• Poetas en la Primera Guerra Mundial.

    Afortunados aquellos que han podido vivir Londres un 11 de noviembre. Las calles se llenan de personas con una flor roja en la solapa, y si alguno no la tiene no faltará el buen samaritano que le ofrezca una sin reservas. La flor que llevan es una pequeña amapola que conmemora el armisticio de la I Guerra Mundial, en memoria de la sangre derramada por aquellos jóvenes que sacrificaron su vida por la libertad. Su muerte privó al resto de la humanidad de unas mentes brillantes como la de  Charles Pierre Péguy, Alain-Fournier, Rupert Brooke, François Faber o William Noel Hodgson, entre otros. La amapola también simboliza la belleza que crece en medio del terror, pues así lo vieron aquellos jóvenes valientes que lucharon en el frente de Bélgica en la primavera de 1915, y así lo reflejaron poetas jóvenes que dejaron su vida en el fango de la trinchera.

       La idea de llevar una amapola en el pecho se debe a la secretaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes de Nueva York, Moina Belle Michael. Antes del armisticio del 11 de noviembre de 1918 la secretaria tuvo la ocasión de leer el poema We shall no sleep (no podremos dormir), conocido por todo el mundo como In Flanders fields (En los campos de Flandes), del médico canadiense John McCrae, quien falleció a principios del año 1918 a causa de una neumonía.

       El poema «In Flanders Fields», escrito en mayo de 1915, durante la batalla de Ypres, no ha perdido su fuerza un siglo después. La idea romántica de la lucha contra el tirano contrasta con la realidad de la trinchera, donde el miedo, el fango, la sangre, la lluvia, los insectos y el hambre son los peores enemigos. Entre las trincheras se encontraban aspirantes a ser coronados por laurel y quienes no tuvieron la ocasión de llevarse su reconocimiento en vida, tan sólo a título póstumo. En medio de todo el terror nació un estilo poético fruto del conflicto bélico. Cuando comenzó La Gran Guerra, los poemas estaban llenos de alegorías patrióticas y de idealismo, pero tras ver cómo sus hermanos de trinchera caían, el deber pasaba a un segundo plano, y lo único importante era cubrir las espaldas del soldado que tenías a izquierda y a derecha. Fue entonces cuando en medio del fragor de la batalla nació el estilo poético antibélico.

       Entre los poetas antibélicos destacaron Wilfred Owen, enrolado en octubre de 1915, quien falleció una semana antes de que se firmase el armisticio; y John Alexander McCrae, poeta canadiense quien por una neumonía. La poesía de Wilfred Owen refleja el terror, el sufrimiento, el dolor y la agonía. En sus poemas se refleja la idea de cómo una juventud muy valiosa estaba siendo sacrificada inútilmente. Entre sus poemas, el más conocido es Himno a la juventud condenada, en donde resalta la guerra y el asesinato calculado, reflejando la falta de espiritualidad en los campos de batalla.

       Hay una obra capital para aquellos que quieran leer más acerca sobre los poetas en las trincheras “Tengo una cita con la muerte”, una antología de poetas que murieron en la I Guerra Mundial. Esta obra arranca con una cita de este poeta:

    «Sobre todo no estoy preocupado por la poesía. Me ocupo de la guerra, y de la pena de la guerra. La poesía está en la pena.»

       Los mejores poemas de Owen fueron escritos en un cuarto que alquiló cerca del campo de entrenamiento militar en Ripon, North Yorkshire, y fue un 4 de noviembre de 1918 cuando fue abatido por los alemanes en la localidad de Ors, cuanto intentaba cruzar el canal en una operación.

       Es una pena que esta poesía no haya tenido el reconocimiento que merece. Tardo muchos años en ser reconocida por los críticos literarios, no fue hasta el año 1964 cuando vio la luz la primera antología poética.

       El otro gran poeta antibélico fue John Alexander McCrae, médico militar y poeta de origen canadiense, quien realizó su servicio en un hospital de campaña. Su poema más conocido In Flanders Fields fue escrito tras asistir al funeral de Alexis Herlmer, su compañero. En ese poema hace mención a las amapolas que crecían en las tumbas de los soldados que fallecieron en la Gran Guerra

    En los Campos de Flandes

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    In Flanders Fields

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/2″][vc_column_text]

    En los campos de Flandes
    crecen las amapolas.
    Fila tras fila
    entre las cruces que señalan nuestras tumbas.
    Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,
    escasamente oída por el ruido de los cañones.

