• El Pato Donald era nazi

    [vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”La historia”][vc_column_text]

       ¿Quién no recuerda el oscuro pasado del Pato Donald cuando se unió al bando nacional-socialista? Así es, el Pato Donald era nazi, pero no es lo que ustedes creen que es. Der Fuehrer’s Face es un cortometraje americano producido por la compañía Walt Disney Productions, publicado en el año 1943 por RKO Radio Pictures.

       El fin del cortometraje era vender bonos de guerra, siendo un gran ejemplo de propaganda en donde mezclaba la inocencia de los dibujos animados con el horror de la Alemania Nazi. El corto fue dirigido por el director Jack Kinney y escrito por Joe Grant. La canción de la película, compuesta por Oliver Wallace, se popularizo en la época, y fue usada para caricaturizar la imagen de Hitler y su régimen.

       El corto ganó los premios de la Academia al Mejor Cortometraje de Animación, siendo la única película en donde el Pato Donald en solitario recibe un premio. Años más tarde, en 1994, se posicionó en el puesto 22 de la lista “Los 50 mejores dibujos animados”. La película por el contrario no fue muy divulgada debido a que aparece el propio Pato Donald como un nazi, y su espíritu propagandístico se alejaba de la línea que quería mantener Walt Disney.

    [/vc_column_text][vc_custom_heading text=”Argumento”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

     El Pato Donald despierta un día en Nutzi Land, que fonéticamente se parece mucho a Nazi Land pero que se traduce como Tierra de Locos. A primera hora de la mañana, para despertar a los habitantes de Nutzi Land, una banda de música nazi toca Fuehrer’s Face. La banda se compone por caricaturas de Hideki Tojo, Göring, Goebbels y Mussolini. En la canción defiende la superioridad de la raza aria y se muestran orgullosos de hacer el saludo nazi.

       La banda de música despierta a Donald. En esta escena se muestra la precariedad de la vida de los alemanes, viendo cómo Donald moja un grano de café en agua hirviendo, y en donde corta una rebanada de pan dura.  Mientras se toma su desayuno le ponen un ejemplar del Mein kampf para que lo lea. Esa escena resume muy bien la precariedad y el adoctrinamiento nazi.

       Tras un precario desayuno, Donald es llevado a la fuerza a su trabajo en una fábrica donde montan obúses. Algunas espoletas traen consigo imágenes de Hitler, así que Donald se ve obligado a hacer el saludo cada vez que ve una imagen de Hitler. El trabajo se muestra agotador y el único descanso que tiene es hacer gimnasia mientras saluda la imagen de Hitler. Cuando vuelve a su trabajo el caos estalla, se le acumula los proyectiles y las imágenes de Hitler, volviéndose loco, hasta que finalmente despierta de la pesadilla en una cama en Estados Unidos. Al notar que todo ha sido una horrible pesadilla se acerca a la Estatua de la Libertad y la abraza con fervor, sintiéndose orgulloso de ser un ciudadano de Estados Unidos.

       La última escena es la más simbólica, en la que aparece una caricatura de Hitler a la que se le arroja un tomate.

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  • Kafka, una niña y su muñeca

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       Aún hoy en día el parque conserva el verdor y las sendas que discurren entre bancos pintados de rojo. Fue allí donde un día del año 1923 sucedió una historia de Kafka, una niña y su muñeca. Mientras Kafka y su mujer Dora Diamant paseaban por el parque Steglitz, en Berlín, se encontraron con una niña que lloraba sin consuelo porque su muñeca se había perdido. El escritor de “La Metamorfosis”, se acercó a la niña y le dijo «Tu muñeca no se ha perdido, querida. Se ha ido de viaje.»

       La niña insistió al escritor y le preguntó cómo era posible que él supiese eso.  Kafka, sin dudarlo un segundo, le respondió que su muñeca le había enviado una carta, pero que por desgracia no la llevaba consigo en ese momento. El escritor le prometió que si al día siguiente ella volvía por el parque a esa hora, él le llevaría la carta.

