• Enemistad entre Unamuno y Modesto Pérez

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       Es muy común ver entre escritores roces, pero la enemistad entre Unamuno y Modesto Pérez fue mordaz. Un día, al llegar a la Universidad de Salamanca, a punto de iniciar sus quehaceres, se encontraron a Unamuno clamando a todos los demonios hacia su compañero Modesto Pérez, quien de forma anónima publicó intimidades y anécdotas en un libro que caricaturiza en algunas de sus partes al escritor salmantino. Al inicio del capítulo primero se puede leer una crítica de Modesto Pérez hacia el título de un libro: Miguel de Unamuno y Ángel Ganivet.

       ¡Miguel de Unamuno y Ángel Ganivet! Más justo hubiera sido y más reverente mencionar al vivo después que al muerto, y no antes. ¿Quién dicto la portada? Antes de mí, nadie; después de mí, nada. Así, ha escrito con verdad Benavente, sintetizaría D. Miguel de Unamuno la historia de la literatura española.

       «Como no hay quien me ponga sobre Ganivet –se ha dicho a sí mismo el ex rector de la Universidad salmantina-, voy a no cansarme de repetir que valía menos que yo, a ver si, en fuerza de repetirlo, hay quien llegue a creerlo.»

       Dicha enemistad quedo reflejada en la obra de Modesto Pérez, quien bajo el nombre de Julián Sorel, publicó la obra Los hombres del 98: Unamuno.

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    Con las manos en la masa.

       Unamuno gasta diariamente gran cantidad de miga de pan con que hacer bolas y sobarlas. Para consumir energía, que dice que le sobra, siempre está con las manos en la masa. Cada bolsillo de D. Miguel es una tahona. Se trata de tales despilfarros que va a ser necesaria la intervención de la Junta de Subsistencias.

    Unamuno y los ajos crudos.

       Durante una comida que dio el vicecónsul español, Unamuno sorprendió a todos cuando llamó al camarero y dijo:

       — ¿Quiere usted algo, don Miguel? –le preguntó el diplomático Sánchez Ocaña.

       — Sí, quiero que me traigan un ajo crudo.

       — ¿Cómo? ¿Un ajo crudo? –dijo extrañado.

       — Sí, un ajo crudo… En todas las comidas tomo un ajo crudo.

    Del dicho al hecho.

       La baraja la inventaron unos tontos, que, no teniendo ideas que cambiar, inventaron cartones que cambiar. Unamuno no se cansa de repetir esta frase de Schopenhauer. Pero juega al tresillo.

    El primero en todo.

       Hume, el célebre historiador inglés (nacido en Madrid, en la calle del Caballero de Gracia), le preguntó, en Salamanca, a Unamuno:

       — ¿Cuál es el mejor dibujante de esta ciudad?

       — El mejor dibujante de Salamanca y de España soy yo –le respondió D. Miguel.

       Y Hume, a pesar de su opinión de que cada español se cree un genio… se quedó de una pieza.

    Coqueterías

       Espejo de achatamiento, doblez, mentira y  ramplonería ha llamado Unamuno a la Prensa. Pero él no dejad e mirarse en ese espejo.

    Las buenas maneras.

       — Tengo el gusto de presentarte, amigo Miguel, esta señorita, que, como ves, es muy hermosa.

       — Sí; un hermoso animal.

       — ¿Qué es lo que dices?

       Que todo eso no es más que a expensas del desarrollo del espíritu.

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  • Los Códice Madrid I-II

    España puede sentirse orgullosa de tener entre sus tomos uno de los mayores tesoros de la cultura europea. La Biblioteca Nacional de Madrid tiene entre sus tomos los Códice Madrid I-II. ¿Cómo han llegado a España? La desinformación, el desinterés y la casualidad, quisieron que contásemos con dos tomos de un valor cultural incalculable.

    Uno de los mayores méritos que ha tenido Leonardo da Vinci es que ha legado a la humanidad una cultura de un valor incalculable. Sus trabajos en el mundo de la ciencia y la ingeniería, además de las artes humanísticas como la pintura, escultura, escritura, botánica, filosofía, música y urbanismo fueron muy avanzados para su época. Por desgracia, tras su muerte, todos sus manuscritos fueron pasando de mano en mano, por lo que la cultura europea se vio muy poco beneficiada de las ideas del artista florentino.

