• Tauromaquia: De la cultura al folklore.

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        Es muy probable que me arrepienta de haber escrito este blog ya que lo que voy a tratar es un tema que no es fácil tratarlo sin que la gente acabe ofendida o cabreada. Al fin y al cabo hice Lector hablando a gritos para tener un espacio en donde hablar de literatura y de actualidad, sin miedo a mojarme en ciertos temas, siempre y cuando lo que diga sea con fundamento y respeto. Este es un tema del que puedo hablar porque he visto los dos bandos y conozco gente muy cercana que está en un bando y en otro.

        No creo que tuviese más de 12 años cuando fui por primera vez a una corrida de toros. Sin entrar en Leer más

  • La reducción a lo absurdo

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       Hay debates que no me entran en la cabeza. Últimamente las redes sociales no dejan de bombardear con mensajes acerca de la inmersión lingüística. De vez en cuando buceo entre los mensajes más destacados y uno no acaba de comprender exactamente dónde diantres está el problema. La tontuna fratricida que está viviendo España no tiene ningún sentido, ninguno. Con el tiempo he aprendido que cuando dos noticias rozan los extremos opuestos, la verdad se haya en la frontera que los separa. Ni sectarismo lingüístico ni desprecio a la lengua. Al final uno acaba percibiendo que la gente vive más en la “realidad” virtual, que en el mundo real. No se justifica un comentario una tarde con los amigos diciendo “esto es así porque yo lo he vivido”, sino que se justifica con “esto es así porque así lo he leído”.

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       No voy a entrar a defender si en un sitio se aparta el castellano o si en otros sitios se aparta el catalán, el euskera, el gallego o el aranés, no lo voy a hacer porque eso es entrar en el debate absurdo. Lo que voy a defender es la cultura de todos. España es uno de los países más ricos a nivel cultural y más despreciado por sus ciudadanos. ¿Cómo hemos llegado a un punto en el que la cultura se desprecia de tal forma? Tendríamos que abanderar la diversidad lingüística como icono de nuestra patria. ¿Cuántos países pueden decir que entre sus fronteras se habla tantas lenguas diferentes? ¿Por qué no somos capaces de sentirnos orgullosos de lo que tenemos? Cuando leo que hay gente que desprecia el aranés, el gallego, el euskera, el catalán o el castellano, me estalla la cabeza.

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       Somos ahora mismo nuestro mayor enemigo. Somos nuestra propia inquisición tratando de establecer una política discriminatoria basada en el argumento cero. Yo me eduqué en la escuela aprendiendo en un colegio de monjas coneixement del medi, matemàtiques, lengua, música, etc… alternando algunas en castellano y en valenciano, y no recuerdo que existiese un debate tan ridículo como el que se está dando hoy en día. Si en un territorio hay varias lenguas oficiales ¿Qué problema hay en aprenderlas? ¿Por qué una tiene que ser exclusiva de la otra?

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       Sinceramente, creo que estamos llegando a un punto en donde cualquier aspecto de la vida, ya sea político, religioso o cultural se le está aplicando la reducción al absurdo. Los debates que se tratan, la forma en que se tratan, los argumentos que se aportan y el trato a quien piensa diferente evidencia la falta de madurez que estamos teniendo en España. Me siento identificado con el castellano, con el catalán, con el euskera, con el gallego y con el aranés. Me siento orgulloso de que en España todos tengamos una lengua común y que en algunas zonas del territorio se hable en una lengua propia. Me siento orgulloso de que haya gente que promueva el aprendizaje, que nuestro Instituto Cervantes, con presencia en muchos países del mundo, de cursos de lenguas como el euskera, el catalán o el castellano en países como China o Rusia.

       El día que dejemos de despreciar nuestra cultura y empecemos a sentirnos orgullos de nuestra identidad multicultural, seremos uno de los países más destacados por su cultura, por su historia, por sus lenguas. Tenemos algo que el dinero no puede comprar: una riqueza cultural envidiable. Ahora toca defender esa identidad.

       Como aclaración, no defiendo ninguna postura política, defiendo la cultura, sin distinción de raza, sexo, ideología política o creencias.

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  • Pura paja

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       Hace tiempo disfrutaba de la televisión viendo los debates políticos que hacen en las cadenas españolas, y me resultaba muy interesante ver cómo unos a otros trataban de desarmarse dialécticamente. Y había debates muy buenos, pero hace ya unos años que he perdido el gusto por verlos. A medida que iba analizando cómo debatían me di cuenta de una cosa: aquello no era un debate sino pura paja.

       Os quiero presentar a alguien que quizás muchos ya conozcáis. ¿Conocéis a Don Hombre de Paja? Este señor es un pelele, un muñeco de trapo usado, un ridículo que trata de ser una realidad que no es, pero se lo trabaja muy duro y muchas veces, con argucias y juego sucio, llega a parecerlo.