    Somos los muertos.
    Hace pocos días vivíamos,
    cantábamos, amábamos y eramos amados.
    Ahora yacemos en los campos de Flandes.
    Contra el enemigo continuad nuestra lucha,
    tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos agotadas.

    Mantenerla en alto.
    Si faltáis a la fe de nosotros muertos,
    jamás descansaremos,
    aunque florezcan
    en los campos de Flandes,
    las amapolas.

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    In Flanders fields the poppies blow
    Between the crosses, row on row,
    That mark our place; and in the sky
    The larks, still bravely singing, fly
    Scarce heard amid the guns below.

    We are the Dead. Short days ago
    We lived, felt dawn, saw sunset glow,
    Loved and were loved, and now we lie
    In Flanders fields.

    Take up our quarrel with the foe:
    To you from failing hands we throw
    The torch; be yours to hold it high.
    If ye break faith with us who die
    We shall not sleep, though poppies grow
    In Flanders fields.

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    Himno a la Juventud Condenada

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    Anthem for Doomed Youth

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/2″][vc_column_text]

    ¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
    Sólo la rabia monstruosa de los cañones
    el rápido tartamudeo de los fusiles
    pueden rezarles una breve plegaria.

    Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
    ni voces de luto o salvas en coros,
    Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
    y clarines llamándolos desde dolientes condados.

    ¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
    No en sus manos de niños sino en sus ojos
    brillará la sagrada luz de los adioses.

    La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
    Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
    y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

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    What passing-bells for these who die as cattle?
          — Only the monstrous anger of the guns.
          Only the stuttering rifles’ rapid rattle
    Can patter out their hasty orisons.
    No mockeries now for them; no prayers nor bells;
          Nor any voice of mourning save the choirs,—
    The shrill, demented choirs of wailing shells;
          And bugles calling for them from sad shires.
    What candles may be held to speed them all?
          Not in the hands of boys, but in their eyes
    Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
          The pallor of girls’ brows shall be their pall;
    Their flowers the tenderness of patient minds,
    And each slow dusk a drawing-down of blinds.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

  • Surgimiento del Humanismo.

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       El término Humanismo lo podemos abarcar desde dos puntos de vista: uno general, que define de forma precisa un periodo cronológico de la historia;  otro en sentido lato, que define la exaltación de las actividades espirituales del hombre: la dignidad, el valor, la creatividad y su pensamiento. El humanismo hay que entenderlo como una actitud del hombre que decidió renovar los valores de la Antigüedad Clásica durante el siglo XIV y XV. Esa actualización tiene una única vía: el estudio de humanae litterae. La recuperación de las letras clásicas se considera como un ideal de vida, un modelo fundamental  y básico para la educación del hombre.

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       En las obras posteriores a Cristo se encuentran modelos ejemplares de un ser humano perfecto. En la Antigüedad Clásica el ser humano se desarrolló libre de ataduras teológicas dogmáticas, se educó básicamente para la vida terrena, alcanzado ese grado de perfección.

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       La perfección que debía alcanzar el ser humano de la época clásica coincide con la visión aportada por el Cristianismo. Esa espiritualidad, pilar fundamental del Cristianismo, se fundió con la corriente del Humanismo clásico, y permitió forjar un nuevo sentido de perfección humana. El medio para alcanzar la perfección no podía ser otro que el estudio y la comprensión de los textos primitivos, y para ello era necesario resucitar las lenguas clásicas. Por primera vez en la historia se dio importancia al texto base, excluyendo las traducciones, creando la antesala a una ciencia futura: la filología.

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       Se dio un giro de 180º tomando la Antigüedad como ideal para el presente. Fue tal la  importancia de la lengua clásica como medio para alcanzar el grado de perfección que se vio como una herramienta capaz de eliminar los velos para dejar al descubierto la verdad.

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       El humanismo no fue  un fenómeno que se presentó de manera repentina. El periodo de la Edad Media ha sido descrito erróneamente como un periodo de oscurantismo completo, donde la religión y la ignorancia campaban a sus anchas. Durante la Edad Media hubo muchos personajes que intentaron establecer la ideología humanista, personajes que reconocieron y supieron apreciar la importancia de los textos clásicos: San Agustín, denominado el Platón cristiano, San Gregorio Magno, San Ambrosio y San Jerónimo, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

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       Los Padres de la Iglesia consideraron que la utilidad de esos textos no era su conservación y estudio, sino su utilidad práctica, con enseñanzas atemporales que podían aplicarse a cualquier época.