    Es sabido que dejó por testamento que tras su muerte todos sus manuscritos fuesen heredados por su discípulo más fiel, Francesco Melzi, que le siguió en todo el peregrinaje que hizo Leonardo por Francia e Italia.

    ¿Cómo llegó entonces a dispersar tanto la obra del artista? Con la muerte de Francesco Melzi, quien conservó toda la obra en su casa de Vaprio d’Adda, toda la obra pasó a manos de su hijo Orazio Melzi. Este, al no ver ningún interés en la obra, la arrinconó en un granero.

    Lelio Gavardi, preceptor de los Melzi, se apoderó de los 13 cuadernos que tenía Orazio Melzi, y se los llevó a la Florencia, para ofrecérselos a los Médicis con la esperanza puesta en obtener una gran suma de dinero. Pero de forma inaudita, el consejero del Duque dijo “Nada de esto podría interesar a Vuestra Excelencia.” No pudiendo realizar la venta, y viendo que con ese material no haría fortuna, Gavardi le pidió a su amigo Ambrogio Mazzenta, que devolviera las obras a Orazio Melzi. Pero Orazio Melzi no cambió de parecer, y no renovó ningún interés por las obras, así que regaló las obras por las molestias a Mazzenta, quien escribió en sus memorias “se asombró de que me hubiera tomado tales molestias y me regaló los libros”.

    Fue en ese momento cuando entra en escena una persona importante para nuestra historia, Pompeo Leoni, quien trabajaba para la corte del rey Felipe II de España como escultor. Leoni mostró gran interés por los manuscritos y prometió protección y favores personales a cambio de que le cediesen una gran parte de la obra, así mismo consiguió 10 de los 13 cuadernos que Orazio Melzi regaló a Mazzenta.

    Pompeo Leoni, deseoso de dar una visión más atractiva a los documentos, desmembró varios cuadernos para reagrupar sus páginas en varios grandes volúmenes. Esta “restauración” modificó por completo los volúmenes, borrando todo rastro de la distribución original de Leonardo da Vinci.

    Unos pocos cuadernos fueron cedidos a  Felipe II, quedándose para sí gran parte del resto. Con su muerte estos pasaron a Polidoro Calchi, yerno y heredero de Leoni. Calchi se dedicó a vender los cuadernos. Sus compradores fueron el Conde Faleazzo Arconati; Thomas Howard, Conde Arundel.

    Los Códice Madrid I-II

    Con el descubrimiento de los dos manuscritos de Leonardo da Vinci en la Biblioteca Nacional de Madrid se abrió un nuevo capítulo en la historia del pensamiento y la obra de Leonardo da Vinci.

    Estos dos tomos reflejan el pensamiento y los estudios que Leonardo da Vinci realizó sobre el arte, la mecánica, la geometría, la hidrología, la anatomía, la meteorología y el vuelo de las aves. En sus estudios nos ofrece una visión de las dinámicas y las leyes que las rigen, además de una rica descripción de los elementos de la naturaliza.

    Los dos volúmenes han incrementado en unas 700 páginas, de un total de 6.000 que se conocen en la actualidad. Estos dos manuscritos se sitúan entre los años 1491 a 1505, los más fecundos de Leonardo.

    El Códice I es una obra homogénea en el contenido, en donde se habla exclusivamente de la mecánica. Por otra parte, el Códice II, trata sobre una gran variedad de temas, en su mayoría relacionados con el arte.

    El descubrimiento

    La casualidad y el destino son caprichosos. Un día como otro cualquiera del año 1967, Jules Piccus, experto en literatura castellana medieval en la Universidad de Massachusetts, mientras investigaba los cancioneros castellanos, preguntó en la biblioteca si entre los documentos había alguno que tuviese un salto entre varias signaturas, y un funcionario de la Biblioteca Nacional, inocentemente y con total desconocimiento le puso dos tomos sobre la mesa. Cuál sería la sorpresa y el asombro de Jules Piccus cuando en la página 9 vio esto:

    La noticia corrió como la pólvora llegando a los máximos expertos sobre Leonardo da Vinci. Fue Ladislao Reti, que por aquellos años era uno de los máximos expertos en la obra de Leonardo, quien en la sala de prensa del hotel Boston, confirmó la autenticidad de los mismos.