       Así fue como Kafka se convirtió en el cartero que llevaba la correspondencia de la muñeca a su amiga. Durante tres semanas mantuvo ilusionanda a la niña, escribiendo para ellas las cartas en nombre de la muñeca. Cada día le llevaba una carta diferente, enviada desde diferentes países del mundo: Londres, Paris incluso Berlín. Kafka se las leía en voz alta, y así la niña mantuvo la ilusión, hasta que llegó la última carta. En esa última carta la muñeca le contaba que contraía matrimonio y «Tu misma comprenderás que en el futuro tendremos que renunciar a volver a vernos».

       La niña en ese momento ya era otra, por lo que no le resulto difícil despedirse de la muñeca.

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    ¿Real o ficción?

       Es muy probable que nunca ocurriese pero ¿qué más da? Lo importante de esta historia no es si es real o ficticia, sino lo que encierra detrás de la misma. Kafka nos enseña que es posible reparar una pérdida poniendo palabras donde sólo había ausencia.

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  • Los Códice Madrid I-II

    España puede sentirse orgullosa de tener entre sus tomos uno de los mayores tesoros de la cultura europea. La Biblioteca Nacional de Madrid tiene entre sus tomos los Códice Madrid I-II. ¿Cómo han llegado a España? La desinformación, el desinterés y la casualidad, quisieron que contásemos con dos tomos de un valor cultural incalculable.

    Uno de los mayores méritos que ha tenido Leonardo da Vinci es que ha legado a la humanidad una cultura de un valor incalculable. Sus trabajos en el mundo de la ciencia y la ingeniería, además de las artes humanísticas como la pintura, escultura, escritura, botánica, filosofía, música y urbanismo fueron muy avanzados para su época. Por desgracia, tras su muerte, todos sus manuscritos fueron pasando de mano en mano, por lo que la cultura europea se vio muy poco beneficiada de las ideas del artista florentino.

    Es sabido que dejó por testamento que tras su muerte todos sus manuscritos fuesen heredados por su discípulo más fiel, Francesco Melzi, que le siguió en todo el peregrinaje que hizo Leonardo por Francia e Italia.

    ¿Cómo llegó entonces a dispersar tanto la obra del artista? Con la muerte de Francesco Melzi, quien conservó toda la obra en su casa de Vaprio d’Adda, toda la obra pasó a manos de su hijo Orazio Melzi. Este, al no ver ningún interés en la obra, la arrinconó en un granero.

    Lelio Gavardi, preceptor de los Melzi, se apoderó de los 13 cuadernos que tenía Orazio Melzi, y se los llevó a la Florencia, para ofrecérselos a los Médicis con la esperanza puesta en obtener una gran suma de dinero. Pero de forma inaudita, el consejero del Duque dijo “Nada de esto podría interesar a Vuestra Excelencia.” No pudiendo realizar la venta, y viendo que con ese material no haría fortuna, Gavardi le pidió a su amigo Ambrogio Mazzenta, que devolviera las obras a Orazio Melzi. Pero Orazio Melzi no cambió de parecer, y no renovó ningún interés por las obras, así que regaló las obras por las molestias a Mazzenta, quien escribió en sus memorias “se asombró de que me hubiera tomado tales molestias y me regaló los libros”.

    Fue en ese momento cuando entra en escena una persona importante para nuestra historia, Pompeo Leoni, quien trabajaba para la corte del rey Felipe II de España como escultor. Leoni mostró gran interés por los manuscritos y prometió protección y favores personales a cambio de que le cediesen una gran parte de la obra, así mismo consiguió 10 de los 13 cuadernos que Orazio Melzi regaló a Mazzenta.

    Pompeo Leoni, deseoso de dar una visión más atractiva a los documentos, desmembró varios cuadernos para reagrupar sus páginas en varios grandes volúmenes. Esta “restauración” modificó por completo los volúmenes, borrando todo rastro de la distribución original de Leonardo da Vinci.

