• El día que Hemingway mató a su gato

       Quienes conocen la figura del afamo escritor americano Ernest Hemingway sabrán que fue un amante absoluto de los gatos. Es muy común encontrar fotos antiguas del escritor posando junto con sus gatos. En Cayo Hueso, lo que fue su hogar, vivía junto con una veintena de gatos que habrían descendido de su primer gato, Snowball, un regalo de un capitán de barco en 1930. Su gato contaba con una particularidad, en sus patas tenía seis dedos, y lo puedes comprobar. Si vistas la casa museo de Hemingway podrás ver que algunos de los gatos que viven allí, casi medio centenar, comparten la misma mutación genética que Snowball.

       ¿Cómo era posible pues que alguien tan amante de los animales pudiese disparar, como él decía, a una «fábrica de ronroneo» y «esponjas de amor»? Lo explica en una carta que envió a Gianfranco Ivancich, un veneciano que conoció en 1949:

    “Querido Gianfranco:

    Justo cuando acabé de escribirte y mientras ponía la carta en el sobre Mary bajó de la Torre y dijo: “algo horrible le ha pasado a Willie”. Salí y encontré a Willie con sus dos patas derechas rotas: una por la cadera y la otra por debajo de la rodilla. Un coche debió de haberle pasado por encima o alguien lo había golpeado con un palo. Había vuelto a casa sobre las patas de un solo lado. Era una fractura múltiple con mucha suciedad en la herida y fragmentos sobresaliendo. Pero él ronroneaba y parecía seguro de que yo podría solucionarlo.

    Hice que René trajera un bol de leche para él y René lo sostuvo y lo acarició para que Willie estuviera bebiendo leche mientras yo le disparaba en la cabeza. No creo que sufriera y los nervios habían sido machacados así que las piernas no habían empezado a dolerle realmente. Monstruo quiso dispararle por mí, pero no podía delegar la responsabilidad o dejar una posibilidad de que Will supiera que alguien iba a matarlo.

    He tenido que disparar a gente, pero nunca a nadie que hubiera conocido y querido durante once años. Ni tampoco a nadie que ronroneara con dos piernas rotas”.

  • Seis poemas de Miguel Hernández

       Pese a su prematura muerte, nos legó una obra poética envidiable. La guerra nos arrebató  muchos jóvenes con talento, de un bando y de otro. Es un sentido homenaje recordar siempre a aquellos que fueron devorados por el fuego de la guerra. Estos son los seis poemas de Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que he querido destacar:

    Canción última

    Pintada, no vacía:
    pintada está mi casa
    del color de las grandes
    pasiones y desgracias.

    Regresará del llanto
    adonde fue llevada
    con su desierta mesa
    con su ruinosa cama.

    Florecerán los besos
    sobre las almohadas.
    Y en torno de los cuerpos
    elevará la sábana
    su intensa enredadera
    nocturna, perfumada.

    El odio se amortigua
    detrás de la ventana.

    Será la garra suave.

    Dejadme la esperanza.

    Vientos del pueblo me llevan

    Vientos del pueblo me llevan,
    vientos del pueblo me arrastran,
    me esparcen el corazón
    y me aventan la garganta.

    Los bueyes doblan la frente,
    impotentemente mansa,
    delante de los castigos:
    los leones la levantan
    y al mismo tiempo castigan
    con su clamorosa zarpa.

    No soy un de pueblo de bueyes,
    que soy de un pueblo que embargan
    yacimientos de leones,
    desfiladeros de águilas
    y cordilleras de toros
    con el orgullo en el asta.
    Nunca medraron los bueyes
    en los páramos de España.

    ¿Quién habló de echar un yugo
    sobre el cuello de esta raza?
    ¿Quién ha puesto al huracán
    jamás ni yugos ni trabas,
    ni quién al rayo detuvo
    prisionero en una jaula?

