   El periodo andalusí se caracteriza por los avances y los estudios que se realizaron en las diversas ramas científicas. No obstante, si algo caracteriza el espíritu andalusí es su espíritu de tolerancia.

   La base de la convivencia entre los judíos, los cristianos y los musulmanes se caracteriza por la posibilidad de conservar la religión acogiéndose a pactos. Según los pactos los judíos y los cristianos tienen que someterse al poder político de los musulmanes para así obtener la protección del Estado a cambio de los pagos de impuestos denominado yizia.

   Aquellas comunidades judías y cristianas que firmantes de los pactos pueden vivir en una sociedad musulmana sin abandonar su religión, pero deben atenerse a una serie de condiciones que firman. Estas condiciones pueden resumirse en ser fieles y no traicionar al estado, no pueden interferir en la vida pública con sus prácticas religiosas, deben hacerse en la vida privada, y saberse que se sitúan en una clase social inferior a la de los musulmanes.

   Este hecho puede llevar a cualquier persona a concebir esta tolerancia como una forma de humillación, pero siendo fieles al concepto medieval de tolerancia, esta se concibe como un mal menor. Si analizamos etimológicamente el término tolerancia, tolerantia, del latín, hace alusión a sufrir con paciencia, soportar o resistir.

   Es por ello que tras la conquista cristiana se percibe una transformación absoluta de la tolerancia religiosa.

   “Muy entendido tenéis lo que por tan largo discurso de años se ha procurado la conversión de los cristianos nuevos dese reinos, los edictos de gracia que se les concedieron, las demás diligencias que se hicieron para instruirlos en nuestra santa fé, y lo poco que todo ello ha aprovechado; pues no se ha visto que se hayan convertido, sino ántes crecido de dia en dia su obstinación, y el deseo y voluntad que siempre han tenido de maquinar contra estos reinos.” [1]

[1] Carta escrita á los jurados, diputados y Estamento militar de la ciudad de Valencia por el rey D. Felipe III, en 11 de setiembre de 1609. Hállase auténtica en el folio 1º de la Mano 33 de Mandes y Empares de la cort civil de 1624. –Historia de Valencia, por Escolano, libro 10, cap. 48.

   “Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.”[1]

[1] Edicto de Granada. Decreto promulgado en la Alhambra el 31 de marzo de 1492 por los Reyes Católicos en el cual se expulsa a todos los judíos de la Corona de Castilla.

   “El Rey y por S.M. Don Luis Carrillo de Toledo, marqués de Caracena, señor de las villas de Pinto y Inés […] Entendido teneis lo que por tan largo discurso de años he procurado la conversión de los moriscos de ese reino y del de Castilla, y los edictos de gracia que se les concedieron, y las diligencias que se han hecho para instruillos en nuestra santa fe, y lo poco que todo ello ha aprovechado, […] hemos mandado publicar el bando siguiente:

  1. Primeramente, que todos los moriscos de este reino […] dentro de tres días de como fuere publicado este bando en los lugares donde cada uno vive y tiene su casa, salgan dél, y vayan a embarcarse á la parte donde el comisario les ordenare.
  2. Que cualquiera de los dichos moriscos que publicado este bando, y cumplido los tres días fuese hallado […] pueda cualquiera persona, sin incurrir en pena alguna, prenderle y desvalijarle […] y si se defendiere lo pueda matar.”[1]

[1] Bando de la expulsión de los moriscos del reino de Valencia, pùblicado en la capital el dia 22 de setiembre de 1609, según se conserva en el folio 31 de la Mano 50 de Mandamientos y embargos de la corte civil de Valencia del año 1611.

   Estos son solo algunos de los muchos textos que se puede encontrar referido a las autoridades estatales en los cuales tratan los asuntos de los judíos y los moriscos en época de dominación cristiana. Estos textos evidencian el contraste que hubo entre el periodo andalusí y el periodo cristiano y sobre cómo en cada periodo se trató la cuestión religiosa.

   En el periodo andalusí se podían distinguir varios tipos de clase social. La aristocracia y el pueblo, los siervos, los renegados y muladíes, los judíos y los mozárabes. Para el asunto en cuestión que se trata cabe hace especial mención a los mozárabes. Estos eran cristianos sometidos, que continuaron con una administración y un gobierno propio, teniendo sus gobernadores, denominados condes, nombrados por el califa. En Córdoba existía la figura de defensor. Este era el representante de los mozárabes ante el califa. A estos mozárabes se les exigía el pago de impuestos y se les cobraba a través excepto y el censor en primera instancia, siéndolo el conde en segunda.

   Pese a vivir bajo un estado islámico tenían el Fuero Juzgo, aunque si el delito iba contra el Islam intercedía las autoridades musulmanas.

   Con el avance de las tropas cristianas se formaron pequeños núcleos musulmanes dentro de los territorios cristianos. Estos musulmanes fueron llamados mudéjares. Conservaron su religión, su justicia y costumbres si pagaban impuestos.

