• George Orwell: 1984

    George Orwell, 1984. Barcelona, DEBOLS!LLO, 2016, 350 pp.

        George Orwell poseyó una de las voces más lúcidas y ricas en matices del siglo XX: estudiante en Eton, policía imperial británico en Birmania, lavaplatos en París, librero en Londres, miliciano del POUM, corresponsal de la BBC, editor literario y columnista. Vertió toda su experiencia en crónicas, ensayos y novelas de lectura imprescindible.

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  • La poesía báquica en al-Andalus

       El origen de la poesía arábiga se pierde en los orígenes de la civilización árabe. Para acercarnos al comienzo hay que ir hasta un periodo de la historia de la cultura árabe conocido como al-yahiliyya (Ignorancia). Se conoce a este periodo así por ser una época anterior a la revelación de Muhammad. La complejidad de la poética árabe alcanzó tal grado que con la unificación de todas las tribus árabes la poesía ya contaba con unos cuadros, géneros y versos.Leer más

  • Almudena Grandes: Los pacientes del Doctor García

    Almudena Grandes, Los pacientes del doctor García. Madrid, Editorial Tusquets, 2017, 768.

    Sinopsis

        Tras la victoria de Franco, el doctor Guillermo García Medina sigue viviendo en Madrid bajo una identidad falsa. La documentación que lo libró del paredón fue un regalo de su mejor amigo, Manuel Arroyo Benítez, un diplomático republicano al que salvó la vida en 1937.

        Cree que nunca volverá a verlo, pero en septiembre de 1946, Manuel vuelve del exilio con una misión secreta y peligrosa. Pretende infiltrarse en una organización clandestina, la red de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich que dirige desde el barrio de Argüelles una mujer alemana y española, nazi y falangista,Leer más

  • Tauromaquia: De la cultura al folklore.

        Es muy probable que me arrepienta de haber escrito este blog ya que lo que voy a tratar es un tema que no es fácil tratarlo sin que la gente acabe ofendida o cabreada. Al fin y al cabo hice Lector hablando a gritos para tener un espacio en donde hablar de literatura y de actualidad, sin miedo a mojarme en ciertos temas, siempre y cuando lo que diga sea con fundamento y respeto. Este es un tema del que puedo hablar porque he visto los dos bandos y conozco gente muy cercana que está en un bando y en otro.

        No creo que tuviese más de 12 años cuando fui por primera vez a una corrida de toros. Sin entrar en Leer más

  • La historia de la Ñ.

        ¿Alguna vez te has preguntado cuál es la historia de la Ñ? Para encontrar el origen de esta grafía tan característica de nuestra lengua tenemos que remontarnos a la Edad Media. En alguna ocasión he podido leer que en algún foro se afirmaba que la eñe provenía directamente del latín, pero es un error. Para comprender el origen de nuestra grafía tenemos que tener en cuenta dos aspectos: el precio del pergamino y el costo del trabajo del copista.

       En el siglo XII el percamenarius era el encargado de transformar la piel del animal en un material limpio y blanco. A comienzos del año 822, Adelardo, abad de Corbie, creó el oficio de percamenarius, y este oficio se extendió durante toda la Edad Media. El siglo XII, época en donde nacería la eñe, había un fabricante de pergaminos en Regensburg. No fue un oficio muy extendido y la preparación del pergamino era un proceso muy lento y harto complicado. A ello hay que añadirle que el elevado precio por el proceso de elaboración y la escasez de materia prima hicieron que el precio del pergamino fuese muy elevado llegando a costar hasta 3 sueldos por pieza de pergamino.

        Otra cosa a tener en cuenta es el tiempo. Para llegar a ser copista el oficio se enseñaba desde que los monjes eran  pequeños y fue una labor muy dura y repetitiva. Un copista experimentado de media podía escribir entre 2 o 3 pergaminos por día (entiéndase pergamino como un fólio). Una obra literaria común podía conllevar 3 o 4 meses de trabajo, y copiar la Biblia podía llevar casi un año de trabajo.

        Es por ello que los copistas no disponían de todos los pergaminos que quisiesen por lo que era muy frecuente en los monasterios abreviar las palabras para ahorrar espacio. De esta manera la grafía -nn- pasó a escribirse con una sola n y una corona llamada virgulilla (annus = añus). Así surgió la ñ, la letra más característica de nuestro idioma, una grafía que trataba de representar un sonido inexistente en latín.

