Nawal al-Saadawi: la escritora que luchó contra el sistema.

El feminismo en Egipto tiene un nombre escrito con letras de oro en el libro de la historia: Nawal al-Saadawi. La vida de la escritora egipcia más importante de la historia del Egipto moderno no fue nada fácil, pero gracias a su fortaleza y sus convicciones, nunca dejó de luchar en una sociedad que le decía «detente» mientras ella seguía hacia adelante.

Ahora los vientos de Oriente arrastran el eco del nombre de Nawal al-Saadawi hasta las costas de todo el mundo y su historia merece ser escuchada.

El 27 de octubre de 1931, en la aldea de Kafr Tahl, provincia de Qalyubia, nace Nawal al-Saadawi. Egipto es un país con muchos contrastes, sobre todo entre las ciudades grandes y los pueblos de provincias. Las ciudades, debido a la influencia de los europeos y del turismo, ha cambiado su estilo de vida, alejándose del Egipto tradicional; pero en aquellas provincias donde no van los turistas, sigue vivo un Egipto centenario y la sociedad ultra conservadora y patriarcal continua.

En un entorno como aquel, la figura más importante y el referente más cercano que tendría la joven Nawal al-Saadawi sería su propia madre, Zaynab Hamen. Se crió en una familia acomodada y fue educada en una escuela francesa. Convencida en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, creyó siempre en la educación de la mujer y estuvo muy preocupada porque su hija recibiese la misma educación que sus hermanos.

La infancia y la juventud de la escritora estuvo marcada por el sistema tribal y conservador. A los 6 años de edad, Nawal al-Saadawi  sufrió una atrocidad que marcaría su vida y su carrera profesional: la ablación del clítoris; con 16 años acabó casada con un hombre que le sacaba 15 años. Tiempo después, en una entrevista dijo sobre su mutilación genital:

«Lo considerábamos algo natural, no se nos pasaba por la cabeza que pudiera no practicarse. […] yo no he tenido vida sexual».

Gracias a la insistencia de su madre, acabó estudiando la carrera de medicina en la Universidad de El Cairo, donde se licenció en psiquiatría en 1955. Acabado sus estudios, volvió a su pueblo natal para trabajar. Una vez allí, con una visión más madura y global, observo las dificultades, las injusticias y las desigualdades a las que se tenían que enfrentar las mujeres que vivían en el entorno rural. Aquello marcó un antes y un después en su vida. Se juró a sí misma que lucharía por una igualdad real entre hombres y mujeres.

En 1957 publicó una de las obras más influyentes de su carrera como escritora: Memorias de una doctora. Causó un gran revuelo, no solo en Egipto, sino en todo el mundo árabe. En ella describe la realidad de las mujeres en el mundo árabe y, sobre todo, en el mundo rural. Los años siguientes los dedicó a trabajar en el Hospital Universitario, y acabó sus estudios de Salud Pública en la Universidad de Columbia; fue Directora General en el Departamento de Educación Sanitaria en el Ministerio de Sanidad de El Cairo y secretaria General de la Asociación Médica en El Cairo.

El año 1970 fue uno de los más críticos de su vida. El presidente Gamal Abdel Nasser falleció y le sustituye en el poder Anwar al-Sadat en septiembre de 1971. Con el nuevo gobierno, Nawal al-Saadawi vivió muchas dificultades. Su obra Woman and Sex (La mujer y el sexo) fue censurada ya que el sexo en Egipto es un tema que se considera tabú, incluso en la actualidad. Aquella obra le costó su cargo en el Ministerio de Sanidad, en la Asociación Médica y en la revista de medicina de la A.M., en donde era redactora jefa.

Se volvió muy incómoda para el nuevo gobierno y la fuerzas del estado decidieron actuar en consecuencia censurando su voz. La incluyeron en la lista negra tras opinar sobre la situación de las mujeres en una conferencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Ain Shams, en El Cairo.