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       Supieron apreciar la calidad de los textos clásicos viendo en ellos los cimientos sobre los que levantar el corpus del Cristianismo. Alcuino de York, consejero e intelectual al servicio de Carlomagno y principal exponente de la Escuela Palatina de Aquisgrán, supo ver en los textos antiguos un patrimonio de la humanidad.

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       A partir de Alcuino de York las artes liberales se convirtieron en el corpus del modelo educativo. Anteriormente a Alcuino, Martianus Capella había enumerado estas artes en el siglo V, y en el siglo VI Casiodoro las convirtió en la enciclopedia liberal. Se constituían de siete vías por las que se podía acceder a todo el conocimiento. Se componía del Trivium, una vía triple en la que se adquiría el conocimiento de la gramática, la dialéctica y la retórica; y el Quadrivium, la vía por la que se accedía a los conocimientos de la geometría, la aritmética, la astronomía y la música. Estas dos ramas de estudio si establecieron en el siglo XII con el nacimiento de las Universidades, a ello acompañó el arte románico y la recuperación del Derecho romano.

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       En el siglo XIV se impuso en los monasterios el estudio del griego clásico, además del latín culto; a su vez, se hizo obligatorio el estudio de las obras de los clásicos como Horacio, Virgilio, Cicerón, Ovidio, Lucano, Juvenal, Marcial, Salustio y Séneca, aunque de todos ellos, quien causó más admiración fue Virgilio.

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       Entre los docentes se impuso el estudio de estos autores. El estudio de estos autores llegó a tal entusiasmo que profesores y gramáticos de la época llegaron a considerar a la misma altura los evangelios y los versos de Horacio y Virgilio, incluso se llegó a admirar a los clásicos como si fuesen santos de la religión cristiana.

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       Los Padres de la Iglesia allanaron el camino que más tarde recorrerían personajes de la talla de Dante, Petrarca, Boccaccio, Bruni y Valla. El surgimiento del Humanismo no fue por tanto un hecho repentino, pues tuvo un sólido precedente. Todos los humanistas reconocieron su deuda con el periodo medieval, pero afirmaron que el Humanismo era un fenómeno novedoso ya que ellos renovaron gracias a los textos clásicos la vida, la política y la cultura de su tiempo.

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       Lo realmente innovador del Humanismo fue la nueva conciencia del individuo frente a los modelos precedentes. En primer lugar, se exigió que la filología tuviese un papel protagonista en el proceso de trasformación, entiendo la ciencia filológica como la búsqueda del texto idóneo, sin añadidos ni traducciones, hecho que sin embargo no tuvieron en cuenta los autores medievales. En segundo lugar la función de las materias no sólo como vía de conocimiento sino como modelo de vida, una vida completa que ayudase al ser humano a alcanzar la eterna meta, la felicidad, destacando la espiritualidad y la naturalidad de todo cuanto proporcionaban los autores clásicos. Fue así como los autores italianos del siglo XIV sintieron que los clásicos no habían quedado obsoletos, convirtiéndose en sus verdaderos contemporáneos.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

  • La poesía árabe clásica III: debate sobre su autenticidad.

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       Todos los textos que nos han llegado desde la época preislámica plantean un problema crucial: el problema de su autenticidad. Toda la producción cultural de la época preislámica, como hemos dicho ya en artículos anteriores, se transmitía oralmente y no se fijaron por escrito hasta finales de siglo VIII y durante todo el siglo IX. Esta labor fue llevada a cabo por la escuela de Kufa, Basora y Bagdad.

       El problema de la autenticidad fue un tema delicado a lo largo del siglo XIX, y se planteó de forma moderada. No fue hasta el año 1925 cuando David Samuel Margoliouth, profesor de lengua árabe en la Universidad de Oxford, rechazó categóricamente la autenticidad de la poesía árabe preislámica. Margoliouth afirmó que los poemas preislámicos se crearon para tratar de proyectar las nociones y los hechos islámicos a una época anterior, con la intención de eliminar su carácter pagano de la poesía que fue y es pilar central de la cultura arábigo-musulmana.