       ¡Maldita falacia del hombre de paja! El día que llegó, tocó la puerta, entró y jamás se marchó. Es muy corriente verlo en los debates políticos. La falacia del hombre de paja se ha presentado al mundo como un “recurso” para poder tumbar los argumentos de la oposición. ¿Aún no os suena? Con un ejemplo lo ilustro:

       Un día, mientras paseaba con mi mujer por la calle principal de mi ciudad, un hombre se nos acercó:

       — ¡Buenos días pareja! ¿Tenéis un segundo para hablar sobre los niños de África?

       — Lo siento caballero, pero no tenemos tiempo.

       — Osea que odiáis a los niños de África y lo que queréis es que se mueran de hambre, ¿no?

       —…

       ¿A que ahora ya conocéis a Don Hombre de Paja? ¿A quién no se le ha aparecido alguna vez a través de un rostro amistoso? Básicamente consiste en reducir a lo absurdo una tesis para poder tumbarla dialécticamente con argumentos pobres. Muchos hablan de él como un recurso lingüístico legítimo, y es cierto, todo lo que no conlleve violencia es legítimo, pero en vez de calificarlo como un recurso lingüístico habría que calificarlo como pobreza lingüística. Fue por ese maldito “recurso” por lo que dejé de ver los debates televisivos, porque la verdad ha pasado a un segundo plano, o un tercer plano, y lo que realmente importa es hacerle creer a la gente lo que tu dices, aunque sea una mentira. Sinceramente, lo último que me apetece durante el día es que me tomen por estúpido, así que cerré aquella puerta para no abrirla.

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  • España sufre una maldición

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       España sufre un maldición y el remedio para ese maldición es la necesidad de desarrollar el patriotismo cultural y el espíritu crítico. Esa maldición se podría clasificar en las maldiciones de carácter histórico. En nuestro país, desde el enfrentamiento entre los visigodos hasta los debates políticos, no se califica al oponente como un adversario con quien debatir ideas, se considera un enemigo al que hay que apartar y acabar con el, sea como sea.

       Voy a usar un término que hoy en día ha perdido todo valor: patriota. Si, hay que ser patriota, pero patriota de los de verdad, no de los que el 6 de diciembre sale orgulloso a la calle ondeando su bandera al viento y luego llega a casa y absorbe toda la información a su alrededor sin filtro ninguno, no. Hay que ser patriotas de la cultura. El patriotismo cultural es aquel que su objetivo final es servir a los ciudadanos para hacerlos mejores.

       Hay una máxima que se cumple de forma inexorable: un pueblo educado es un pueblo libre, y un pueblo libre es más difícil de manipular por los demagogos, los hipócritas y los extremistas.

       Durante el siglo XVIII el pueblo cometía un delito del cual era inocente. La persona analfabeta era inculta y fanática, pero porque los medios de los que disponía no le permitían ser otra cosa, pero hoy en día, con los medios de los que disponemos no hay excusas. Somos culpables del delito.

       En aquellos siglos pasados teníamos dos elementos en España que frenaron nuestro avance hacia una sociedad más culta, más libre: el trono y el altar. Es cierto, ya que negarlo sería faltar a la verdad, que habían eclesiásticos progresistas y promotores de la ilustración, pero por otra parte está la Iglesia como institución, y ella puso freno a cualquier intento progresista.

       Uno de los mayores errores, en mi opinión, que cometimos como nación, y el cual le lleva a uno plantearse qué habría sido de España si no se hubiese cometido, es haber luchado contra el mal llamado “Pepe Botella, Jose Bonaparte”, para defender la monarquía borbónica. Defendimos el oscurantismo frente a la ilustración francesa. ¿Cuales habrían sido las consecuencias si llega a establecerse las luces en España?

       En otros países tuvieron sus ilustrados, personas que destacaron en el mundo de la ciencia, la literatura, la filosofía y la política, nosotros no los tuvimos. Las personas que querían establecer la ilustración y el progresismo no se atrevieron a destacar, pues el trono y el altar pesaba mucho sobre ellos.

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       En la actualidad, como comentaba anteriormente, no tenemos los problemas que tenían en el siglo XVIII. El analfabeto que es inculto y extremista es culpable de ello. Actualmente disponemos de muchos medios como bibliotecas públicas, Internet, foros de cultura y cine, sin contar conque el trono y el altar no pesan como antes.

       ¿Cuál es el problema que tenemos pues? Ser ignorantes y confundir folclore con cultura. Se llama folclore al conjunto de tradiciones, leyendas, costumbres y creencias, mantenidos por la tradición. La cultura es el conjunto de conocimientos que permite desarrollar el juicio crítico. Hoy en día, un debate que está muy de moda, llamar a la tauromaquia “cultura”, es una barbaridad mayúscula. Forma parte del folclore porque la cultura es todo aquello que educa y ayuda a un individuo a ser mejor.

       La política por otro lado presenta el mayor de todos los problemas de la maldición que asola España. La política se ha superpuesto a todos los elementos de la sociedad, cuando la política debe ser una herramienta de la cultura. Hoy en día la política ha secuestrado la cultura, convirtiéndolo en un elemento al servicio del poder.