    Tras ello hubo un gran revuelo, y se exigió responsabilidades. Miguel Bordonau, quien por aquel entonces era el director de la Biblioteca Nacional, dio una rueda de prensa, intentando salir airoso, sin mucho éxito, de la avalancha de preguntas. En una de sus declaraciones afirmó que “no se trataba estrictamente de un descubrimiento, sino de un hallazgo afortunado”. Según el director, ya se sabía de la existencia de los manuscritos, sólo que estaban “traspapelados”. Al final, tanto el director de la biblioteca como el subdirector fueron cesados.

  • Poetas en la Primera Guerra Mundial.

    Afortunados aquellos que han podido vivir Londres un 11 de noviembre. Las calles se llenan de personas con una flor roja en la solapa, y si alguno no la tiene no faltará el buen samaritano que le ofrezca una sin reservas. La flor que llevan es una pequeña amapola que conmemora el armisticio de la I Guerra Mundial, en memoria de la sangre derramada por aquellos jóvenes que sacrificaron su vida por la libertad. Su muerte privó al resto de la humanidad de unas mentes brillantes como la de  Charles Pierre Péguy, Alain-Fournier, Rupert Brooke, François Faber o William Noel Hodgson, entre otros. La amapola también simboliza la belleza que crece en medio del terror, pues así lo vieron aquellos jóvenes valientes que lucharon en el frente de Bélgica en la primavera de 1915, y así lo reflejaron poetas jóvenes que dejaron su vida en el fango de la trinchera.

       La idea de llevar una amapola en el pecho se debe a la secretaria de la Asociación Cristiana de Jóvenes de Nueva York, Moina Belle Michael. Antes del armisticio del 11 de noviembre de 1918 la secretaria tuvo la ocasión de leer el poema We shall no sleep (no podremos dormir), conocido por todo el mundo como In Flanders fields (En los campos de Flandes), del médico canadiense John McCrae, quien falleció a principios del año 1918 a causa de una neumonía.

       El poema «In Flanders Fields», escrito en mayo de 1915, durante la batalla de Ypres, no ha perdido su fuerza un siglo después. La idea romántica de la lucha contra el tirano contrasta con la realidad de la trinchera, donde el miedo, el fango, la sangre, la lluvia, los insectos y el hambre son los peores enemigos. Entre las trincheras se encontraban aspirantes a ser coronados por laurel y quienes no tuvieron la ocasión de llevarse su reconocimiento en vida, tan sólo a título póstumo. En medio de todo el terror nació un estilo poético fruto del conflicto bélico. Cuando comenzó La Gran Guerra, los poemas estaban llenos de alegorías patrióticas y de idealismo, pero tras ver cómo sus hermanos de trinchera caían, el deber pasaba a un segundo plano, y lo único importante era cubrir las espaldas del soldado que tenías a izquierda y a derecha. Fue entonces cuando en medio del fragor de la batalla nació el estilo poético antibélico.

       Entre los poetas antibélicos destacaron Wilfred Owen, enrolado en octubre de 1915, quien falleció una semana antes de que se firmase el armisticio; y John Alexander McCrae, poeta canadiense quien por una neumonía. La poesía de Wilfred Owen refleja el terror, el sufrimiento, el dolor y la agonía. En sus poemas se refleja la idea de cómo una juventud muy valiosa estaba siendo sacrificada inútilmente. Entre sus poemas, el más conocido es Himno a la juventud condenada, en donde resalta la guerra y el asesinato calculado, reflejando la falta de espiritualidad en los campos de batalla.

       Hay una obra capital para aquellos que quieran leer más acerca sobre los poetas en las trincheras “Tengo una cita con la muerte”, una antología de poetas que murieron en la I Guerra Mundial. Esta obra arranca con una cita de este poeta:

    «Sobre todo no estoy preocupado por la poesía. Me ocupo de la guerra, y de la pena de la guerra. La poesía está en la pena.»