    Unos pocos cuadernos fueron cedidos a  Felipe II, quedándose para sí gran parte del resto. Con su muerte estos pasaron a Polidoro Calchi, yerno y heredero de Leoni. Calchi se dedicó a vender los cuadernos. Sus compradores fueron el Conde Faleazzo Arconati; Thomas Howard, Conde Arundel.

    Los Códice Madrid I-II

    Con el descubrimiento de los dos manuscritos de Leonardo da Vinci en la Biblioteca Nacional de Madrid se abrió un nuevo capítulo en la historia del pensamiento y la obra de Leonardo da Vinci.

    Estos dos tomos reflejan el pensamiento y los estudios que Leonardo da Vinci realizó sobre el arte, la mecánica, la geometría, la hidrología, la anatomía, la meteorología y el vuelo de las aves. En sus estudios nos ofrece una visión de las dinámicas y las leyes que las rigen, además de una rica descripción de los elementos de la naturaliza.

    Los dos volúmenes han incrementado en unas 700 páginas, de un total de 6.000 que se conocen en la actualidad. Estos dos manuscritos se sitúan entre los años 1491 a 1505, los más fecundos de Leonardo.

    El Códice I es una obra homogénea en el contenido, en donde se habla exclusivamente de la mecánica. Por otra parte, el Códice II, trata sobre una gran variedad de temas, en su mayoría relacionados con el arte.

    El descubrimiento

    La casualidad y el destino son caprichosos. Un día como otro cualquiera del año 1967, Jules Piccus, experto en literatura castellana medieval en la Universidad de Massachusetts, mientras investigaba los cancioneros castellanos, preguntó en la biblioteca si entre los documentos había alguno que tuviese un salto entre varias signaturas, y un funcionario de la Biblioteca Nacional, inocentemente y con total desconocimiento le puso dos tomos sobre la mesa. Cuál sería la sorpresa y el asombro de Jules Piccus cuando en la página 9 vio esto:

    La noticia corrió como la pólvora llegando a los máximos expertos sobre Leonardo da Vinci. Fue Ladislao Reti, que por aquellos años era uno de los máximos expertos en la obra de Leonardo, quien en la sala de prensa del hotel Boston, confirmó la autenticidad de los mismos.

    Tras ello hubo un gran revuelo, y se exigió responsabilidades. Miguel Bordonau, quien por aquel entonces era el director de la Biblioteca Nacional, dio una rueda de prensa, intentando salir airoso, sin mucho éxito, de la avalancha de preguntas. En una de sus declaraciones afirmó que “no se trataba estrictamente de un descubrimiento, sino de un hallazgo afortunado”. Según el director, ya se sabía de la existencia de los manuscritos, sólo que estaban “traspapelados”. Al final, tanto el director de la biblioteca como el subdirector fueron cesados.

  • Los libros más vendidos

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    Los libros más vendidos

       A principios de este año el portal Wikipedia ha publicado la lista de los cien libros más vendidos de la historia, además de los criterios que ha tenido en cuenta a la hora de confeccionarla, cosa que se agradece dado que no siempre es recomendable usar Wikipedia porque es difícil saber quién está detrás de cada entrada.

    La web asegura que las cifras en las que se han basado son fiables e independientes de cualquiera que pudiese dar información subjetiva. De la lista han quedado fuera los cómics y los libros de texto. Además dejan claro que algunos títulos que suelen aparecer en otras listas han quedado fuera porque las fuentes no eran fiables, como por ejemplo “El Conde de Montecristo” o “Un cuento de Navidad”.