   Tras la caída de Granada el posicionamiento de los Reyes Católicos el posicionamiento de los Reyes Católicos tenía una voluntad tolerante ya que con la apertura de las puertas de Granada se consignaba terminantemente que:

   1º. Que los reyes asegurarían á todos los moros cumplida seguridad de bienes y haciendas, con facultad de comprar, vender, cambiar y comerciar con el África, sin pagar más impuestos ni derechos que los establecidos por la ley musulmana.

   2º. Que los reyes Católicos, por sí y á nombre de sus descendientes, se obligaban á respetar por siempre jamás los ritos musulmanes, sin quitar las mezquitas, torres de almuhedanos, ni vedar los llamamientos, ni sus oraciones, ni impedir que sus propios y rentas se aplicasen á la conservación del culto mahometano. La justicia continuaría administrada entre moros por jueces musulmanes, con arreglo á sus leyes, y todos los efectos civiles relativos á herencias, casamientos, dotes, etc. , continuaron según sus usos y costumbres.

   3º Que los alfaquíes continuarían defendiendo la instrucción en escuelas publicas, y percibiendo las limosnas, las dotaciones y rentas asignadas á la instrucción pública, con absoluta independencia é inhibición de los cristianos.

   4º Que á ningún renegado se molestaría ni insultaría por su conducta pasada.

   5º Que las contestaciones y litigios entre moros y cristianos se decidirían por jueces de ambas partes, continuando los empleados moros en el desempeño de sus respectivos oficios.

   Esta declaración de intenciones por parte de los Reyes Católicos se vio quebrada cuando tras numerosos intentos por parte de las autoridades eclesiásticas para adoctrinar a los musulmanes vieron sus esfuerzos sin ningún resultado. Numerosas cartas fueron enviadas a los moriscos para que tuviesen voluntad de escuchar a los predicadores. Ejemplo de ello son la Carta del emperador Carlos I a los moriscos valencianos para que oigan con sumisión y amor a los predicadores, la carta del obispo de Segovia los rectores de la diócesis de Valencia para que faciliten el negocio del bautismo de los niños de los moriscos, o la carta del obispo de Calahorra a los moriscos valencianos recomendándoles que obren conforme a lo que desea el Emperador.

   Pero al ver sus esfuerzos truncados comenzaron los comunicados por parte de obispos, condes y duques comenzaron a mostrar una postura de rechazo hacia los moriscos.

   Con la expulsión de los moriscos se cerró filas y bajo ningún concepto se permitía el retorno de los moriscos a la península. Algunas de las penas a las que se sometía a los moriscos que retornaban quedaron registradas en las resoluciones. En la Resolución de S.M. á la consulta sobre las penas que debían aplicarse á los moriscos que volvían al reino de Granada estipulaba que debían ser enviados a las galeras los mayores de 17 años y menores de 55, las mujeres y los niños volverían a ser expulsados y los gastos que su expulsión ocasionase tendrían que correr a cuenta propia del expulsado.

   Las expulsiones no se realizaron al azar y todo quedó debidamente registrado dividiendo los reinos en partidos, familias y personas.

   La historia de al Andalus está servida de polémica entre historiadores desde los aspectos más amplios hasta a los más concretos. Modesto Lafuente fue el primero en acuñar un término que se aceptó y que hoy en día genera debates entre los historiadores en su obra Historia general de España; reconquista. Frente a Modesto Lafuente se encuentra Ortega y Gasset, quien refutaría este término era una incongruencia debido a que un proceso tan prolongado en el tiempo no podía denominarse de tal forma.

   Se me dirá que, a pesar de esto, supimos dar cima a nuestros gloriosos ocho siglos de Reconquista. Y a ello respondo ingenuamente que yo no entiendo como se pudo llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos.[1]

   En el siglo VIII entraron los musulmanes a la península ibérica, y en el siglo XXI, 14 siglos después, aún sigue con polémica. Si uno echa un vistazo a los medios de comunicación buscando declaraciones sobre expertos e interesados en la materia sobre al Andalus caerá en la cuenta de que hay dos posturas enfrentadas: por un lado quienes afirman la reconquista como tal y por otros quienes rechazan el término. El diario de burgos reza con un titular “La reconquista es un mito”[2] y a continuación dice “El catedrático de Historia Medieval Javier Peña desmonta la Reconquista en su estudio de ingreso en la Academia Fernán González. “Jamás se habló de ella en la Edad Medie ni en la Moderna, sólo a partir del siglo XIX”. Enfrentado a este titular encontramos una entrevista del ABC con el titular “Negar que los musulmanes conquistaron la Península Ibérica es un disparate” [3]

   Este debate ha dado y dará que hablar puesto que estas dos posturas enfrentadas con posiciones tan contrapuestas no parecen alcanzar un punto común en tanto en cuanto a la visión historicista respecta.

[1] Ortega y Gasset. España invertebrada. Alianza Editorial, 2006. Pp 75

[2] R. Pérez Narredo. Diario de Burgos, sábado, 2 de noviembre de 2013.

[3] Alejandro García Sanjuan, Diario ABC, 10 de diciembre de 2015.

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