    Asturianos de braveza,
    vascos de piedra blindada,
    valencianos de alegría
    y castellanos de alma,
    labrados como la tierra
    y airosos como las alas;
    andaluces de relámpagos,
    nacidos entre guitarras
    y forjados en los yunques
    torrenciales de las lágrimas;
    extremeños de centeno,
    gallegos de lluvia y calma,
    catalanes de firmeza,
    aragoneses de casta,
    murcianos de dinamita
    frutalmente propagada,
    leoneses, navarros, dueños
    del hambre, el sudor y el hacha,
    reyes de la minería,
    señores de la labranza,
    hombres que entre las raíces,
    como raíces gallardas,
    vais de la vida a la muerte,
    vais de la nada a la nada:
    yugos os quieren poner
    gentes de la hierba mala,
    yugos que habéis de dejar
    rotos sobre sus espaldas.

    Crepúsculo de los bueyes
    está despuntando el alba.

    Los bueyes mueren vestidos
    de humildad y olor de cuadra;
    las águilas, los leones
    y los toros de arrogancia,
    y detrás de ellos, el cielo
    ni se enturbia ni se acaba.
    La agonía de los bueyes
    tiene pequeña la cara,
    la del animal varón
    toda la creación agranda.

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretados los dientes
    y decidida la barba.

    Cantando espero a la muerte,
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.

    Elegía

    (En Orihuela, su pueblo y el mío, se
    me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
    con quien tanto quería.)

    Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.

    Alimentando lluvias, caracolas
    y órganos mi dolor sin instrumento.
    a las desalentadas amapolas

    daré tu corazón por alimento.
    Tanto dolor se agrupa en mi costado,
    que por doler me duele hasta el aliento.

    Un manotazo duro, un golpe helado,
    un hachazo invisible y homicida,
    un empujón brutal te ha derribado.

    No hay extensión más grande que mi herida,
    lloro mi desventura y sus conjuntos
    y siento más tu muerte que mi vida.

    Ando sobre rastrojos de difuntos,
    y sin calor de nadie y sin consuelo
    voy de mi corazón a mis asuntos.

    Temprano levantó la muerte el vuelo,
    temprano madrugó la madrugada,
    temprano estás rodando por el suelo.

    No perdono a la muerte enamorada,
    no perdono a la vida desatenta,
    no perdono a la tierra ni a la nada.

    En mis manos levanto una tormenta
    de piedras, rayos y hachas estridentes
    sedienta de catástrofes y hambrienta.

    Quiero escarbar la tierra con los dientes,
    quiero apartar la tierra parte a parte
    a dentelladas secas y calientes.

    Quiero minar la tierra hasta encontrarte
    y besarte la noble calavera
    y desamordazarte y regresarte.

    Volverás a mi huerto y a mi higuera:
    por los altos andamios de las flores
    pajareará tu alma colmenera

    de angelicales ceras y labores.
    Volverás al arrullo de las rejas
    de los enamorados labradores.

    Alegrarás la sombra de mis cejas,
    y tu sangre se irán a cada lado
    disputando tu novia y las abejas.

    Tu corazón, ya terciopelo ajado,
    llama a un campo de almendras espumosas
    mi avariciosa voz de enamorado.

    A las aladas almas de las rosas
    del almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero.

    No quiso ser

    No conoció el encuentro
    del hombre y la mujer.
    El amoroso vello
    no pudo florecer.

    Detuvo sus sentidos
    negándose a saber
    y descendieron diáfanos
    ante el amanecer.

    Vio turbio su mañana
    y se quedó en su ayer.

    No quiso ser.

    Jornaleros

    Jornaleros que habéis cobrado en plomo
    sufrimientos, trabajos y dineros.
    Cuerpos de sometido y alto lomo:
    jornaleros.

    Españoles que España habéis ganado
    labrándola entre lluvias y entre soles.
    Rabadanes del hambre y el arado:
    españoles.

    Esta España que, nunca satisfecha
    de malograr la flor de la cizaña,
    de una cosecha pasa a otra cosecha:
    esta España.

