El Pato Donald era nazi

La historia

   ¿Quién no recuerda el oscuro pasado del Pato Donald cuando se unió al bando nacional-socialista? Así es, el Pato Donald era nazi, pero no es lo que ustedes creen que es. Der Fuehrer’s Face es un cortometraje americano producido por la compañía Walt Disney Productions, publicado en el año 1943 por RKO Radio Pictures.

   El fin del cortometraje era vender bonos de guerra, siendo un gran ejemplo de propaganda en donde mezclaba la inocencia de los dibujos animados con el horror de la Alemania Nazi. El corto fue dirigido por el director Jack Kinney y escrito por Joe Grant. La canción de la película, compuesta por Oliver Wallace, se popularizo en la época, y fue usada para caricaturizar la imagen de Hitler y su régimen.

   El corto ganó los premios de la Academia al Mejor Cortometraje de Animación, siendo la única película en donde el Pato Donald en solitario recibe un premio. Años más tarde, en 1994, se posicionó en el puesto 22 de la lista “Los 50 mejores dibujos animados”. La película por el contrario no fue muy divulgada debido a que aparece el propio Pato Donald como un nazi, y su espíritu propagandístico se alejaba de la línea que quería mantener Walt Disney.

Argumento
El Pato Donald despierta un día en Nutzi Land, que fonéticamente se parece mucho a Nazi Land pero que se traduce como Tierra de Locos. A primera hora de la mañana, para despertar a los habitantes de Nutzi Land, una banda de música nazi toca Fuehrer’s Face. La banda se compone por caricaturas de Hideki Tojo, Göring, Goebbels y Mussolini. En la canción defiende la superioridad de la raza aria y se muestran orgullosos de hacer el saludo nazi.

   La banda de música despierta a Donald. En esta escena se muestra la precariedad de la vida de los alemanes, viendo cómo Donald moja un grano de café en agua hirviendo, y en donde corta una rebanada de pan dura.  Mientras se toma su desayuno le ponen un ejemplar del Mein kampf para que lo lea. Esa escena resume muy bien la precariedad y el adoctrinamiento nazi.

   Tras un precario desayuno, Donald es llevado a la fuerza a su trabajo en una fábrica donde montan obúses. Algunas espoletas traen consigo imágenes de Hitler, así que Donald se ve obligado a hacer el saludo cada vez que ve una imagen de Hitler. El trabajo se muestra agotador y el único descanso que tiene es hacer gimnasia mientras saluda la imagen de Hitler. Cuando vuelve a su trabajo el caos estalla, se le acumula los proyectiles y las imágenes de Hitler, volviéndose loco, hasta que finalmente despierta de la pesadilla en una cama en Estados Unidos. Al notar que todo ha sido una horrible pesadilla se acerca a la Estatua de la Libertad y la abraza con fervor, sintiéndose orgulloso de ser un ciudadano de Estados Unidos.

   La última escena es la más simbólica, en la que aparece una caricatura de Hitler a la que se le arroja un tomate.

 

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