• La última noche de Lorca [Recreación]

     «La última noche de Lorca» es una recreación basada en diferentes entrevistas que realizó Agustín Penón en su investigación sobre el asesinato de Federico García Lorca:

       El silencio en Las Colonias daba casi tanto miedo como el sonido que producían los rifles del pelotón de fusilamiento. Quejidos, gritos, lloros y lamentos. Lejos quedaron los sonidos de Granada; aquí, en Viznar, sólo se oía el sonido de la guadaña de la muerte.

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  • Café imaginario con… Valle-Inclán

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       Son las siete de la mañana cuando suena el despertador. Mi mujer se va preparando para irse a trabajar mientras yo le preparo el café. Me despido de ella en la puerta como siempre, con alguna payasada, cuando comienza a sonar mi teléfono. Ring ring.

       — ¿Diga? –dije con la mayor decencia que puede tener uno a primera hora. No suelo recibir muchas llamadas, sólo de los pesados de RBA pidiéndome una subscripción más.

       — Fran, soy yo –qué raro, pensé, hacía mucho tiempo que no hablaba con ella- Oye, te he conseguido una entrevista con Valle-Inclán, pero te aviso, está muy irritado.

       ¡Otra vez lo ha conseguido! Os diría cuál es su secreto para conseguirme entrevistas con personajes que ya están muertos, pero ni yo mismo lo sé. El caso es que por lo que me ha dicho por teléfono, este jueves tengo una entrevista con un escritor que impone y parece ser que no va a ser fácil.

       La Puerta del Sol albergaba una gran actividad. Podías ver gente ataviada con gabardina y sombrero, o jóvenes con tirantes que corrían para entregar un paquete a alguna local. El lugar que ha escogido Valle-Inclán no me ha sorprendido en absoluto, es el famoso Café de la Montaña, bajo el imponente Grând Hotel Paris. ¡Qué maravilla de lugar! Me habría encantado ser escritor en esa época.

       Llego 10 minutos antes de la hora establecida, así que me pido un café, aunque no sé por qué, tengo un nudo en el estómago que apenas me deja respirar. Me siento y trato de poner en orden todas mis preguntas. ¡Buenos días don Ramón! Allí tiene al mozo que le espera, no me arme ninguna algarabía, por favor se lo pido.

       Me levanto para recibirle, empujando con mis piernas la silla, haciendo un ruido estrepitoso.

       — Relájate que no soy un lord inglés, ¿Te has pedido algo para tomar? –me pregunta mientras mira al camarero para pedirle algo.

       — Ya estoy servido, muchas gracias don Ramón.

       — Tienes una compañera muy insistente. Tuve que ceder al final a tu proposición porque me fatigaba más decirle que no otra vez  que hacer la entrevista.

       Primera en la boca. Desde luego hace honor a su fama de ser mordaz y directo.

       — No sé qué le ha comentado mi compañera. Imagino que le dijo que la entrevista no sería para ningún periódico ni para una revista sino para un espacio cultural que tengo llamado Lector hablando a gritos.

       — Eso fue lo que me dijo. Qué nombre más curioso ¿De dónde lo has sacado?

       — Es una larga historia. Después de la entrevista, si se encuentra con ánimo se la cuento. –mentira, y gorda.

       — Así será. ¿Por dónde quieres empezar? –parecía querer empezar pronto, quizás para acabar también pronto.

       — ¿Cómo definiría Valle-Inclán a Valle-Inclán?

       — Como un hombre difícil de tratar, de rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba. Pero soy fruto de lo que mi vida fue. El comienzo estuvo marcado de riesgos y azares. Fui converso en un monasterio de cartujos y soldado en las tierras de la Nueva España. Aún me recuerdo como un hidalgo de los que se alistan en los tercios en busca de amores, espadas y fortuna.

        — Ese es el Valle de hace unos años. ¿Hoy cómo te ves?le pregunté mientras terminaba un café que se suponía, debía durarme toda la entrevista.

       — Hoy las flores de la juventud se han marchitado y todos mis entusiasmos caminan moribundos. Divierto a las penas y desengaños comentando memorias amables. Tengo mucho de mi tío ¿sabe? Él fue un hombre feo, católico y sentimental.

       — Parece que ve el mundo de una forma muy pesimista.

       — Deje que le explique una cosa joven. El mundo sólo puede verse de tres maneras, de rodillas, en pie o  en el aire. Cuando uno mira el mundo de rodillas ve al resto como seres superiores, como héroes. Te vuelves un “Homero” narrando historias en donde los protagonistas te miran por encima del hombro. La segunda forma es ver el mundo en pie, mirando a los protagonistas de igual a igual. ¿Sabe quién narraba así? Shakespeare. No daba a los personajes una condición sobrehumana. La tercera manera de mirar el mundo es en un plano superior, considerando a los personajes como seres inferiores al autor. Esta es una forma muy española de ver el mundo. Ya lo hizo Cervantes con su Alonso Quijano. No es que vea el mundo de forma pesimista, sólo miro la realidad desde un plano superior, como hacía Cervantes, así puedo reírme de las desgracias ridiculizándolas como un Alonso Quijano.