    Poderoso homenaje a las encinas,
    homenaje del toro y el coloso,
    homenaje de páramos y minas
    poderoso.

    Esta España que habéis amamantado
    con sudores y empujes de montaña,
    codician los que nunca han cultivado
    esta España.

    ¿Dejaremos llevar cobardemente
    riquezas que han forjado nuestros remos?
    ¿Campos que ha humedecido nuestra frente
    dejaremos?

    Adelanta, español, una tormenta
    de martillos y hoces: ruge y canta.
    Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta
    adelanta.

    Los verdugos, ejemplo de tiranos,
    Hitler y Mussolini labran yugos.
    Sumid en un retrete de gusanos
    los verdugos.

    Ellos, ellos nos traen una cadena
    de cárceles, miserias y atropellos.
    ¿Quién España destruye y desordena?
    ¡Ellos!¡Ellos!

    Fuera, fuera, ladrones de naciones,
    guardianes de la cúpula banquera,
    cluecas del capital y sus doblones:
    ¡fuera, fuera!

    Arrojados seréis como basura
    de todas partes y de todos lados.
    No habrá para vosotros sepultura,
    arrojados.

    La saliva será vuestra mortaja,
    vuestro final la bota vengativa,
    y sólo os dará sombra, paz y caja
    la saliva.

    Jornaleros: España, loma a loma,
    es de gañanes, pobres y braceros.
    ¡No permitáis que el rico se la coma,
    jornaleros!

    Nanas de la cebolla

    La cebolla es escarcha
    cerrada y pobre:
    escarcha de tus días
    y de mis noches.
    Hambre y cebolla:
    hielo negro y escarcha
    grande y redonda.

    En la cuna del hambre
    mi niño estaba.
    Con sangre de cebolla
    se amamantaba.
    Pero tu sangre,
    escarchada de azúcar,
    cebolla y hambre.

    Una mujer morena,
    resuelta en luna,
    se derrama hilo a hilo
    sobre la cuna.
    Ríete, niño,
    que te tragas la luna
    cuando es preciso.

    Alondra de mi casa,
    ríete mucho.
    Es tu risa en los ojos
    la luz del mundo.
    Ríete tanto
    que en el alma al oírte,
    bata el espacio.

    Tu risa me hace libre,
    me pone alas.
    Soledades me quita,
    cárcel me arranca.
    Boca que vuela,
    corazón que en tus labios
    relampaguea.

    Es tu risa la espada
    más victoriosa.
    Vencedor de las flores
    y las alondras.
    Rival del sol.
    Porvenir de mis huesos
    y de mi amor.

    La carne aleteante,
    súbito el párpado,
    el vivir como nunca
    coloreado.
    ¡Cuánto jilguero
    se remonta, aletea,
    desde tu cuerpo!

    Desperté de ser niño.
    Nunca despiertes.
    Triste llevo la boca.
    Ríete siempre.
    Siempre en la cuna,
    defendiendo la risa
    pluma por pluma.

    Ser de vuelo tan alto,
    tan extendido,
    que tu carne parece
    cielo cernido.
    ¡Si yo pudiera
    remontarme al origen
    de tu carrera!

    Al octavo mes ríes
    con cinco azahares.
    Con cinco diminutas
    ferocidades.
    Con cinco dientes
    como cinco jazmines
    adolescentes.

    Frontera de los besos
    serán mañana,
    cuando en la dentadura
    sientas un arma.
    Sientas un fuego
    correr dientes abajo
    buscando el centro.

    Vuela niño en la doble
    luna del pecho.
    Él, triste de cebolla.
    Tú, satisfecho.
    No te derrumbes.
    No sepas lo que pasa
    ni lo que ocurre.

