La poesía báquica en al-Andalus

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   El origen de la poesía arábiga se pierde en los orígenes de la civilización árabe. Para acercarnos al comienzo hay que ir hasta un periodo de la historia de la cultura árabe conocido como al-yahiliyya (Ignorancia). Se conoce a este periodo así por ser una época anterior a la revelación de Muhammad. La complejidad de la poética árabe alcanzó tal grado que con la unificación de todas las tribus árabes la poesía ya contaba con unos cuadros, géneros y versos.

   Una característica fundamental de la cultura islámica es que su piedra angular gira en torno a la lectura y el aprendizaje del Corán. De esta forma se puede afirmar de la cultura árabe sin temor a equivocarse que está basada en la lingüística. Desde que son niños leen y memorizan el Corán e incluso, sobre todo en el periodo de al-Andalus, se les enseñaba la lengua árabe.

   El género literario por excelencia era la poesía, se cultivaba con gran profusión en el mundo árabe. Cuando los árabes se unificaron bajo la religión del Islam, la poesía, pese a ser una práctica común en el periodo de al-yahiliyya, se adoptó en la cultura islámica. Gracias a ello, con la llegada de los árabes a la península ibérica, la poesía árabe se estudió, se practicó y se profeso gran admiración en al-Andalus. El grado de admiración por la poética fue tal que daba igual ser un campesino o un príncipe. Todos sin distinción de clase practicaban la poesía, se aprendía antes a recitar poesía que a leer, incluso se dio el caso de grandes poetas que no sabían leer, o incluso de poetas que eran ciegos, como al-A’ma al-Tufili.

   La poesía andalusí se aproximó mucho al estilo geórgico de la Grecia y la Roma clásica. Su estilo fue bucólico, la representación de la naturaleza era muy frecuente, gracias sobre todo a las aportaciones que hicieron los poetas campesinos a la poesía como Ibn Ammar, Ibn Muqara o Ibn Saraf. Del mismo modo, las altas clases de la sociedad practicaban la poesía, llegando a ser poetas muy conocidos como fue el rey al-Mutasim, su hija Umm al-Kiram o Nazhun. Y si se daba el caso de que el rey no era poeta, acogía en el seno de la corte a los poetas más importantes de la época y los apoyaban, a cambio de alguna poesía llena de alabanzas al rey.

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   Dentro de la poesía árabe se practicó un género que puede resultar muy curioso si se es consciente de las prácticas musulmanas y fue la poesía báquica. Respecto a al vino en el Corán se da una controversia. Como sabemos las bebidas alcohólicas están consideradas “haram” ilícitas, pero en el Corán se da una contradicción:

   «Oh vosotros los creyentes. En verdad, el vino, los juegos de azar, las estatuas, las flechas adivinatorias, son sólo una abominación de Satanás»

   Por otro lado, en la sura XVI, aleya 67-71, Muhammad señala que el agua, la leche, las bebidas embriagantes, el alimento sacado de la vid y la palma, y la miel de las abejas, son beneficios otorgados por Dios. Esta controversia puso en desacuerdo a las diferentes escuelas jurídicas islámicas, llegando algunas a considerar ilícito el vino y otras como una bebida lícita. Sea como fuere, en al-Andalus se bebía vino y hay que tener en cuenta que el vino de la Península era de gran calidad y muy famosos incluso antes de la llegada de los musulmanes. Algunos califas intentaron acabar con el vino en al-Andalus prohibiendo las plantaciones de viñas, pero hay que tener en cuenta que en al-Andalus no sólo estaba el Islam, sino también el judaísmo y el cristianismo, y los cristianos hicieron imposible la prohibición de las viñas.

   Por ello en el seno de la cultura árabe andalusí se vio la luz la poesía báquica. Entre los poetas encontramos a Ibn Shuhayd, natural de Córdoba, que escribió un poema llamado “Vino del monasterio”:

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«Cuántas veces en la taberna del monasterio he
bebido el vino de la juventud con los
más puros vinos.
entre jóvenes que toman los odres como
Reclinatorio, empequeñeciéndose ante el superior,
que, dirigiéndose a mí con su mirada y con
sus manos me inclina la cabeza para echarme un
buen trago.
toca la campana su oración y su
repicante sonido me hace abrir los ojos.
Nos servían el vino vestidos de azafrán, como
Gacelas a las que ruboriza la mirada de su guardián».