    Del mismo modo han excluido obras como “la Biblia”, “el Corán” o el “Libro Rojo”, de Mao ya que estas obras se venden mucho, pero no a título individual, sino institucional.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Los 10 libros más vendidos. “][vc_column_text]

    LibroAutorIdioma originalPrimera EdiciónVentas aproximadas
    Don Quijote de la ManchaMiguel de CervantesEspañol1612500 millones
    Historia de dos ciudadesCharles DickensInglés1859Más de 200 millones
    El Señor de los AnillosJ.R.R. TolkienInglés1954150 millones
    El PrincipitoAntoine de Saint-ExupéryFrancés1943140 millones
    El HobbitJ.R.R. TolkienInglés1937Más de 100 millones
    Sueño en el pabellón rojoCao XueqinChino1759-1791Más de 100 millones
    Triple representatividadJiang ZeminChino2001100 millones
    Diez negritosAgatha ChristieInglés1939100 millones
    Las aventuras de Alicia en el país de las maravillasLewis CarrolInglés1865Más de 100 millones
    El león, la bruja y el armario.C.S. LewisInglés195085 millones

    [/vc_column_text][vc_row_inner][vc_column_inner width=”3/4″][vc_column_text]Enlace a la entra de Wikipedia donde podrás consultar la lista de los cien libros más vendidos.[/vc_column_text][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]

  • España sufre una maldición

    [vc_row][vc_column][vc_column_text]

       España sufre un maldición y el remedio para ese maldición es la necesidad de desarrollar el patriotismo cultural y el espíritu crítico. Esa maldición se podría clasificar en las maldiciones de carácter histórico. En nuestro país, desde el enfrentamiento entre los visigodos hasta los debates políticos, no se califica al oponente como un adversario con quien debatir ideas, se considera un enemigo al que hay que apartar y acabar con el, sea como sea.

       Voy a usar un término que hoy en día ha perdido todo valor: patriota. Si, hay que ser patriota, pero patriota de los de verdad, no de los que el 6 de diciembre sale orgulloso a la calle ondeando su bandera al viento y luego llega a casa y absorbe toda la información a su alrededor sin filtro ninguno, no. Hay que ser patriotas de la cultura. El patriotismo cultural es aquel que su objetivo final es servir a los ciudadanos para hacerlos mejores.

       Hay una máxima que se cumple de forma inexorable: un pueblo educado es un pueblo libre, y un pueblo libre es más difícil de manipular por los demagogos, los hipócritas y los extremistas.

       Durante el siglo XVIII el pueblo cometía un delito del cual era inocente. La persona analfabeta era inculta y fanática, pero porque los medios de los que disponía no le permitían ser otra cosa, pero hoy en día, con los medios de los que disponemos no hay excusas. Somos culpables del delito.

       En aquellos siglos pasados teníamos dos elementos en España que frenaron nuestro avance hacia una sociedad más culta, más libre: el trono y el altar. Es cierto, ya que negarlo sería faltar a la verdad, que habían eclesiásticos progresistas y promotores de la ilustración, pero por otra parte está la Iglesia como institución, y ella puso freno a cualquier intento progresista.

       Uno de los mayores errores, en mi opinión, que cometimos como nación, y el cual le lleva a uno plantearse qué habría sido de España si no se hubiese cometido, es haber luchado contra el mal llamado “Pepe Botella, Jose Bonaparte”, para defender la monarquía borbónica. Defendimos el oscurantismo frente a la ilustración francesa. ¿Cuales habrían sido las consecuencias si llega a establecerse las luces en España?

       En otros países tuvieron sus ilustrados, personas que destacaron en el mundo de la ciencia, la literatura, la filosofía y la política, nosotros no los tuvimos. Las personas que querían establecer la ilustración y el progresismo no se atrevieron a destacar, pues el trono y el altar pesaba mucho sobre ellos.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Cultura y folclore “][vc_column_text]

       En la actualidad, como comentaba anteriormente, no tenemos los problemas que tenían en el siglo XVIII. El analfabeto que es inculto y extremista es culpable de ello. Actualmente disponemos de muchos medios como bibliotecas públicas, Internet, foros de cultura y cine, sin contar conque el trono y el altar no pesan como antes.

       ¿Cuál es el problema que tenemos pues? Ser ignorantes y confundir folclore con cultura. Se llama folclore al conjunto de tradiciones, leyendas, costumbres y creencias, mantenidos por la tradición. La cultura es el conjunto de conocimientos que permite desarrollar el juicio crítico. Hoy en día, un debate que está muy de moda, llamar a la tauromaquia “cultura”, es una barbaridad mayúscula. Forma parte del folclore porque la cultura es todo aquello que educa y ayuda a un individuo a ser mejor.