       Los mejores poemas de Owen fueron escritos en un cuarto que alquiló cerca del campo de entrenamiento militar en Ripon, North Yorkshire, y fue un 4 de noviembre de 1918 cuando fue abatido por los alemanes en la localidad de Ors, cuanto intentaba cruzar el canal en una operación.

       Es una pena que esta poesía no haya tenido el reconocimiento que merece. Tardo muchos años en ser reconocida por los críticos literarios, no fue hasta el año 1964 cuando vio la luz la primera antología poética.

       El otro gran poeta antibélico fue John Alexander McCrae, médico militar y poeta de origen canadiense, quien realizó su servicio en un hospital de campaña. Su poema más conocido In Flanders Fields fue escrito tras asistir al funeral de Alexis Herlmer, su compañero. En ese poema hace mención a las amapolas que crecían en las tumbas de los soldados que fallecieron en la Gran Guerra

    En los Campos de Flandes

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    In Flanders Fields

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    En los campos de Flandes
    crecen las amapolas.
    Fila tras fila
    entre las cruces que señalan nuestras tumbas.
    Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,
    escasamente oída por el ruido de los cañones.

    Somos los muertos.
    Hace pocos días vivíamos,
    cantábamos, amábamos y eramos amados.
    Ahora yacemos en los campos de Flandes.
    Contra el enemigo continuad nuestra lucha,
    tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos agotadas.

    Mantenerla en alto.
    Si faltáis a la fe de nosotros muertos,
    jamás descansaremos,
    aunque florezcan
    en los campos de Flandes,
    las amapolas.

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    In Flanders fields the poppies blow
    Between the crosses, row on row,
    That mark our place; and in the sky
    The larks, still bravely singing, fly
    Scarce heard amid the guns below.

    We are the Dead. Short days ago
    We lived, felt dawn, saw sunset glow,
    Loved and were loved, and now we lie
    In Flanders fields.

    Take up our quarrel with the foe:
    To you from failing hands we throw
    The torch; be yours to hold it high.
    If ye break faith with us who die
    We shall not sleep, though poppies grow
    In Flanders fields.

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    Himno a la Juventud Condenada

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    Anthem for Doomed Youth

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    ¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
    Sólo la rabia monstruosa de los cañones
    el rápido tartamudeo de los fusiles
    pueden rezarles una breve plegaria.

    Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
    ni voces de luto o salvas en coros,
    Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
    y clarines llamándolos desde dolientes condados.

    ¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
    No en sus manos de niños sino en sus ojos
    brillará la sagrada luz de los adioses.

    La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
    Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
    y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

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    What passing-bells for these who die as cattle?
          — Only the monstrous anger of the guns.
          Only the stuttering rifles’ rapid rattle
    Can patter out their hasty orisons.
    No mockeries now for them; no prayers nor bells;
          Nor any voice of mourning save the choirs,—
    The shrill, demented choirs of wailing shells;
          And bugles calling for them from sad shires.
    What candles may be held to speed them all?
          Not in the hands of boys, but in their eyes
    Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
          The pallor of girls’ brows shall be their pall;
    Their flowers the tenderness of patient minds,
    And each slow dusk a drawing-down of blinds.

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  • Surgimiento del Humanismo.

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       El término Humanismo lo podemos abarcar desde dos puntos de vista: uno general, que define de forma precisa un periodo cronológico de la historia;  otro en sentido lato, que define la exaltación de las actividades espirituales del hombre: la dignidad, el valor, la creatividad y su pensamiento. El humanismo hay que entenderlo como una actitud del hombre que decidió renovar los valores de la Antigüedad Clásica durante el siglo XIV y XV. Esa actualización tiene una única vía: el estudio de humanae litterae. La recuperación de las letras clásicas se considera como un ideal de vida, un modelo fundamental  y básico para la educación del hombre.

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       En las obras posteriores a Cristo se encuentran modelos ejemplares de un ser humano perfecto. En la Antigüedad Clásica el ser humano se desarrolló libre de ataduras teológicas dogmáticas, se educó básicamente para la vida terrena, alcanzado ese grado de perfección.