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   Puede dar la sensación de que el vino corría por al-Andalus sin ningún control, pero pese a que algunos practicaban de forma relaja el Islam, otros eran muy rigurosos y algunos califas llegaron a castigar el consumo de vino con la pena de muerte o con una multa muy elevada. Con el paso del tiempo esta pena fue transformándose en un impuesto que constituyó una de las fuentes de ingresos más importantes para las arcas del Estado.

   Sea como fuere, gracias a la poesía báquica podemos conocer detalles de la época. Poetas importantes como al-Gazal, dice en su poesía:

«Cunado vi a los demás compañeros sin
Vino, cogí el odre y corté mi canción.
Me fui a la taberna y llamé a su dueño
Que, sobresaltado acudió a mi llamada.»

   El vino adquirió un símbolo iniciático en otras tradiciones como fue en la griega, cristiana, hebra o china. En el Islam ocurre lo mismo, salvo que adquiere dos interpretaciones, una más terrenal que únicamente sirve al goce profano y otra interpretación más mística en donde la embriaguez se concibe como una aproximación a Dios. Para los iniciados en la mística sufí el vino representaba el amor, el deseo y la embriaguez espiritual. En algunos versículos podemos leer «Su Señor les hará beber una bebida pura», entendiendo como bebida al vino, o en otro versículo se puede leer «Se les dará de beber un vino perfumado y sellado.»

   La poesía del periodo andalusí es una fuente muy rica de gran belleza poética y literaria. La literatura que se dio en la Península con la cultura árabe es digna de admirar, y la literatura sólo se admira de una forma: leyéndola.

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“Cuantas veces pedí vino a una hermosa moza
Y ella muy generosa me ofrecía vino y rosas
Pasaba la noche libando el licor de tus labios
Y cogiendo rosa tras rosa de sus rojas mejillas”

Ibn Zaydun

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Envuelta en el denso velo
de la tenebrosa noche,
vino en sueños a buscarme
la gacela de los bosques.
Vi el rubor que en sus mejillas
celeste púrpura pone,
besé sus negros cabellos,
que por la espalda descoge,
y el vino aromoso y puro
de nuestros dulces amores,
como en limpio, intacto cáliz,
bebí en sus labios entonces.
La sombra, rápida huyendo,
en el Occidente hundióse,
y con túnica flotante,
cercada de resplandores,
salió la risueña aurora
a dar gozo y luz al orbe.
En perlas vertió el rocío,
que de las sedientas flores
el lindo seno entreabierto
ansiosamente recoge;
Rosas y jazmines daban
en pago ricos olores.
Mas para ti y para mí,
¡oh gacela de los montes!,
¿qué más rocío que el llanto
que de nuestros ojos corre?

Ibn Jafaja

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Cuando el manto de la noche
se extiende sobre la tierra,
del más oloroso vino
brindo una copa a mi bella.
Como talabarte cae
sobre mí su cabellera,
y como el guerrero toma
la limpia espada en la diestra,
enlazo yo su garganta,
que a la del cisne asemeja.
Pero al ver que ya reclina,
fatigada, la cabeza,
suavemente separo
el brazo con que me estrecha,
y pongo sobre mi pecho
su sien, para que allí duerma.
¡Ay! El corazón dichoso
me late con mucha fuerza.
¡Cuán intranquila almohada!
No podrá dormir en ella.

Ibn Baqi

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Más que el vino que escancia,
vierte rica fragancia
la bella escanciadora,
y más que el vino brilla en su tersa mejilla
el carmín de la aurora.
Pica, es dulce y agrada
más que el vino su beso
y el vino y su mirada
hacen perder el seso.

Umayya Ibn Abu-as-Salt

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