       Por ello Margoliouth pone en tela de juicio que existiese una literatura tan desarrollada y daba los siguientes motivos:

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    • La increíble ausencia de los ritos paganos. Blachère, en su obra Histoire de la littérature arabe: Des origines à la fin du XVe siècle de J.-C, señala que se debería a la expurgación de lo preislámico.
    • El hecho de que culturas más desarrolladas en la península arábiga no tenían ese grado de desarrollo cultural en la poesía.
    • No hay alusiones a obras escritas posteriores al siglo VIII.

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       El gran escritor egipcio Tāhā Husayn afirmó lo mismo acerca de la poesía preislámica, Fī-l-ši’r al-ȳāhilī. Puso en tela de juicio la piedra angular de la cultura arabigomusulmana, lo que le conllevó la destitución como rector en la Universidad de al-Azhar ya que el estudio de la poesía preislámica se había convertido en una ciencia uxiliar del Islam.

       Tāhā Husayn señaló en gran medida la tergiversación, la falsificación y la manipulación. Señala cómo los versos transmitidos por los grandes transmisores habían sido inventados por afán de lucro ya que los transmisores eran a su vez poetas, que conocían la poesía y podían componer versos, haciendo que el corpus literario fuese más de lo que quizás fue.

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       Este debate ha producido que posteriormente se tome con moderación las conclusiones y se tiende a admitir la autenticidad de los textos con reservas. Abdel Jalil, autor de Histoire de la littérature arabe, apunto con acierto que aunque la poesía hubiese sido falsificada, ese proceso de falsificación se habría producido a través de la imitación.

       James T. Monroe, en su obra Oral composition in pre-islamic petry, afirma que los textos conservados tienen todos los signos propios de una literatura transmitida oralmente y que no sufrió modificaciones significativas en su proceso de fijación como para afirmar que sea falsa.

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       La poesía árabe preislámica es un símbolo y un mito para los árabes, es un autentico monumento cultural dentro de la cultura arábigo-musulmana. Por lo tanto, el hecho de su autenticidad no deja de ser secundario. Joseph Ernest Renan afirmó:

    Los grandes monumentos de la poesía preislámica no perderían ni un ápice de su valor histórico y literario ni aun en el caso de que llegase a establecerse que no pueden ser invocados con validez en filología comparada y que no poeseemos en árabe ni un solo «testo di lingua» del todo fiable anterior a la redacción de El Corán. 

      Esta poesía ejerce una cuádruple función dentro de la cultura árabe: pilar de su literatura, pilar de la lengua clásica, pilar religioso y pilar político del nacionalismo árabe.

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  • La poesía árabe clásica II: la qasida.

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       La qasída podría haberse gestado en el siglo V, en la orilla este del Éufrates, a caballo entre el Imperio Persa y el Imperio Bizantino. El nacimiento de la qasida tuvo como consecuencia el perfeccionamiento de la poesía rimada, saȳ’. Este sistema prosódico fue registrado por el filólogo de la ciudad de Basora, al Jalīl ibn Ahmad, en el año 791, del siguiente modo:

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    • La longitud de la qasida es de 30 y 100 versos.
    • Los versos de la qasida están sujetos a una métrica basada en el encadenamiento de sílabas largas y breves, siendo su unidad básica el pie. El encadenamiento de determinados pies, siendo en total ocho, en determinada combinación forma el metro de la qasida. En total existen dieciséis metros registrados por al-Jalīl. Este tipo de prosodia podría haber nacido de la imitación del paso de los camellos. El camellero ajustaría el ritmo del verso al paso del camello. De esta forma nació el verso más simple, el raȳaz. Es muy común este tipo de verso en los poemas espontáneos e improvisados.
    • En la qasida cada verso se compone por dos hemistiquios separados por una cesura. Los dos hemistiquios del primer verso tienen la misma rima. Ello determinará el tipo de rima que tendrá el poema.
    • La qasida es monorrima, por ello se conoce cada casida por el nombre de la letra en que rima, de esta manera los poemas con rima lām se conoce por lāmiyya; los poemas con rima nūn se conoce por nūniyya, y así con el resto de letras.
    • Una de las características más conocidas de la qasida es su concisión y la comparación como recurso principal.