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       La perfección que debía alcanzar el ser humano de la época clásica coincide con la visión aportada por el Cristianismo. Esa espiritualidad, pilar fundamental del Cristianismo, se fundió con la corriente del Humanismo clásico, y permitió forjar un nuevo sentido de perfección humana. El medio para alcanzar la perfección no podía ser otro que el estudio y la comprensión de los textos primitivos, y para ello era necesario resucitar las lenguas clásicas. Por primera vez en la historia se dio importancia al texto base, excluyendo las traducciones, creando la antesala a una ciencia futura: la filología.

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       Se dio un giro de 180º tomando la Antigüedad como ideal para el presente. Fue tal la  importancia de la lengua clásica como medio para alcanzar el grado de perfección que se vio como una herramienta capaz de eliminar los velos para dejar al descubierto la verdad.

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       El humanismo no fue  un fenómeno que se presentó de manera repentina. El periodo de la Edad Media ha sido descrito erróneamente como un periodo de oscurantismo completo, donde la religión y la ignorancia campaban a sus anchas. Durante la Edad Media hubo muchos personajes que intentaron establecer la ideología humanista, personajes que reconocieron y supieron apreciar la importancia de los textos clásicos: San Agustín, denominado el Platón cristiano, San Gregorio Magno, San Ambrosio y San Jerónimo, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

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       Los Padres de la Iglesia consideraron que la utilidad de esos textos no era su conservación y estudio, sino su utilidad práctica, con enseñanzas atemporales que podían aplicarse a cualquier época.

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       Supieron apreciar la calidad de los textos clásicos viendo en ellos los cimientos sobre los que levantar el corpus del Cristianismo. Alcuino de York, consejero e intelectual al servicio de Carlomagno y principal exponente de la Escuela Palatina de Aquisgrán, supo ver en los textos antiguos un patrimonio de la humanidad.

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       A partir de Alcuino de York las artes liberales se convirtieron en el corpus del modelo educativo. Anteriormente a Alcuino, Martianus Capella había enumerado estas artes en el siglo V, y en el siglo VI Casiodoro las convirtió en la enciclopedia liberal. Se constituían de siete vías por las que se podía acceder a todo el conocimiento. Se componía del Trivium, una vía triple en la que se adquiría el conocimiento de la gramática, la dialéctica y la retórica; y el Quadrivium, la vía por la que se accedía a los conocimientos de la geometría, la aritmética, la astronomía y la música. Estas dos ramas de estudio si establecieron en el siglo XII con el nacimiento de las Universidades, a ello acompañó el arte románico y la recuperación del Derecho romano.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

       En el siglo XIV se impuso en los monasterios el estudio del griego clásico, además del latín culto; a su vez, se hizo obligatorio el estudio de las obras de los clásicos como Horacio, Virgilio, Cicerón, Ovidio, Lucano, Juvenal, Marcial, Salustio y Séneca, aunque de todos ellos, quien causó más admiración fue Virgilio.

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       Entre los docentes se impuso el estudio de estos autores. El estudio de estos autores llegó a tal entusiasmo que profesores y gramáticos de la época llegaron a considerar a la misma altura los evangelios y los versos de Horacio y Virgilio, incluso se llegó a admirar a los clásicos como si fuesen santos de la religión cristiana.

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       Los Padres de la Iglesia allanaron el camino que más tarde recorrerían personajes de la talla de Dante, Petrarca, Boccaccio, Bruni y Valla. El surgimiento del Humanismo no fue por tanto un hecho repentino, pues tuvo un sólido precedente. Todos los humanistas reconocieron su deuda con el periodo medieval, pero afirmaron que el Humanismo era un fenómeno novedoso ya que ellos renovaron gracias a los textos clásicos la vida, la política y la cultura de su tiempo.