        Cabe tener en cuenta que la Ñ no es una grafía exclusiva de España ya que está presente en muchos alfabetos como en el asturiano, aymara, gallego, euskera, extremeño, chamorro, mapuche, filipino, quechua, guaraní, otomí, mixteco, papiamento, tagalo, tártaro de Crimea, y zapoteco.

    Cinco datos curiosos sobre la Ñ:

    • Según algunas fuentes la Ñ aparece por primera vez en la historia en un libro de autor anónimo llamado «La Gran Conquista», una crónica novelesca que narra la conquista de Jerusalén durante la primera cruzada.
    • Antonio Nebrija incorporó la Ñ en la gramática de 1492, pero no fue hasta 1803 cuando la RAE la incorporó de forma oficial al diccionario.
    • Hay más de 17.800 palabras en castellano que contienen la letra Ñ.
    • En 1991 hubo una gran polémica entre la RAE y el mundo de la informática. Los teclados que se fabricaban no contenían la letra Ñ y la RAE lo consideró un grave atentado contra la lengua.
    • En latinoamérica, escritores como Gabriel García Márquez y María Elena Walsh defendieron la eñe contra los anglicanismos: «¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope… Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño […] La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software […] Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo […] La eñe es gente»
  • Christine de Pizan: la primera escritora.

       Todos los que han estudiado historia de la literatura universal se habrán percatado de la cantidad de casos que han ocurrido de mujeres que vieron su carrera literaria truncada por el simple y ridículo hecho de no pertenecer al club de los falos. ¿Cuántas vidas se han arruinado y cuántas grandes obras nos hemos perdido por la ridícula concepción de que el sexo determina el intelecto de una persona? Muchos podrían pensar que esto quedó atrás en el pasado, pero en nuestra historia más reciente ha habido escritoras que se han visto humilladas al tener que ocultar lo que son para poder medrar en el mercado literario.

       El ocho de marzo no sólo es el Día Internacional de la Mujer, es el día de la dignidad y de la lucha por evolucionar como raza. Es inconcebible que hayamos llevado al ser humano al espacio, pero no hayamos llevado la igualdad a los seres humanos. El 8 de marzo representa la lucha de una mitad de la humanidad que busca ganar a igualdad. Los que amamos la literatura y vemos en ella una herramienta que puede modificar la sociedad tenemos que situarnos del lado de la dignidad.

       En este día tan especial quiero hablaros de una escritora que admiro por su determinación, fortaleza y talento. Christine de Pizan fue la primera mujer que pudo ganarse su sueldo escribiendo. Os presento a la primera escritora profesional de la historia. Nació en Venecia, en el año 1364 en el seno de una familia cercana a la corte. Su madre quiso hacer de ella una mujer de su época dedicada a las tareas domésticas, pero su carácter rebelde, su curiosidad intelectual y su admiración por los clásicos la llevó fuera de los muros del hogar.

       Su familia fue reclamada por la corte de Carlos V El Sabio, rey de Francia. Por aquel entonces Christine contaba con cuatro años de edad. El monarca francés fue bueno con la familia, pagando sumas generosas por los trabajos que realizaba su padre, Tomás de Pizan, como asesor, médico, astrónomo y consejero. Gracias a la posición de su padre, Christine pudo estudiar latín, francés e italiano. El latín le abrió un mundo nuevo en el que halló a filósofos, científicos y teólogos.

       Según nos cuenta la propia Christine, su infancia fue feliz, vivía alegre en la corte, entregada a las lecturas de los clásicos y gozando de la admiración que provocaba entre los miembros cortesanos. Cuando cumplió los quince años se casó con Étienne du Castel, notario y secretario del rey. Su matrimonio, a diferencia de los de su época, no fue pactado, el amor entre ambos fue sincero y fruto de él nacieron sus tres hijos. Su vida era feliz, hasta que cambió su suerte y la muerte llamó a su puerta.

       Carlos V murió en el año 1380 y con él murieron los libros, abriendo paso a las armas. Años más tarde su padre murió dejando tras de sí deudas que pagar y su marido murió debido a la Peste Negra.

       A sus veinticinco años se encontró en una situación imposible de llevar. Viuda, con tres hijos que mantener, el dolor debido a la pérdida de un hijo recién nacido, una madre a la que cuidar, una sobrina pobre a la que acogió y la responsabilidad que suponía sus dos hermanos menores. Para mantener a su familia tenía dos opciones: el matrimonio o el convento. Ella escogió una tercera vía.