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       El contenido de la qasida es muy caracterísitco y reconocible. Está compuesta por tres partes: nasīb, rahīl madīh, y siempre se estructura en este orden. La primera parte, el nasīb, consiste en un prologo de carácter amoroso en el que el poeta expresa su lamento en presencia de los restos del campamento. Esos restos fueron abandonados por su amada en su desplazamiento por el desierto. La contemplación de estas ruinas le genera nostalgia, y el recuerdo lo lleva a realizar un retrato de la amada. Los restos del campamento se compara a los tatuajes o a las escrituras. La descripción de las ruinas, como la descripción de la amada, se sujeta a estereotipos fijados que se repiten continuamente, llegando a convertirse en un cliché con los siglos.  Es por eso que la amada tendrá un talle fino y una caderas destacables, mirada lánguida y cuello esbelto. Por lo general la mujer en este tipo de poemas no es una mujer en sí, sino que se trata de una evocación de los deseos.

       El Rahīl es la segunda partte de la qasida. En esta parte se describe el viaje que realiza el poeta en pos de su amada. El poeta viaja a través del desierto, dotando al paisaje de vida, animándolo como un lienzo, con descripciones de incursiones armadas, cacería y ruinas del desierto. Los animales que más se describen en este tipo de poesía son el camello y el caballo, y como animales salvajes a los ónix y onagros, chacales, vacas, avestruces y leones.
    Cabe precisar que en esta segunda parte de la qasida, cuya longitud es mayor, la descripción es minuciosa y documentada. Es curioso ver cómo en este tipo de poesías el poeta se dirige al camello como safīnat al-barr, «navío del desierto». Del mismo modo la presencia de topónimos, como oasis, cerros, etc… son abundantes.

       El Madīh, la tercera y última parte de la qasida, es una loa o panegírico dedicado al mecenas o señor de turno. Este tipo de panegíricos tienen como función perpetuar su protección, ya sea económica o política. Este tipo de virtudes se reúnen bajo un modelo de comportamiento llamado : muruwwa, «La hombría», que incluye la generosidad, magnanimidad, la fortaleza ante la adversidad y la bravura. Es muy común ver cómo se compara al guerrero con el león y la generosidad con la lluvia. En algunos poemas, a veces incluso aparece ambas partes, puede verse la Hiȳā, «la sátira», dirigida contra los enemigos del mecenas.

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       El famoso filólogo, Ibn Qutayba, que vivió en la Bagdad del siglo IX, afirmaba que el poeta por excelencia era aquel que sabía mantener el equilibro entre las distintas partes del poema y pasar de una parte a otra de forma natural, sin brusquedad.
    Como tema omnipresente a lo largo de toda la qasida aparece la jactancia, fajr, del propio poeta y el elogio a las cualidades de su tribu. Por último, como característica fundamental de la qasida, cabe reflejar la independencia semántica y sintáctica de cada verso. El verso es autónomo y autosuficiente, por eso cuando se cita una parte del poema no pierde sentido. Esta es una característica que añade mayor dificultad a la qasida por razones obvias.

       La temática de las mu’allaqat abarcan temas báquicos, cinegéticos y amorosos, y se trabajó de tal forma que a partir del siglo VIII se convirtieron en géneros completamente independientes (jamriyya, tardiyya y gazal). Además, otro de los temas que trabajaron los poetas «longevos», mu’ammarūn, es el de la hikma. La hikma  es una sentencia de carácter sapiencial, concisa, con reflexiones sobre el porvenir de los hombres y el sentido de la vida.

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  • La poesía árabe clásica. (1)

     La aptitud poética fue considerada en el mundo árabe clásico como un don natural. Ello hizo de la poesía árabe en época preislámica, en el siglo V, hasta el siglo XIX, el género literario por antonomasia.

       Los testimonios medievales afirmaron que la poesía era para los árabes un registro, una forma de archivar su conocimiento. En la época de la colonización los árabes conocieron nuevos géneros literarios como el teatro y la novela.

       La poesía en el mundo árabe fue un instrumento de aprendizaje del conocimiento general. No sólo se enfocaba a las disciplinas filológicas, como la lexicología o la gramática, sino que también abarcaba la Historia, las disciplinas filosóficas y el estudio geográfico.

