Me tomaré un café en Huesca

La historia de la Guerra Civil Española es la historia de aquellos que la vivieron. Muchas son las historias que hay detrás de las personas que les tocó vivir el horror de una guerra fratricida, y el eco de una de esas historias resuena repitiendo: «Si alguna vez regreso a España, me tomaré un café en Huesca».

¿Quién podría haber dicho una frase así? En el frente de Aragón, en un pueblo llamado Alcubiere, en la Provincia de Huesca, un soldado inglés fue el autor.

En la imagen podemos ver a dos de los protagonistas de la historia: Harry Milton, fotógrafo americano y miembro de POUM; y Eric Blair, más conocido como George Orwell, el autor de la frase.

El frente que vivió George Orwell en Aragón fue muy duro, solitario y frio; tenían al enemigo muy cerca, pero no era posible llegar a ellos y en las noches con cielo abierto podían ver en el horizonte las luces de la ciudad de Zaragoza. Cada día era una agónica espera del ataque que harían los sublevados contra su posición.

Uno de esos ataques sería el 20 de mayo de 1937. En ese día George Orwell viviría en sus carnes el fuego de la guerra. Su compañero Harry Milon contó en una entrevista con un periodista californiano que el autor del libro «1984» era un hombre muy temerario en la trinchera. Era habitual verlo asomarse por encima de los muros de su posición, y su estatura no ayudaba a pasar desapercibido. Harry Miltón relató en aquella entrevista lo que le sucedió a George Orwell:

«Durante la ofensiva, parapetado tras el muro de la trinchera escuché las ráfagas que producían las balas. George Orwell estaba muy cerca de mi posición y pude ver lo que le sucedió. Tras asomarse sobre el muro volví a escuchar el sonido de las ráfagas de las balas, pero esta vez vi a Orwell caer de espaldas al suelo».

Una de las balas impactó en el cuello de Orwell, rozando la arteria principal. La bala le había atravesado el cuello y, gracias a esos pocos milímetros, George Orwell pudo ser el gran escritor que llegó a ser. Harry Milton acudió a ayudar al escritor aplicándole los primeros auxilios, hasta que por fín pudieron llevarse a Orwell a un hospital.

El propio Orwell narra en «Homenaje a Cataluña» aquel episodio:

El centinela norteamericano con quien había estado hablando se abalanzó sobre mí: «Cielos, ¿estás herido?». Otros milicianos se acercaron y se produjo el alboroto habitual. «¡Levantadlo! ¿Dónde está herido? ¡Abridle la camisa!», etcétera, etcétera. El norteamericano pidió un cuchillo para cortarme la camisa. Yo sabía que el mío estaba en  uno de mis bolsillos y traté de sacarlo, pero descubrí que tenía el brazo derecho paralizado[…] Justo en ese momento se me ocurrió preguntarle dónde estaba herido y de qué gravedad; no sentía nada, pero tenía conciencia de que la bala me había golpeado en alguna parte frontal del cuerpo. Cuando traté de hablar, comprobé que carecía de voz, sólo proferí un débil quejido, pero al segundo intento logré preguntar dónde estaba herido. Me dijeron que en la garganta.»

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