  • La reducción a lo absurdo

       Hay debates que no me entran en la cabeza. Últimamente las redes sociales no dejan de bombardear con mensajes acerca de la inmersión lingüística. De vez en cuando buceo entre los mensajes más destacados y uno no acaba de comprender exactamente dónde diantres está el problema. La tontuna fratricida que está viviendo España no tiene ningún sentido, ninguno. Con el tiempo he aprendido que cuando dos noticias rozan los extremos opuestos, la verdad se haya en la frontera que los separa. Ni sectarismo lingüístico ni desprecio a la lengua. Al final uno acaba percibiendo que la gente vive más en la “realidad” virtual, que en el mundo real. No se justifica un comentario una tarde con los amigos diciendo “esto es así porque yo lo he vivido”, sino que se justifica con “esto es así porque así lo he leído”.

    «Con el tiempo he aprendido que cuando dos noticias rozan los extremos opuestos, la verdad se haya en la frontera que los separa.»

       No voy a entrar a defender si en un sitio se aparta el castellano o si en otros sitios se aparta el catalán, el euskera, el gallego o el aranés, no lo voy a hacer porque eso es entrar en el debate absurdo. Lo que voy a defender es la cultura de todos. España es uno de los países más ricos a nivel cultural y más despreciado por sus ciudadanos. ¿Cómo hemos llegado a un punto en el que la cultura se desprecia de tal forma? Tendríamos que abanderar la diversidad lingüística como icono de nuestra patria. ¿Cuántos países pueden decir que entre sus fronteras se habla tantas lenguas diferentes? ¿Por qué no somos capaces de sentirnos orgullosos de lo que tenemos? Cuando leo que hay gente que desprecia el aranés, el gallego, el euskera, el catalán o el castellano, me estalla la cabeza.

       Somos ahora mismo nuestro mayor enemigo. Somos nuestra propia inquisición tratando de establecer una política discriminatoria basada en el argumento cero. Yo me eduqué en la escuela aprendiendo en un colegio de monjas coneixement del medi, matemàtiques, lengua, música, etc… alternando algunas en castellano y en valenciano, y no recuerdo que existiese un debate tan ridículo como el que se está dando hoy en día. Si en un territorio hay varias lenguas oficiales ¿Qué problema hay en aprenderlas? ¿Por qué una tiene que ser exclusiva de la otra?

    «no defiendo ninguna postura política, defiendo la cultura, sin distinción de raza, sexo, ideología política o creencias.»

       Sinceramente, creo que estamos llegando a un punto en donde cualquier aspecto de la vida, ya sea político, religioso o cultural se le está aplicando la reducción al absurdo. Los debates que se tratan, la forma en que se tratan, los argumentos que se aportan y el trato a quien piensa diferente evidencia la falta de madurez que estamos teniendo en España. Me siento identificado con el castellano, con el catalán, con el euskera, con el gallego y con el aranés. Me siento orgulloso de que en España todos tengamos una lengua común y que en algunas zonas del territorio se hable en una lengua propia. Me siento orgulloso de que haya gente que promueva el aprendizaje, que nuestro Instituto Cervantes, con presencia en muchos países del mundo, de cursos de lenguas como el euskera, el catalán o el castellano en países como China o Rusia.

       El día que dejemos de despreciar nuestra cultura y empecemos a sentirnos orgullos de nuestra identidad multicultural, seremos uno de los países más destacados por su cultura, por su historia, por sus lenguas. Tenemos algo que el dinero no puede comprar: una riqueza cultural envidiable. Ahora toca defender esa identidad.

       Como aclaración, no defiendo ninguna postura política, defiendo la cultura, sin distinción de raza, sexo, ideología política o creencias.

  • Seis poemas de Gustavo Adolfo Bécquer

    Seis grandes poemas de Gustavo Adolfo Bécquer

    Hoy se cumple 182 años del nacimiento del poeta Sevillano. Repasamos seis de sus mejores poemas.