       Es por ello que no debe resultar extraño cuando estamos ante un texto medieval árabe verlo escrito en verso. En muchas ocasiones se atribuye la autoría de estos versos a la mitología islámica y vemos cómo un dīwān puede ser atribuido a ‘Alī ibn Abī Ṭālib, el yerno del profeta, el último de los cuatro califas ortodoxos, al rāšidūn, y cuyos seguidores dieron nombre a un grupo dentro del Islam, la šī’a; o también podemos ver versos atribuidos al primer hombre que existió según la mitología islámica y cristiana, como es Adán.

       La poesía árabe tiene su origen en la época preislámica, sigo V hasta principios del siglo VII. Este periodo árabe es conocido como la Ȳahiliyya, que significa “ignorancia” o “barbarie”. Se denominó así porque en aquella época la doctrina islámica no había sido revelada.

       En la época de la Ȳahiliyya se pensaba que el poeta estaba dotado de un poder sobrenatural y que la magia manaba de sus palabras. Por este motivo se denomina anšada, que significa “murmurar conjuros” o “recitar”. Al poeta se lo equiparaba al adivino. Tanto el poeta como el adivino estaban inspirados por los Yins, genios del desierto, y se les consultaba antes de marchar a una guerra o realizar una expedición. A ello hay que añadir que el poeta ejercía la función de portavoz de su tribu. Defendía el honor con sus versos.

       En el siglo VI los árabes tenían una cultura poética muy consolidada y su poesía era de una gran complejidad prosódica, así que es de suponer que contaban con unos antecedentes que hoy en día desconocemos.  La poesía se usaba así mismo como un arma en las justas que se desarrollaban en celebraciones, en los meses sagrados, en las ferias comerciales, destacando la feria de ʿUkāẓ, cerca de la Meca, que se celebraba coincidiendo con los ritos de circunvalación a la Ka’aba. El rito de la Ka’aba es preislámico, en el templo, velado por velos negros, se esconde la piedra sagrada que los árabes veneraban desde antes de la llegada del profeta. El profeta, como político que era, tuvo el buen criterio de incorporar el rito al Islam como un elemento que anexionador.

       En la feria celebrada en la Meca los poetas se batían en duelos con sus versos para alcanzar el premio. Los poemas ganadores recibían el nombre de mu’allaqāt, “colgadas”, pues los poemas ganadores, según la tradición literaria, se colgaban en los velos del templo de la Ka’aba, escritos en letras de oro, por ello reciben también el nombre de mudahhabat, “doradas”.

       A nuestros días han llegado varias poemas gracias a una antología poética que recoge a siete autores de mu’allaqāt: Imru’l-Qays, Tarafa, Zuhayr, Labīd, ‘Amr ibn Kultūm, ‘Antara y ibn Hilliza.

       Muchos poemas se han perdido ya que la poesía árabe se transmitía de forma oral. Cada poeta tenía un discípulo que aprendía los poemas de memoria. Así aprendía la poesía hasta que adquiría la capacidad del poeta y podía partir por sí mismo, convirtiéndose en poeta. Así se establecían cadenas de transmisión poéticas. Así el poeta tenía que entrenar el oído y la memoria, cuantos más poemas aprendiese mejor poeta sería. En ese sentido, el poeta árabe no nace, se hace.

       La poesía de estos poetas reflejaba con fidelidad su entorno, era realista y su misión era la misma que la de un pintor, mostrar a través de su arte la realidad. Esta poesía estaría profundamente marcada por el nomadismo, el pillaje, la guerra, el honor y el binomio del bien y el mal.

       Todos los poemas de la época preislámica forjarían el prototipo de la poesía por excelencia, denominada en árabe qasīda. Alcanzó tal idealización la estructura poética que hasta nuestros días se mantuvo incorrupta.

  • Anécdota de Ramón María del Valle-Inclán

    Nuestro querido escritor Ramón María del Valle-Inclán, definido por Primo de Rivera como «eximio escritor y extravagante ciudadano», fue multado en cierta ocasión con 250 pesetas por realizar unos comentarios jocosos sobre el Régimen.  Es conocida la tozudez de nuestro querido escritor, así que, como cabía de esperar, no puso las cosas fáciles y se negó a abonar la multa. Al no pagar la cantidad exigida por las autoridades recibió una visita en su casa para ser detenido y trasladarle a la prisión.

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