    Todos aquellos patriotas de la cultura que destacan en España son ninguneados, no ensalzados; silenciados, no escuchados, del mismo modo que ocurrió en el siglo XVIII, y hasta que los ciudadanos de España no sean conscientes de la maldición que nos asola, seguirá así, por los siglos de los siglos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Cambiar es posible”][vc_column_text]

       Cambiar es posible. Disponemos de todos los medios para hacerlo. Olvida lo que diga el resto, olvida lo que te digo pues es sólo mi opinión, lo que no sepas por ti mismo no lo sabes. El juicio heredado es un absurdo, el espíritu crítico es el motor que empuja a un individuo a desarrollarse, sólo así cada uno alcanzará sus propias conclusiones. Desarrolla el espíritu crítico y deja a un lado los discursos elocuentes, rimbombantes y bonitos, sólo son cantos de sirena elaborados con un fin oculto: ganar tu confianza.

       La cultura y el espíritu crítico salvarán a España de su maldición: renegar del patriotismo cultural. Esta es mi humilde opinión, que será errónea o acertada, eso que lo juzguen aquellos con espíritu crítico y que son patriotas de la cultura, porque yo no puedo hacerlo.

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  • En la taberna de los borrachos I

    La Taberna de los Borrachos.

       Bienvenidos amigos al Salvaje Oeste 2.0. Internet se ha convertido en una taberna ambientada en el salvaje oeste en donde el linchamiento, la bilis, la falacia y la mentira, el juego, la apuesta y la borrachera se han apoderado de nuestra taberna, la Taberna de los Borrachos.

       Todas las mañanas me tomo el café en el mismo sitio, en la única taberna que hay en mi pueblo. Es allí donde tienen el periódico, y es necesario estar informado sobre lo que ocurre en el mundo. Esta taberna es famosa por ser el lugar donde todos los habitantes del pueblo se reúnen para “hablar” sobre la actualidad. Al entrar no me sorprende en absoluto ver que recibo un botellazo en la cabeza tan sólo por decir Buenos días.

       Sin mediar palabra con nadie, me dirijo a la barra para pedirme el mismo café de todos los días mientras tomo uno de los ejemplares del periódico. El griterío, pese a ser la tónica de siempre, hoy era más intenso. Podía observar cómo se escupían bilis mientras se les escapaban esputos de saliva de entre la comisura de los labios. No llego a acertar sobre qué están discutiendo, pero las palabras son muy gruesas.

       — ¿Qué ocurre?- Le pregunto al camarero.

       — Lo de siempre, los políticos de barra de bar y los idealistas jugadores de cartas discuten sobre una noticia. Por lo visto unos padres no quieren que su hija musulmana vaya a clases de natación, ya que no le dejarían entrar con el burkini.– Me dice con indiferencia.  

       — Ya veo- Le digo con pesar…

       Ahora entiendo bien el porqué de aquellas palabras. Entre los ruidos, los gritos y las peleas llegué a escuchar un par que decían “Que se vaya a su país y allí les pagan los estudios y que les paguen las clases de natación, gimnasia etc… si vienen a Europa, tendrán que acatar las costumbres Europeas, como como vamos nosotros a un país musulmán que acatar las suyas…” u otro gritando mientras escupía al suelo “Que se vayan a su puto país y se bañen con un traje de plomo, me cago en su reputisima madre.” Así una tras otro se sucedían las arengas.

       En un momento dado vi cómo un joven trataba de entrar en la conversación intentando aportar su punto de vista, muy diferente al del resto… Lo último que vi fue las piernas del chaval mientras era lanzado a través de la puerta.

       El griterío no cesaba y las palabras se deslizaban gruesas pero sin contenido. Así, como cada mañana, después de haber leído la noticia mientras me tomo el café, abandono la taberna, no sin antes ser parado por un grupo que me increpa por pensar o tener otra opinión.

       Cada día es igual, a esta taberna sería el último lugar donde entablaría un debate.

     

       Como la vida misma.

       Internet se ha convertido en una taberna de borrachos. Las líneas que he escrito son reales. Pasó el verano pasado, y he querido recuperarlo, ya que lo tenía en un “cajón de sastre”. Es necesario ser conscientes, todos, sin excepción, que hoy en día la gente ha olvidado cómo expresarse.

       ¿De qué sirve debatir si la única intención es llevar al que tienes enfrente a tu postura? Es necesario reflexionar. ¿Por qué esa imperiosa necesidad de hablar con palabras ponzoñosas? Hemos perdido el sentido auténtico de la palabra “debate”. No hay más que mirar los programas de televisión en los que se debate sobre actualidad, pero claro, ¿qué esperamos? La televisión no está hecha para enseñar, sino para entretener, y para ello recurre los instintos más básicos y primarios del ser humano: morbo, polémica y pelea.

       Esta no es una crítica para echar en cara a nadie que haya actuado así alguna vez, todo lo contrario, es una invitación a reflexionar. ¿Estamos yendo por el buen camino? Un servidor piensa que no.

       Los comentarios que he usado para ilustrar son reales, en ningún momento el administrador de esta página ha dicho tales palabras, ni tampoco ha dado o dará información sobre estos comentarios o futuros comentarios que se vayan a usar. Atentamente Lector hablando a gritos.