       Se cumple 182 años del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer. Nació el 17 de febrero de 1836, y falleció el 22 de diciembre de 1870. Su vida está llena de luces y sombres, de rimas y leyendas, de amores y desamores. Tras 182 años de su nacimiento, repaso lo que considero sus 6 mejores poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

    Rima XIII

    Tu pupila es azul y cuando ríes
    su claridad suave me recuerda
    el trémulo fulgor de la mañana
    que en el mar se refleja.
    Tu pupila es azul y cuando lloras
    las trasparentes lágrimas en ella
    se me figuran gotas de rocío
    sobre una violeta.
    Tu pupila es azul y si en su fondo
    como un punto de luz radia una idea
    me parece en el cielo de la tarde
    una perdida estrella.

    Rima XXI

    ¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
    en mi pupila tu pupila azul,
    ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
    Poesía… eres tú.
    RIMA XXIII
    [A ella. No sé…]
    Por una mirada, un mundo;
    por una sonrisa, un cielo;
    por un beso… ¡Yo no sé
    qué te diera por un beso!

    Rima XXXV

    ¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día,
    me admiró tu cariño mucho más;
    porque lo que hay en mí que vale algo,
    eso… ni lo pudiste sospechar.

    Rima XXXVIII

    Los suspiros son aire y van al aire.
    Las lágrimas son agua y van al mar.
    Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
    ¿sabes tú adónde va?

    Rima XLIV

    Como en un libro abierto
    leo de tus pupilas en el fondo.
    ¿A qué fingir el labio
    risas que se desmienten con los ojos?
    ¡Llora! No te avergüences
    de confesar que me quisiste un poco.
    ¡Llora! Nadie nos mira.
    Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.

    Rima LIII

    Volverán las oscuras golondrinas
    en tu balcón sus nidos a colgar,
    y otra vez con el ala a sus cristales
    jugando llamarán.
    Pero aquellas que el vuelo refrenaban
    tu hermosura y mi dicha a contemplar,
    aquellas que aprendieron nuestros nombres…
    ¡esas… no volverán!.

    Volverán las tupidas madreselvas
    de tu jardín las tapias a escalar,
    y otra vez a la tarde aún más hermosas
    sus flores se abrirán.
    Pero aquellas, cuajadas de rocío
    cuyas gotas mirábamos temblar
    y caer como lágrimas del día…
    ¡esas… no volverán!

    Volverán del amor en tus oídos
    las palabras ardientes a sonar;
    tu corazón de su profundo sueño
    tal vez despertará.
    Pero mudo y absorto y de rodillas
    como se adora a Dios ante su altar, …
    como yo te he querido…; desengáñate,
    ¡así… no te querrán!

  • Escritores en el exilio

       Pocas cosas pueden superar lo triste que puede llegar a ser un conflicto armado fratricida. La Guerra Civil Española fue un conflicto duro, largo, lleno de penurias, del que salieron perdiendo la mayoría de los españoles. Tras 81 años desde que comenzó, aun hoy en día se pueden ver heridas que nunca llegaron a cerrar. Los viejos rencores siguen existiendo, y no hay voluntad para solucionarlos. Ahora, y a lo largo de la historia de España, el adversario ideológico ha sido visto como un enemigo al que hay que eliminar de la escena, y durante la Guerra Civil fue así.

    Todos los españoles tendremos siempre una deuda pendiente con Francia y sobre todo con Latinoamérica.

       Esa actitud intolerante frente al adversario ideológico, dada por los dos bandos, dio lugar a un fenómeno triste: el exilio de intelectuales. Entre esos intelectuales había escritores que, previendo que la guerra iba a ser ganada por los sublevados, decidieron irse de España, o no retornar. Aquellos que no pudieron marcharse terminaron siendo detenidos, como fue el caso de Miguel Hernández, que acabó muriendo en una celda; o bien acabaron en una fosa común, al borde de un camino, como fue el caso de Federico García Lorca.

