La escritora tras la sombra

El nombre de María de la O Lejárraga es una dolorosa historia de silencio y es justo que se rescate su nombre de las sombras. Detrás del nombre Gregorio Martínez Sierra, se ocultó María, recluida en la soledad de las cuatro paredes donde fuera de todo elogio escribía las obras que llevaron el nombre de su marido.

Fue una de las autoras más prolíficas. Escribió más de 90 obras poéticas, libros de ensayo político, cultivo la prosa, el guión y, sobre todo, el teatro. Se rodeo de personas como Álvarez Quintero o Arniches, e incluso fundó una revista con Juan Ramón Jiménez. Fue nombrada secretaria española de la Alianza Internacional del Sufragio de la Mujer. Desarrolló una intensa actividad como directora de la Unión de Mujeres Españolas. Desempeño funciones como diputada del PSOE en la Segunda República y fue una firme defensora de los derechos de las mujeres. Por justicia y responsabilidad moral, nuestro tiempo debe curar los olvidos.

¿Por qué una persona con este perfil tuvo que esconderse tras el nombre de su marido? Dos fueron los motivos principales. Tras la publicación de su obra Cuentos Breves, provocó el enfado de su familia. Por otro lado, era maestra y para ejercer aquel oficio, considerado como muy respetable y honorable, tenía que firmar un contrato por el que renunciaba a firmar como autora las obras que escribiese. Los dramaturgos son personas que tienen que relacionarse con la farándula y no estaba bien visto la entrada de las mujeres en ese mundo. Es más, María no disfrutaba aquella faceta del teatro, lo disfrutaba más Gregorio, que como relaciones públicas no tenía igual.

El matrimonio en su casa de Madrid.

El día que Gregorio Martínez se enamoró de la actriz Catalina Bárcena marcaría un antes y un después en la vida de la escritora. Pese a la ruptura del matrimonio, María siguió escribiendo obras que firmaba su marido como autor.

En 1947, con la muerte de Gregorio, Katia Martinez Bárcena, hija de Gregorio y Catalina, exigió a María los derechos de autor de su padre. Por aquel entonces, María vivía con escasos recursos en el exilio. Tras la ruptura, en 1930, Gregorio firmó un documento privado en el que reconocía a María como coautora todas las obras, pero no renunciaba a los derechos de autor, que se traspasaron a Katia. Desde entonces empezó a publicar con su nombre, pero aún escondida tras los apellidos de su exmarido: María Martínez Sierra.

En sus memorias, Gregorio y yo, relató cómo fue aquella colaboración con su exmarido. Aun con reparos, en aquella obra rompe su silencio para salir de las sombras.

La anécdota de Walt Disney y María Lejárraga

Bien es cierto que sobre esta anécdota no hay una base sólida que confirme que fuese así, pero forma parte de la historia de María Lejárraga.

La escritora ya se encontraba en el exilio. En 1951, la traductora de María, Collice Portnoff, envió a Walt Disney el manuscrito de Merlín y Viviana, una historia donde un perro que se enamora de una gata muy coqueta. El manuscrito estuvo durante cuatro meses en las manos del famoso caricaturista, pero lo rechazo con la excusa de que no aceptaban guiones no solicitados. La sorpresa de María llegó en 1955, cuatro años después, cuando la marca Disney estrena la historia de La dama y el vagabundo. Los paralelismos con la historia de María ponían bajo sospecha de plagio a Walt Disney, pero, según le contó a su traductora, «esta vez no quise protestas, ¿para qué?».

La versión de los autores de La dama y el vagabundo es que el proyecto comenzó a gestarse mucho antes de que enviase María el manuscrito, además de que no ven ningún parecido entre las dos obras.

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