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       Lo realmente innovador del Humanismo fue la nueva conciencia del individuo frente a los modelos precedentes. En primer lugar, se exigió que la filología tuviese un papel protagonista en el proceso de trasformación, entiendo la ciencia filológica como la búsqueda del texto idóneo, sin añadidos ni traducciones, hecho que sin embargo no tuvieron en cuenta los autores medievales. En segundo lugar la función de las materias no sólo como vía de conocimiento sino como modelo de vida, una vida completa que ayudase al ser humano a alcanzar la eterna meta, la felicidad, destacando la espiritualidad y la naturalidad de todo cuanto proporcionaban los autores clásicos. Fue así como los autores italianos del siglo XIV sintieron que los clásicos no habían quedado obsoletos, convirtiéndose en sus verdaderos contemporáneos.

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  • La poesía árabe clásica III: debate sobre su autenticidad.

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       Todos los textos que nos han llegado desde la época preislámica plantean un problema crucial: el problema de su autenticidad. Toda la producción cultural de la época preislámica, como hemos dicho ya en artículos anteriores, se transmitía oralmente y no se fijaron por escrito hasta finales de siglo VIII y durante todo el siglo IX. Esta labor fue llevada a cabo por la escuela de Kufa, Basora y Bagdad.

       El problema de la autenticidad fue un tema delicado a lo largo del siglo XIX, y se planteó de forma moderada. No fue hasta el año 1925 cuando David Samuel Margoliouth, profesor de lengua árabe en la Universidad de Oxford, rechazó categóricamente la autenticidad de la poesía árabe preislámica. Margoliouth afirmó que los poemas preislámicos se crearon para tratar de proyectar las nociones y los hechos islámicos a una época anterior, con la intención de eliminar su carácter pagano de la poesía que fue y es pilar central de la cultura arábigo-musulmana.

       Por ello Margoliouth pone en tela de juicio que existiese una literatura tan desarrollada y daba los siguientes motivos:

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    • La increíble ausencia de los ritos paganos. Blachère, en su obra Histoire de la littérature arabe: Des origines à la fin du XVe siècle de J.-C, señala que se debería a la expurgación de lo preislámico.
    • El hecho de que culturas más desarrolladas en la península arábiga no tenían ese grado de desarrollo cultural en la poesía.
    • No hay alusiones a obras escritas posteriores al siglo VIII.

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       El gran escritor egipcio Tāhā Husayn afirmó lo mismo acerca de la poesía preislámica, Fī-l-ši’r al-ȳāhilī. Puso en tela de juicio la piedra angular de la cultura arabigomusulmana, lo que le conllevó la destitución como rector en la Universidad de al-Azhar ya que el estudio de la poesía preislámica se había convertido en una ciencia uxiliar del Islam.

       Tāhā Husayn señaló en gran medida la tergiversación, la falsificación y la manipulación. Señala cómo los versos transmitidos por los grandes transmisores habían sido inventados por afán de lucro ya que los transmisores eran a su vez poetas, que conocían la poesía y podían componer versos, haciendo que el corpus literario fuese más de lo que quizás fue.

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       Este debate ha producido que posteriormente se tome con moderación las conclusiones y se tiende a admitir la autenticidad de los textos con reservas. Abdel Jalil, autor de Histoire de la littérature arabe, apunto con acierto que aunque la poesía hubiese sido falsificada, ese proceso de falsificación se habría producido a través de la imitación.

       James T. Monroe, en su obra Oral composition in pre-islamic petry, afirma que los textos conservados tienen todos los signos propios de una literatura transmitida oralmente y que no sufrió modificaciones significativas en su proceso de fijación como para afirmar que sea falsa.

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       La poesía árabe preislámica es un símbolo y un mito para los árabes, es un autentico monumento cultural dentro de la cultura arábigo-musulmana. Por lo tanto, el hecho de su autenticidad no deja de ser secundario. Joseph Ernest Renan afirmó:

    Los grandes monumentos de la poesía preislámica no perderían ni un ápice de su valor histórico y literario ni aun en el caso de que llegase a establecerse que no pueden ser invocados con validez en filología comparada y que no poeseemos en árabe ni un solo «testo di lingua» del todo fiable anterior a la redacción de El Corán. 

      Esta poesía ejerce una cuádruple función dentro de la cultura árabe: pilar de su literatura, pilar de la lengua clásica, pilar religioso y pilar político del nacionalismo árabe.

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