       — ¿Tiene usted carácter don Ramón?

       — Soy como la gasolina ¿sabe? Puedo arder como una llama gigante y en cuestión de segundos me apago. Me ha perdido las formas en mis debates, pero siempre he sabido reconocer cuándo me he equivocado, y se pedir disculpas cuando hace falta.

       — Eso le honra, don Ramón.

       — Joven, eso no me honra, eso me hace humano… –de repente se detuvo. Joven, me va a disculpar, pero me cité aquí con un grupo de tertulianos. ¿Sabe que hace unos días hubo un enfrentamiento con un portugués y un español? Hoy va a ser el tema central del debate, si quiere se puede quedar.

       — No podría quedarme don Ramón, no le quiero robar más tiempo don Ramón. Le quiero hacer un juego de imaginación. Si usted pudiese dar un consejo ahora a las personas que viven en el 2018, ¿Qué consejo les daría?

       — Les diría que el cementerio está lleno de valientes, pero que gracias a algunos de esos valientes todos los cobardes pueden vivir. Mi consejo es ese, que se arriesguen en la vida por sí mismos y por todos.  

       — Muchas gracias por todo don Ramón. Queda pendiente terminar la entrevista. Tenga mucha mano izquierda en los debates.

       — ¡Oiga! Me tiene que explicar el motivo del nombre de su espacio cultural.

       — Hagamos un trato, concédame otra entrevista en un futuro cercano y yo le cuento el motivo.

       — ¡Mal Polonia te reciba! Hecho. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

  • Café imaginario con… Gustavo Adolfo Becquer.

    [vc_row][vc_column][vc_column_text]   Comienza hoy la andadura de una nueva sección que me hacía ilusión empezar. Un café imaginario con…  es una sección dedicada a realizar entrevistas a autores que ya no están entre nosotros y a personajes de ficción. Las entrevistas son puramente objetivas y rigurosas, fieles a los datos de la vida y obra de cada autor o personaje. Para obrar el milagro hago uso de todos los materiales que se pueden encontrar a nuestra disposición, ya sea en archivos, bibliotecas o internet, intentando con ello hacer posible lo imposible.

       La principal intención de esta sección es dar a conocer la faceta más personal de los autores y acercarlos a cualquiera que esté interesado en conocer la vida y obra de los autores que hoy día nos inspiran.

       Me gustaría hacer partícipe a todas las personas que seguís Lector hablando a gritos  pudiendo proponer entrevistas o preguntas que os gustaría realizar a los autores y personajes. Sin más preámbulo, bienvenidos a esta nueva sección Un café imaginario con….

     

         LHG: Para estrenar esta sección tengo el gran placer de poder traeros desde lo desconocido a uno de los poetas más conocidos a nivel nacional, un autor que diciendo Poemas y Leyendas es como decir su nombre. Es para mí un placer poder entrevistar al poeta de las golondrinas, Don Gustavo Adolfo Bécquer. Muchas gracias por venir, es un honor poder hacer una entrevista a alguien de su talla literaria

        GAB: Exagera usted. En vida no tuve un peso relevante para mis contemporáneos. Sólo fui una persona normal, como cualquiera, pero la historia suele crear leyendas y las hace grandes.

        LHG: Pese a ello, usted es una inspiración para muchos escritores, es un espejo en el que muchos quieren verse reflejado. Su obra literaria es conocida en cualquier rincón de la península, no obstante quizás muchos no conozcan como fue la vida que hay tras el poeta. ¿Cómo fue su infancia?

        GAB Nací un 17 de febrero de 1836 en Sevilla, concretamente en el número 26 de la calle Conde de Barajas. Los primeros años de mi vida no tiene nada destacable, viví en un barrio típico andaluz. Cuando cumplí los cinco años de edad, la muerte llamó a las puertas de mi casa, llevándose consigo a mis padres, dejándome huérfano.

        LHG: ¿Cómo vivió usted aquello?

       GAB: Ya se lo puede imaginar, uno a ciertas edades no comprende ciertos aspectos de la vida, pero por suerte el tiempo jugó a mi favor y cicatrizó mejor la herida. Con 15 años hubiese sido más doloroso.

        LHG: ¿Qué ocurrió después? ¿Con quién vivió?

        GABEl tío de mi madre, Don juan de Vargas, nos adopto a una de mis hermanas y a mí. No nos adopto a todos pues en total éramos 8 hermanos y era demasiado para su economía.

        LHGEn la historia se han dado casos de escritores que su creatividad vino marca por un acontecimiento trágico, ¿a usted le sirvió de aliciente la muerte de sus padres para que naciese un deseo de expresarse y que este fuese a través de la escritura?