El gobierno actuó con una censura cada vez más férrea y para evitarla, se exilió en Líbano, donde continuo con su carrera. Lejos de estancarse, durante su exilio, formó parte del Consejo Supremo de Artes y Ciencias Sociales de El Cairo como escritora; trabajó en la investigación de la neurosis en las mujeres en la Universidad de Ain Shams, que culminó con la publicación del estudio Mujeres y Neurosis; fundó la Asociación Africana y el Desarrollo de las Mujeres, y fue nombrada consejera de las Naciones Unidas para las mujeres de África y Oriente Medio.

Su experiencia en las Naciones Unidas no fue como ella esperaba y criticó a la organización: «La organización de las Naciones Unidas no es distinta del aparato estatal, y que los expertos que trabajan para las Naciones Unidas están tan preocupados por su sueldo mensual como los funcionarios públicos. Es más, las Naciones Unidas están dirigidas por hombres de las clases altas y las naciones ricas del Primer Mundo, y las mujeres del Tercer Mundo son relegadas a los escalones jerárquicos inferiores».
Memorias de la cárcel, p. 14.

En 1980 vuelve a su hogar, Egipto. Allí continuó con su trabajo literario y se centró durante el primer año en escribir. Un año después volvió al activismo. Junto con otros egipcios se opuso al gobierno y a la firma del Acuerdo de Paz de Camp David:

«Fui arrestada porque creí en Sadat. Él dijo que había democracia y que teníamos un sistema de multipartidos, y tú podías criticar. Entonces, yo empecé a criticar su política, y aterricé en la cárcel».

Su detención, como diría años más tarde, estuvo llena de irregularidades. Sin una orden judicial, asaltaron su casa y la sacaron a punta de pistola, sin ningún amparo legal. Ya detenida, acabó en la prisión de mujeres. Las reclusas tenían prohibido el acceso al papel y el lápiz, pero Nawal se las ingenió para poder escribir. Uso el papel higiénico y el lápiz de ojos de una prostituta para tomar notas y hacer borradores de lo que sería su obra más importante: Memorias de la cárcel. En la única vista que tuvo ante un tribunal, fue acusada de atacar al gobierno, instigar a los estudiantes a la rebelión y a la revolución, filias a los sentimientos marxistas y oposición violenta al tratado de Camp David.

Su liberación no se produjo hasta la muerte de Anwar al-Sadat, el 6 de octubre de 1981, dos meses después de ingresar en prisión. Bajo el gobierno de Hosni Mubarak, Nawal informó de su situación por carta al mismo presidente. Mubarak la recibió el 25 de noviembre de 1981 y, tras la cita con el presidente, quedó en libertad.

Con todo ello, su activismo no cesó y fundó la Asociación Solidaria de Mujeres Árabes. Durante nueve años ayudó a las mujeres, pero el régimen egipcio acabó clausurando la asociación y cerró la revista Noon. Pese a todo, Nawal al-Saadawi no se rindió y fundo en 1983 la Asociación Árabe para los Derechos Humanos. Su popularidad cada vez era mayor entre la clase media y baja, sobre todo entre las mujeres de las zonas rurales, pero a su vez, la censura era cada vez más fuerte. Se ganó la enemistad de un grupo terrorista que en 1992 la amenazó con matarla. Su vida corría peligro, así que se exilió de nuevo, esta vez a Estados Unidos, donde trabajó como profesora en diferentes universidades.

El Egipto que dejó atrás no era el Egipto que ella deseaba para las generaciones futuras y siempre tuvo presente su promesa de cambiar el destino de las mujeres egipcias. Tres años después de su exilio en Estados Unidos, regresa a su tierra. Hasta la actualidad, sigue luchando por los derechos de la mujer, por la libertad de prensa y de pensamiento. Uno de los últimos actos más sonados fue su presentación para la candidatura a la presidencia de Egipto en 2005. Era consciente de que no ganaría las elecciones pero el simple hecho de presentarse ya suponía una victoria. Su arma sigue siendo la literatura y su voz. Contra toda censura y contra toda amenaza, sigue luchando. Su vida se ha convertido en un ejemplo que inspira cada día a más mujeres egipcias a luchar por la igualdad y la justicia entre hombres y mujeres.

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