       Todos los españoles tendremos siempre una deuda pendiente con Francia y sobre todo con Latinoamérica. Aquellos que pudieron exiliarse escogieron como destino al país vecino francés o algún país de Latinoamérica. Antonio Machado se marchó a Francia, acabando sus días en el exilio en el país vecino en el año 1939. Pedro Salinas fue sorprendido con el estallido de la Guerra Civil. En una primera etapa estuvo exiliado en Francia, pero terminaría por trasladarse a EEUU. Allí murió a causa de un cáncer en el año 1951, en la ciudad de Boston. La misma mala fortuna corrió Emilio Prados, quien jamás regresó a España, muriendo en su tierra adoptiva, México. Ramón Gómez de la Serna sufrió mucho al verse obligado a abandonar España. En su tierra materna tenía su gente, sus libros, su vida. Se exilió en Argentina y allí acabaría muriendo en el año 1963. Rafael Alberti tuvo más suerte. Primero se exilió a Francia, hasta el año 1940, ya que se le consideró un comunista peligroso. En 1977 Rafael Albertí regresó a España durante la transición española.

       Hubo otro grupo de autores a quienes el estallido de la guerra les cogió fuera de España. Pese a su voluntad de volver, y el sufrimiento que les ocasionaba la lucha fratricida, jamás pudieron regresar. Entre estos autores se encuentran Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda o Salvador de Madariaga.

       Por el contrario, autores como Azorín, Gerardo Diego o Jacinto Benavente, optaron por adaptarse a la nueva situación política que se estaba gestando bajo el régimen franquista.

    El “viento sucio de la Historia”, como decía Salinas, los arrojó al otro lado del mundo.

  • Ahmad ibn Fadlan

       Estimado lector, quiero que juntos hagamos un ejercicio de imaginación. La historia que te voy a contar se remonta a un tiempo en donde los confines del mundo eran custodiados por serpientes marinas que amenazan con engullir y arrastrar a las profundidades del mar a los marinos que desafiaban los límites de lo desconocido. Una época en donde viajar era una aventura de la que podías salir vivo y tener una gran historia que contar, o muerto por las amenazas que podía uno encontrarse en el camino: asaltadores, bestias, guerras, enfermedades o inclemencias temporales.

       Era una época en donde la niebla no traía nada bueno, las leyendas cobraban vida y los miedos más ancestrales caminaban por la noche entre las casas de las villas que se encontraban en valles apartados.

       Pese a los peligros, la historia está llena de personas que desafiaban a sus temores y partían hacia tierras remotas. Entre esos personajes encontramos a uno al que le debemos mucho y que no muchos conocen. Al servicio de Nadir al-Harami, un embajador del califa abbasí al-Muqtadir, se encontraba Ahmad ibn Fadlan, un escritor y viajero. El 21 de junio del año 921 parte en una embajada hacia la tierra de los búlgaros en una misión diplomática, pero la misión jamás llego a cumplirse.

       Mientras navegaban por el rio Volga, un grupo de vikingos del Volga secuestró la embajada. Ahmad ibn Fadlan, quien estaba acostumbrado a ver gente del desierto, quedó asombrado por la apariencia física de los nórdicos. En su relato podemos leer:

       «Nunca he visto ejemplares físicos más perfectos, altos como palmeras datileras, rubios y de complexión rubicunda. Cada hombre tiene un hacha, una espada y un cuchillo y no se separa de ellos en ningún momento.»

       Estuvo 3 años conviviendo con aquella comunidad de nórdicos, viviendo junto a ellos toda clase de aventuras. Le debemos a Ahmad ibn Fadlan la primera descripción del rito funerario vikingo, que describe con todo lujo de detalles:

       «Un día murió uno de los jefes de la expedición vikinga y el embajador pudo seguir los ritos funerarios desde su comienzo hasta su final. Para empezar colocaron el cadáver en una tumba provisional sobre la que instalaron un tosco tejado y allí estuvo durante diez días mientras le confeccionaban el vestuario mortuorio. Si el difunto era un hombre pobre construían una rudimentaria barca en la que le colocaban y le quemaban después. Pero si era un hombre rico, de su fortuna hacían tres partes: una para su familia, otra para los vestidos mortuorios y otra para preparar una bebida muy fuerte, llamada nabidh, que los deudos y amistades del difunto bebían sin descanso hasta el día de la incineración del cadáver. Cuando un gran personaje muere los familiares preguntan a sus esclavos, hombres y mujeres, quién quiere morir con él y acompañar al difunto a ultratumba. Si alguien dice “yo”, ya no puede volverse atrás. La esclava, porque generalmente son mujeres las que se ofrecen para el sacrificio, se ve separada de la familia y confiada a dos jóvenes muchachas que cuidan de ella, la acompañan adondequiera que va y la lavan cuidadosamente. Mientras tanto se confeccionan los vestidos que ha de llevar el cadáver y la esclava bebe y canta continuamente sin perder la alegría. Cuando llegó el día en que el hombre tenía que ser incinerado y la muchacha con él, los asistentes tomaron una barca, la colocaron sobre las arenas de la playa y a su alrededor pusieron gran cantidad de madera. Sobre la barca depositaron la cama en que había dormido el difunto y la cubrieron con colchones y almohadas de brocado. Llegó en esto una vieja, a la que llamaban el Ángel de la Muerte, encargada de arreglar todo el paramento que se había preparado y de matar a la esclava. Fueron luego todos a la tumba en que habían sepultado al muerto, al que desenterraron junto con unas botellas de nabidh, frutas y otros alimentos. Vistieron el cadáver con pantalones, botas, una túnica y un caftán de brocado con botones de oro y colocaron sobre su cabeza una gorra de brocado y pieles de marta. Le llevaron a la barca, le sentaron sobre el colchón y lo sostuvieron con cojines y almohadas. Colocaron junto a él el imprescindible nabidh, frutas, plantas olorosas, pan, carne y cebolla. Después partieron en dos a un perro y lo dejaron a sus pies. Mataron dos caballos a los que previamente habían hecho correr hasta que estuvieron sudados, los cortaron a trozos con los sables y su carne fue colocada sobre la barca; lo mismo hicieron con dos vacas, un gallo y una gallina. Mientras esto sucedía la esclava que debía morir visitaba a los diversos jefes del campamento y se unía sexualmente con ellos, que, cuando terminaban la agradable ceremonia, le decían: “Di a tu amo que lo hemos hecho por amor a él”. Cuando llegó el momento de la oración del viernes pusieron los hombres a la esclava sobre una ancha tabla y la levantaron tres veces lo más arriba que podían mientras ella pronunciaba unas palabras. Cuando terminó la ceremonia le presentaron una gallina a la que cortó la cabeza y que fue depositada en la barca como se había hecho con los otros animales. El viajero que narra esta ceremonia preguntó a un intérprete qué había dicho la muchacha mientras la elevaban sobre la tabla. La primera vez había dicho: “He aquí que veo a mi padre y a mi madre”. La segunda vez: “He aquí que veo sentados a todos mis parientes muertos”. Y la tercera: “He aquí que veo a mi amo sentado en el paraíso y el paraíso es hermoso y verde. Con él hay hombres y muchachas y me llama. Llevadme hacia él”. La llevaron a la barca, en donde ella se quitó dos brazaletes y los entregó a la mujer llamada el Ángel de la Muerte. Dio otras joyas a las muchachas y subió inmediatamente a la barca funeraria. Después los hombres la rodearon con escudos y bastones. Le entregaron una copa de nabidh que bebió de un trago. Después cantó la joven unas estrofas con las que se despedía de sus compañeras. Le entregaron una segunda copa y varias más, tras lo cual entró en el lugar que ocupaba el cadáver de su amo. Los hombres golpeaban sus escudos para que no se oyesen los gritos de la esclava y uno tras otro, hasta seis, cohabitaron con ella. A continuación la acostaron al lado de su amo. Dos la tomaron por los pies y otros dos por las manos. El Ángel de la Muerte le colocó una cuerda en el cuello dándole una vuelta y entregó las extremidades a dos hombres para que tirasen de ella. Se acercó a la muchacha y con un puñal le atravesó el corazón mientras los dos hombres la estrangulaban. A continuación el más joven de los parientes del muerto tomó una antorcha y completamente desnudo, con una mano cubriendo el orificio de su ano, prendió fuego a los maderos que rodeaban la barca. Después todos, con teas y leños, ayudaron a propagar el incendio, que destruyó la barca y todo lo que contenía».

