• Los Códice Madrid I-II

    España puede sentirse orgullosa de tener entre sus tomos uno de los mayores tesoros de la cultura europea. La Biblioteca Nacional de Madrid tiene entre sus tomos los Códice Madrid I-II. ¿Cómo han llegado a España? La desinformación, el desinterés y la casualidad, quisieron que contásemos con dos tomos de un valor cultural incalculable.

    Uno de los mayores méritos que ha tenido Leonardo da Vinci es que ha legado a la humanidad una cultura de un valor incalculable. Sus trabajos en el mundo de la ciencia y la ingeniería, además de las artes humanísticas como la pintura, escultura, escritura, botánica, filosofía, música y urbanismo fueron muy avanzados para su época. Por desgracia, tras su muerte, todos sus manuscritos fueron pasando de mano en mano, por lo que la cultura europea se vio muy poco beneficiada de las ideas del artista florentino.

    Es sabido que dejó por testamento que tras su muerte todos sus manuscritos fuesen heredados por su discípulo más fiel, Francesco Melzi, que le siguió en todo el peregrinaje que hizo Leonardo por Francia e Italia.

    ¿Cómo llegó entonces a dispersar tanto la obra del artista? Con la muerte de Francesco Melzi, quien conservó toda la obra en su casa de Vaprio d’Adda, toda la obra pasó a manos de su hijo Orazio Melzi. Este, al no ver ningún interés en la obra, la arrinconó en un granero.

    Lelio Gavardi, preceptor de los Melzi, se apoderó de los 13 cuadernos que tenía Orazio Melzi, y se los llevó a la Florencia, para ofrecérselos a los Médicis con la esperanza puesta en obtener una gran suma de dinero. Pero de forma inaudita, el consejero del Duque dijo “Nada de esto podría interesar a Vuestra Excelencia.” No pudiendo realizar la venta, y viendo que con ese material no haría fortuna, Gavardi le pidió a su amigo Ambrogio Mazzenta, que devolviera las obras a Orazio Melzi. Pero Orazio Melzi no cambió de parecer, y no renovó ningún interés por las obras, así que regaló las obras por las molestias a Mazzenta, quien escribió en sus memorias “se asombró de que me hubiera tomado tales molestias y me regaló los libros”.

    Fue en ese momento cuando entra en escena una persona importante para nuestra historia, Pompeo Leoni, quien trabajaba para la corte del rey Felipe II de España como escultor. Leoni mostró gran interés por los manuscritos y prometió protección y favores personales a cambio de que le cediesen una gran parte de la obra, así mismo consiguió 10 de los 13 cuadernos que Orazio Melzi regaló a Mazzenta.

    Pompeo Leoni, deseoso de dar una visión más atractiva a los documentos, desmembró varios cuadernos para reagrupar sus páginas en varios grandes volúmenes. Esta “restauración” modificó por completo los volúmenes, borrando todo rastro de la distribución original de Leonardo da Vinci.

    Unos pocos cuadernos fueron cedidos a  Felipe II, quedándose para sí gran parte del resto. Con su muerte estos pasaron a Polidoro Calchi, yerno y heredero de Leoni. Calchi se dedicó a vender los cuadernos. Sus compradores fueron el Conde Faleazzo Arconati; Thomas Howard, Conde Arundel.

    Los Códice Madrid I-II

    Con el descubrimiento de los dos manuscritos de Leonardo da Vinci en la Biblioteca Nacional de Madrid se abrió un nuevo capítulo en la historia del pensamiento y la obra de Leonardo da Vinci.

    Estos dos tomos reflejan el pensamiento y los estudios que Leonardo da Vinci realizó sobre el arte, la mecánica, la geometría, la hidrología, la anatomía, la meteorología y el vuelo de las aves. En sus estudios nos ofrece una visión de las dinámicas y las leyes que las rigen, además de una rica descripción de los elementos de la naturaliza.

    Los dos volúmenes han incrementado en unas 700 páginas, de un total de 6.000 que se conocen en la actualidad. Estos dos manuscritos se sitúan entre los años 1491 a 1505, los más fecundos de Leonardo.

    El Códice I es una obra homogénea en el contenido, en donde se habla exclusivamente de la mecánica. Por otra parte, el Códice II, trata sobre una gran variedad de temas, en su mayoría relacionados con el arte.

    El descubrimiento

    La casualidad y el destino son caprichosos. Un día como otro cualquiera del año 1967, Jules Piccus, experto en literatura castellana medieval en la Universidad de Massachusetts, mientras investigaba los cancioneros castellanos, preguntó en la biblioteca si entre los documentos había alguno que tuviese un salto entre varias signaturas, y un funcionario de la Biblioteca Nacional, inocentemente y con total desconocimiento le puso dos tomos sobre la mesa. Cuál sería la sorpresa y el asombro de Jules Piccus cuando en la página 9 vio esto:

    La noticia corrió como la pólvora llegando a los máximos expertos sobre Leonardo da Vinci. Fue Ladislao Reti, que por aquellos años era uno de los máximos expertos en la obra de Leonardo, quien en la sala de prensa del hotel Boston, confirmó la autenticidad de los mismos.

    Tras ello hubo un gran revuelo, y se exigió responsabilidades. Miguel Bordonau, quien por aquel entonces era el director de la Biblioteca Nacional, dio una rueda de prensa, intentando salir airoso, sin mucho éxito, de la avalancha de preguntas. En una de sus declaraciones afirmó que “no se trataba estrictamente de un descubrimiento, sino de un hallazgo afortunado”. Según el director, ya se sabía de la existencia de los manuscritos, sólo que estaban “traspapelados”. Al final, tanto el director de la biblioteca como el subdirector fueron cesados.

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