       Con la muerte de su marido se tuvo que enfrentar sola a la difícil sociedad del siglo XIV. Los tribunales de París le negaron el patrimonio que su marido se había ganado. En cuatro ocasiones tuvo que demandarles, pasando humillaciones y vejaciones, como ella misma nos describe:

       —Hubo un tiempo en que se me demandaba judicialmente en cuatro tribunales de París para negarme el patrimonio que mi marido había comprado. Todavía recuerdo cada ocasión que pasé en aquellas salas, cómo aquellas gentes, llenas de vino y de grasa, se burlaban de mis pretensiones. ¡Yo, una mujer, pretender que se me restituyeran los bienes que legítimamente me correspondían, sin más argumento que el de la justicia!

       El periodo que vivió en los tribunales, donde las palabras desdeñosas, la insolencia, las respuestas dilatorias y la humillación, forjaron en Christine un carácter duro, capaz de soportar viento y marea.

       Mientas se enfrentaba a la sociedad de su siglo, tenía que cubrir sus necesidades más básicas. Su talento y su amor por la literatura la llevaron a escribir para poder ganarse el pan. Con mucho sudor y mucha tinta logró abrirse camino entre los escritores de su época, convirtiéndose así en la primera mujer en la historia en ganarse la vida escribiendo. Adquirió fama y su obra viajó más allá de las fronteras francesas. Algunas de sus obras se centraban en temas sociales y políticos, incluso se aproximó a lo que hoy se conoce como la antropología. Otras de sus obras tenían tintes autobiográficos en donde nos cuenta parte de su vida.

       En su visión concebía el mundo como un lugar organizado por las virtudes como la razón, la dignidad, la prudencia, el valor de la palabra, la rectitud y la justicia. Pensaba que cada individuo tenía valor por sí mismo, y que en su capacidad albergaba la posibilidad de hacer el bien para con el resto. Fruto de su visión del mundo nacieron obras como Enseñanzas morales a mi hijo Juan Castel, El libro de las tres virtudes o Proverbios.

    La lucha por la igualdad

       Fue un pilar fundamental en su época en la lucha por denunciar la injusticia que se estaba cometiendo con las mujeres por su condición. Defendió la igualdad entre ambos sexos y proclamó que si las mujeres de su época recibiesen la misma educación que los hombres, ellas tendrían las mismas facultades que ellos.

       La Universidad de París, una de las instituciones educativas más poderosas de la época, promovió la publicación y la difusión de una obra llamada Roman de la rose, una obra retorcida que expresaba de forma abierta y sin tapujos el desprecio absoluto por la mujer. Christine no se calló y produjo una de los primeros enfrentamientos feministas de la historia. Abiertamente denunció el trato vejatorio que recibían todas las mujeres sistemáticamente por parte de las instituciones, denunciando además que no eran ellas quienes saqueaban, mataban o violaban.

       La respuesta que recibió fue una carta de la iglesia en donde se manifestaba la compasión que se tenía por la escritora y se invitaba a Christine a que pidiese disculpas por las palabras que dijo.

       Como era natural en Christine, contestó la misiva con argumentos denunciando cómo se ha silenciado a las mujeres y que ella no iba a parar de defender la igualdad entre hombres y mujeres.

       Años más tarde del enfrentamiento entre la Universidad de París y Christine, se fundó la Orden de la Rosa, una organización abierta a mujeres y hombres que querían unirse en la lucha por el honor, la dignidad y la igualdad entre todos los seres humanos.

    Su obra La ciudad de las Damas empieza así:

       Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra, bien en escritos y tratados…….. Yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter…….

       Me propuse decidir, en conciencia, si el testimonio reunido por tantos varones ilustres podría estar equivocado. Pero por más que intentaba volver sobre ello, apurando las ideas como quien va mondando una fruta, no podía entender ni asimilar como bien fundado el juicio de los hombres sobre la naturaleza y conducta de las mujeres. Al mismo tiempo, sin embargo, yo me empeñaba en acusarlas porque pensaba que sería muy improbable que tantos hombres preclaros, tantos doctores de tan hondo entendimiento y universal clarividencia (me parece que todos habrán tenido que disfrutar de tales facultades) hayan podido discurrir de modo tan tajante y en tantas obras que me era casi imposible encontrar un texto moralizante, cualquiera que fuera el autor, sin toparme antes de llegar al final con algún párrafo o capítulo que acusará o despreciara a las mujeres”.