       La política por otro lado presenta el mayor de todos los problemas de la maldición que asola España. La política se ha superpuesto a todos los elementos de la sociedad, cuando la política debe ser una herramienta de la cultura. Hoy en día la política ha secuestrado la cultura, convirtiéndolo en un elemento al servicio del poder.

    Todos aquellos patriotas de la cultura que destacan en España son ninguneados, no ensalzados; silenciados, no escuchados, del mismo modo que ocurrió en el siglo XVIII, y hasta que los ciudadanos de España no sean conscientes de la maldición que nos asola, seguirá así, por los siglos de los siglos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Cambiar es posible”][vc_column_text]

       Cambiar es posible. Disponemos de todos los medios para hacerlo. Olvida lo que diga el resto, olvida lo que te digo pues es sólo mi opinión, lo que no sepas por ti mismo no lo sabes. El juicio heredado es un absurdo, el espíritu crítico es el motor que empuja a un individuo a desarrollarse, sólo así cada uno alcanzará sus propias conclusiones. Desarrolla el espíritu crítico y deja a un lado los discursos elocuentes, rimbombantes y bonitos, sólo son cantos de sirena elaborados con un fin oculto: ganar tu confianza.

       La cultura y el espíritu crítico salvarán a España de su maldición: renegar del patriotismo cultural. Esta es mi humilde opinión, que será errónea o acertada, eso que lo juzguen aquellos con espíritu crítico y que son patriotas de la cultura, porque yo no puedo hacerlo.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

  • Carta de Beethoven a Wegeler

    [vc_row][vc_column][vc_column_text]

       Una de las mayores ironías de la historia fue Beethoven y la sordera. El destino fatídico y la injusticia  para con el compositor no pudo ser mayor. Fue al comienzo de su carrera como compositor, tras presentar su Primera Sinfonía, cuando comenzó a presentar los primeros síntomas. Pese a ello, conforme evolucionaba su sordera también lo hacía sus composiciones. Cómo vivio el compositor su sordera lo sabemos gracias a una carta de Beethoven a Wegeler.

       El British Medical Journal, tras haber analizado algunas de sus composiciones, estudiando las notas, los registros y los instrumentos, concluyó que su sordera influyó en sus composiciones. En sus primeras composiciones usaba las notas más agudas, pero poco a poco fue dando paso al uso de las notas más bajas y medias, a medida que su sordera avanzaba.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

       No fue un acto inconsciente, Beethoven ya era consciente de la pérdida auditiva que sufría, y así quedó reflejado en una carta que envió en el año 1801 a su amigo, el médico Wegeler, cuando contaba con 21 años. En su carta quedó reflejada la angustia y la preocupación que asolaba al compositor a medida que perdía su sentido. El oído izquierdo fue el primero en verse afectado, para más tarde extenderse al oído derecho.

     

       Los amigos que tuvo Beethoven fueron consciente de ello y son varios los testimonios que tenemos que reflejan la preocupación que tuvieron con el compositor.

    [/vc_column_text][vc_column_text]   “…Debes saber que mi facultad más alta, mi oído, se ha visto grandemente deteriorada…”

    Carta a Karl Amenda 07 de 1801.[/vc_column_text][vc_column_text]

         …Por dos años, he evitado casi toda reunión social, porque me es imposible decirle a la gente “hable más fuerte, estoy sordo”…Si yo perteneciera a cualquier otra profesión esto sería más fácil, pero en la mía el hecho es algo aterrador…”

    Carta a Franz Gerhard Wegeler 06 de 1801

    [/vc_column_text][vc_column_text]

       En el teatro tengo que estar muy cerca de la orquesta para entender a los intérpretes y desde lejos no escucho las notas más altas de los instrumentos y las voces de los cantantes. A veces también me cuesta escuchar a las personas que hablan en voz baja. El sonido que se oye es cierto, pero no las palabras. Y, sin embargo, si alguien grita no puedo soportarlo