       En una de sus aventuras junto con los vikingos se encuentra con un grupo del que se ha especulado mucho y del que se dispone de muy poca información, los Wendol. Ahmad ibn Fadlan los describe como seres más cercanos a las bestias que a los hombres. Habla de ellos como si se tratase de una civilización cavernaria caníbal. En sus relatos siempre atacan con la bruma, por eso los llama “los monstruos de la niebla”. A los vikingos les impresionaban lo sigiloso que eran y la extrema crueldad con la que atacaban. Lo que más les afligía era que sospechaban que esos seres usaban la carne de los guerreros para alimentar a las mujeres, algo que consideraban tan deshonroso que podría cerrarles las puertas del Valhala.

       En el relato habla de los enfrentamientos que tuvieron contra estos seres. La polémica respecto a ellos es que, si tomamos las referencias de forma literal, Ahmad ibn Fadlan estaría hablando de seres neandertales, algo que trajo mucha polémica ya que se considera improbable que en el siglo X viviesen. De todas formas, como la información es muy difusa, y cuesta encontrar referencias al respecto, hay que tener la referencia a los Wendol como una anécdota curiosa.

    «No elogies el día hasta que llegue la noche; a una mujer, hasta que haya sido quemada; el hielo, hasta que haya sido atravesado; la cerveza, hasta que haya sido bebida.»

    PROVERBIO VIKINGO

    «La maldad es antigua.»

    PROVERBIO ÁRABE

    Cómo fue Ibn Fadlan

       A penas se sabe mucho acerca de la historia personal de Ahmad ibn Fadlan. Se sabe por sus escritos que fue un hombre muy culto. Pese a pertenecer, a la familia del califa no profesaba simpatía hacia él. Gracias a su obra podemos saber que fue un hombre inteligente y muy observador. Se interesaba por la vida cotidiana y religiosa de la gente. Pese a ver un mundo vulgar, incívico y obsceno, como el mismo describe «Son las más sucias criaturas de Alá: no se purifican después de excretar u orinar, ni se bañan antes de haber practicado el impuro ritual del coito y tampoco se lavan sus manos antes de comer», no pierde mucho tiempo en expresarlo y pasa directamente a relatar con absoluta objetividad e imparcialidad lo que ve en su día a día.

       En su obra vemos el choque tan brutal que sufre durante su periplo. Hay que tener en cuenta que en el siglo X, Bagdad era la ciudad de la paz, sin duda fue en su tiempo el lugar más civilizado de la tierra. Más de un millón de personas vivían entre sus muros. Fue el centro intelectual, comercial y artístico de su tiempo. Por otro lado, durante su cautiverio, pudo ver otra realidad, un mundo hostil, frio, sucio, de costumbres incívicas e inhumanas, que relata con objetividad en su obra.

    Michael Crichton y Ahmad ibn Fadlan

       Los lectores de la ciencia ficción saben de sobra quien es Michael Crichton. Es famoso por haber escrito novelas que han sido llevadas a la gran pantalla, la más famosa Parque Jurásico y El Mundo Perdido, además de La amenaza de Andrómeda. Incluso hoy en día sigue siendo inspiración para muchos, llegándose a hacer una serie en la plataforma Netflix inspirada en un guion de una película que él escribió: Westworld.

       ¿Qué relación hay entre Michael Crichton y Ahmad ibn Fadlan? Fue el escritor quien dio forma a los datos que había sobre el viaje del famoso viajero árabe, y con ello escribió una novela llamada Los devoradores de cadáveres. Años después su obra sirvió como base para el rodaje de la película El guerrero número 13, que tiene como protagonista a Antonio Banderas.