        GABAquello marcó mi vida, sin duda, pero no me empujó a entrar en el mundo creativo de los literatos, quizás algunos no sepan que mi ansias de aventuras me empujó a querer ingresar en el colegio de Mareantes de San Telmo. Deseaba ser navegante acompañando como seguridad a las flotas mercantiles en sus viajes a las Indias, mi afán de aventurero me empujo a ello.

        LHG: ¿Y qué ocurrió? Usted es famoso por su obra literaria, no por ser navegante.

       GAB:  El colegio se clausuró, en aquellos años, y como parece ser hoy día por lo poco que he podido ver de vuestro tiempo, España estaba en un periodo inestable y con el cambio político llegó el cierre, dejándome sin rumbo en la vida.

        LHG:  ¿Tras el cierre del colegio usted regreso junto con su tío Don Juan de Vargas?

         GABNo, mi madrina, Doña Manuela Monnehay me acogió en su casa. Para mi fue como una madre, es más, fue ella quien me inició en el mundo de los literatos pero dudo que, si supiese cual sería mi futuro, me iniciase en este mundo. Ello le causó gran pesar.

        LHG¿Por qué le causó pesar?

       GAB:  Mi afán de buscar aventuras literarias y artísticas me llevaron a lo que era mi idílica Madrid, y cuando ella se enteró se llevó las manos a la cabeza, no le exagero si le digo que me comparó con un famoso hidalgo manchego, ella consideró mi decisión quijotesca, y realmente lo era, me enfrenté a molinos pensando que eran gigantes. Ella lloró y me suplicó que no me fuese. Pese a se reacción creo que en el fondo ella sabía que si me quedaba en mi Sevilla natal sería como vivir en una prisión oprimiendo mi ansia creativa.

        LHGAntes ha dicho que su viaje fue quijotesco debido a que se enfrentó a molinos pensando que eran gigantes, ¿a qué se refiere?

        GABMis molinos eran Madrid. Cuando pensaba en Madrid me la imaginaba una ciudad llena de luz, el lugar en donde los cambios políticos se producían, pero la realidad eliminó de mi mente mi idílica Madrid. Los pocos años felices que tuve los pasé en Sevilla. 

        LHG: ¿Qué significó para usted residir en Madrid?

        GABSignificó chocar con la realidad. Allí residí en la calle de la Paz, una simpática matrona, doña Soledad,  paisana mía, me acogió de manera desinteresada, no tenía que pagarle un alquiler, pero por mucha que fuese la ayuda que me ofreció doña Soledad no era suficiente y tenía que ganar dinero para mantenerme en la gran ciudad. Trabajé traduciendo folletines, tuve que escribir obras y zarzuelas vergonzantes bajo el nombre de Adolfo Rodríguez.

        LHG: ¿Por qué uso como seudónimo Adolfo Rodríguez?

       GABEl nombre es una mezcla del nombre de mi amigo Rodríguez Correa y mi propio nombre.

        LHG¿Fue importante en subida Rodríguez Correa?

       GABMuy importante, Madrid no fue una ciudad fácil, y tanto él como mi hermano me dieron aliento para seguir adelante.

        LHG¿Se sintió solo en Madrid?

       GABHe vivido con gente que me ha apoyado, pero mi vida ha sido crear, mi afán por crear historias fue lo que me hacía seguir cada día, creaba historias y el creador nunca está solo.

        LHG¿Cuál ha sido el trabajo del que más orgulloso ha estado? Sus Rimas y Leyendas son las más conocidas, pero ¿Cuál fue el proyecto más importante?

        GAB: Mi obsesión fue Historia de los templos de España, fue la obra más ambiciosa que tuve.

        LHG: Antes me ha hablado sobre la soledad, ¿usted vivió solo?¿No estuvo casado?

       GABSi, estuve casado con Casta Esteban y tuve tres hijos con ella, pero con ella no encontré la felicidad, fueron muchos los que no entendían mi matrimonio con Casta Esteban, y quizás yo tampoco lo entendía, pero aquella decisión fue tomada de manera precipitada, tenía miedo a la soledad, pero incluso estando rodeado de gente se puede estar solo.

        LHG: ¿Y todos los poemas de amor que escribiste? ¿No estaban inspirados en nadie en especial?

      GAB:  Amores imposibles fueron mis musas, para algunos poemas me inspiré en Josefina Espín, en otros me inspiraba en mi mujer platónica.

        LHG:  No le queremos robar más tiempo. Ha sido un placer tenerlo en Un café imaginario con…. Si tuviese que darle un consejo a la generación de hoy día ¿Cuál sería?

       GABLes diría que observen el mundo a través del prisma de la poesía. Lo banal pasa a ser bello y trascendente.

        Sabemos que se tiene que ir, y le agradecemos que haya pasado a contarnos un poco sobre su vida. Siempre será un honor volver a recibir al poeta de las golondrinas en nuestro humilde espacio literario.

     

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