    Carta a Franz Gerhard Wegeler 06 de 1801

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_custom_heading text=”¿Cómo influyó su sordera en sus composiciones? “][vc_column_text]

       Cuando rondaba los 42 años había que dirigirse a él en voz alta, incluso se vio en la necesidad de tener que usar unas trompetillas para poder escuchar mejor, pero la sordera fue incrementándose, y se vio en la necesidad de tener que usar una libreta para comunicarse, su famoso Cuaderno de conversación.

       Hay una famosa anécdota en donde se cuenta cómo el director de orquesta, tras terminar de interpretar en mayo de 1824, en el teatro Kärntnertor, la 9ª sinfonía  hizo un gesto a su orquesta de desánimo, pues no percibió ninguna reacción del público. En ese momento, uno de los solistas se levantó y cogió del brazo a Beethoven, para que se girase, y cuando lo hizo vio a todo el teatro vienés en pie, pisoteando el suelo y aplaudiendo, ovacionando al compositor.

       Con 55 años su sordera fue total. Estando sordo desarrolló la capacidad de imaginar los sonidos en su mente y transcribirlos al papel. Las obras que compuso en su último periodo son de una complejidad asombrosa, tanto que los compositores actuales afirman que tocar una de sus últimas composiciones es equivalente a escalar el monte Everest sin oxígeno.

    [/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_column_text]


    Como dijo el genial compositor al presentir el final de sus días…

    ¡Aplaudid amigos, la función ha terminado!


    [/vc_column_text][vc_single_image source=”external_link” custom_src=”https://image.ibb.co/cBAs3b/19d606012d08c0dc4969ff5e900e8431.jpg”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Carta de Beethoven a Wegeler”][vc_column_text]

    Mi bueno y querido Wegeler:

    ¡Cuánto te agradezco tu recuerdo y qué poco he hecho para ser digno de él!; pero tú eres tan bueno que por nada te disgustas, ni siquiera por mi imperdonable negligencia. Eres siempre el fiel, leal y bondadoso amigo. Yo no creo pudiera olvidar nunca a vosotros, que tan cariñosos habéis sido para mí. Momentos hay, en los que cerca de vosotros suspiro y a vuestro lado quisiera encontrarme y permanecer algún tiempo en tan dulce compañía. El recuerdo de mi Patria, la visión de la comarca donde por primera vez vi la luz del mundo, está tan presente dentro de mí como el día que me separé de vosotros. El día que pueda saludar a nuestro padre el Rhin será uno de los más felices instantes de mi existencia. ¿Cuándo será esto? No puedo aún decíroslo. Al menos os anticipo que me encontrareis más grande, y no hablo del artista, sino del hombre, que os parecerá mejor, más cumplido, y si el bienestar de mi país no ha aumentado, mi arte debe consagrarse a mejorar la suerte de los humildes. Tendrás alguna curiosidad por saber algo de mi situación. Pues bien, esta no va muy mal. Desde el año pasado, Lichnowsky, aunque te sea difícil creerlo, se ha mostrado conmigo como un amigo afectuoso y hasta las pequeñas incidencias existentes entre nosotros le han dado firmeza a nuestra amistad. Me ha señalado una pensión de 600 florines, que podré gozar, entre tanto no encuentre una posición que me convenga. Mis obras que compongo me producen mucho. Bien pudiera decir que superan los pedidos a mi capacidad de producción. Para cada obra se me presentan ofertas halagüeñas de seis o siete editores y, a veces, más. Y ya no regatean conmigo, pido lo que me parece, y pagan sin protesta. Esto no puede ser más encantador. Porque, por ejemplo, si algún amigo se encuentra apurado y el estado de mi bolsillo no me permite ayudarle enseguida, me lanzo al papel de música y en un abrir y cerrar de ojos, libro de cavilaciones al necesitado. En cuanto a mí sigo tan económico como siempre. Por desgracia, este pícaro diablo de la poca salud ha venido a afligirme. Hace tres años que mi oído se ha debilitado poco a poco. La causa de ello debe ser mi afección gástrica, que ya me atormentaba hace tiempo, como sabes, y que ha ido de mal en peor; estoy constantemente con trastornos intestinales y, por tanto, muy débil. Frank intentó tonificarme con reconstituyentes y trató mi oído con aceite de almendras. Pero “prosit” de nada ha servido, de nada¸ mi oído ha empeorado cada vez más y mi vientre ha seguido como antes. Todo ha marchado así hasta este otoño que acaba de pasar, en el que con frecuencia fui presa de la desesperación. Un médico lerdo me aconsejó baños fríos; otro más prudente, baños tibios del Danubio que me dieron un maravilloso resultado: mejoró el vientre, pero mi oído siguió lo mismo o tal vez peor. Este invierno mi estado ha llegado a ser intolerable: cólicos terribles me atormentaban, y sufrí una recaída completa. Así he seguido hasta el mes último, en que fui a ver a Vering porque pensé que mi enfermedad era más bien cosa de cirujano y, además, porque siempre tuve confianza en él. Consiguió casi del todo cortar los trastornos gástricos y me dispensó baños tibios del Danubio, en los que derramaba un licor tonificante. Me encuentro mejor y más fuerte, y únicamente me queda este zumbido y bramido de oídos que no me deja día y noche. Arrastro una vida miserable. Desde hace dos años, huyo de todo trato, porque no voy a decir a la gente que soy sordo. Si yo me dedicara a otra cosa, todavía esto podría pasar; pero siendo músico mi situación es terrible. ¡Qué dirían mis múltiples enemigos! Voy a darte una idea de esta extraña sordera mía: en el teatro necesito ponerme al lado de la orquesta, para oír a los actores. No me es posible percibir los tonos altos de los instrumentos ni de las voces, si estoy alejado. Y es sorprendente que no hayan notado mi defecto muchas de las personas con quien hablo, pues como soy tan distraído, todo se lo achacan a eso. Si se habla bajo, oigo pero no comprendo, y, por otro lado no puedo tolerar los gritos. Sólo Dios sabe lo que puede suceder. Vering dice que mejoraré, sin duda alguna, y que tal vez me cure por completo. Maldigo con frecuencia de mi existencia… Plutarco me ha traído la resignación. Quiero, sin embargo, si es posible, desafiar mi destino; pero hay momentos en mi vida en que me considero la más miserable de las criaturas. Te suplico no digas de esto a nadie, ni siquiera a tu Lorchen; a ti te lo confieso en secreto. Me sería grato escribieras a Vering sobre este asunto. Si éste estado dura, en la primavera próxima iré a verte; me alquilarás en sitio bello una casa de campo y volveré a ser un campesino durante seis meses. Puede que esto me siente bien. ¡Qué refugio más triste este de la resignación! Y sin embargo, es lo único que me queda. (Perdóname que entremezcle mis zozobras con mis preocupaciones). Steffen Breuning está aquí actualmente y casi siempre estamos juntos. Con él evoco sentimientos del pasado. Está hecho un verdadero hombre de bien, que sabe alguna cosa y tiene el corazón en su lugar. Quiero también escribir a la bondadosa Leonor. Nunca he olvidado a ninguno de vosotros, queridos amigos: a pesar de que no haya dado señas de vida; nunca ha sido mi fuerte la escritura, y mis mejores amigos han estado años enteros sin recibir noticias mías. No vivo más que “en mis notas”, y apenas término una obra cuando tengo que empezar otra nueva. De la forma que trabajo en la actualidad, tengo que terminar siempre tres o cuatro cosas a la vez. Escríbeme muy a menudo, buscaré un ratito para corresponderte. Saluda a todo el mundo de parte mía. Adiós; adiós mi bueno y leal Wegeler. Está seguro del cariño de tu Beethoven.

    L.V.Beethoven

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