• Mitos y leyendas de la península: La cruz del Diablo.

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       La cruz del Diablo.

     El norte de España es un lugar donde la modernidad y la leyenda conviven en extraña armonía. Sus paisajes y sus montañas son morada de leyendas y mitos que han ido pasando por tradición oral de generación en generación. Los Pirineos se presentan como un imponente muro que se levanta impasible, mostrándose como una ola a punto de romper. El clima, la montaña y el misterio, así se resume el Pirineo.

       Hay una leyenda que se ha mantenido como testigo inmortal con el paso del tiempo gracias al danzar de la pluma de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta y cronista de su tiempo. El escritor del romanticismo pasó un verano en la fonda Cal Penató en Bellver de Cerdaña, donde una pequeña placa conmemorativa nos recuerda el paso del poeta del romanticismo.

       Las solitarias calles de Bellver fueron cómplices del poeta. Entre sus callejones y esquinas el poeta paseó cavilando sobre la pluma y el papel. Aun hoy en día uno puede imaginarse al poeta caminando. En esas calles el poeta escribió una leyenda que estremece a los habitantes pirenaicos.

       Esa leyenda llevó a la inmortalidad a las ruinas del castillo, la torre de la prisión y a San Martí dels Castells. Gracias a Bécquer, Bellver de Cerdeña permanece en la memoria de todos.

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       La leyenda

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       Dice la leyenda que en Bellver de Cerdaña, una población del Pirineo, vivía un señor feudal quien era conocido como el señor de Urgellet o señor del Segre. Tenía fama de tirano y cruel con sus súbditos, a quienes los tenia atemorizados y doblegados constantemente. Un día, el señor de Urgellet marcha para unirse a la batalla contra los árabes. Para asegurarse la victoria el señor vende su alma al diablo. A los años el señor regresa a sus tierras reclamando sin miramientos los diezmos atrasados a sus siervos. La cantidad que exigía el señor era impagable y a causa de ello el pueblo entra en cólera. Al amparo de la noche, los siervos deciden atacar al señor feudal, tomando por sorpresa el castillo y dando muerte al tirano.

       La calma reinó durante unos años en Bellver de Cerdaña, pero un día empiezan a suceder hechos extraños. El rebaño y sus pastores comienzan a desaparecer o al amanecer se encuentran sus cadáveres, incluso durante las noches podía verse luces en el antiguo castillo. Todos en el pueblo pensaban que eran bandidos, pero ninguno se atrevía a hacerles frente.

       Un día la insolencia de los bandidos llega a tal punto que asaltan la casa de uno de los aldeanos. Sus vecinos acuden en su ayuda, iniciándose por las calles una lucha armada. Uno de los bandidos es herido de muerte y el pueblo le arranca una confesión. El bandido les dijo que eran un grupo de asaltadores dirigidos por un hombre al que nunca han visto ya que siempre va con una armadura y un yelmo. Nunca se le ha visto el rostro, nunca come, y su crueldad hacia las personas tiene atemorizados a los propios bandidos.

       Atemorizados, los habitantes del pueblo acuden a un viejo anacoreta para pedirle consejo cobre qué hacer. El viejo les cuenta cómo en el pasado, una noche el pueblo atacó al señor de Urgellet, dándole muerte al amparo de la noche. El pueblo decidió que harían lo mismo. Esperaron al amparo de la noche. Armados con hoces y hachas, mientras los bandidos dormían, asaltaron el castillo. El único que puso resistencia fue el jefe de los bandidos, como si estuviese en contaste vigilia.

       Fuera quien fuese aquel jefe, todos fueron apresados  llevados a juicio. El tribunal, compuesto por gente de confianza de Urgel, le pide al jefe que se descubra, pero este se mantiene inmutable, sin mediar palabra. Ante la insistencia de los jueces, un alguacil se acerca al detenido y le levanta el yelmo, para dejar al descubierto el rostro del jefe. En la sala sólo se escuchó el grito de terror al descubrir que tras el yelmo no había rostro alguno. Todos los habitantes del pueblo abandonan aterrados el juicio. Los jueces disponen prisión para todos, dejando en una celda apartada al cabeza de los bandidos.

       Mientras esperan veredicto, el alcaide de la prisión, al escuchar la historia, decide verlo con sus propios ojos. Entró a la celda y descubrió el rostro del líder de los bandidos, pero no existe tal rostro. En ese momento, la armadura se lanza decidida sobre el alcaide consiguiendo reducirle y escapando de su cautiverio.

       Los jueces mandan a todas sus fuerzas a apresar de nuevo al preso fugado. Pasados los días es detenido de nuevo. El anacoreta les dijo que quien se ocultaba detrás del yelmo era el antiguo señor de Urgellet, quien vagaba en pena al haber vendido su alma al diablo. Se convino que la armadura fuese fundida y que se convirtiese en una cruz. Para asegurarse de que el reo no se escapase, se dispuso que la armadura fuese repartida entre todos los vecinos de la población, y con gran resistencia así se hizo.

       El día de la ejecución, los vecinos de Bellver formaron una fila en la puerta de la herrería, cada uno con su trozo de armadura, arrojándolo a las fraguas. Cada trozo que era arrojado al fuego producía un horrible alarido que hacía que los habitantes se sobrecogiesen. Cada golpe de martillo acrecentaba los gritos. Al final, todos los trozos fueron fundidos y la cruz fue forjada. Lejos de las miradas de los curiosos, en mitad del bosque se dispuso un pilar de alabastro donde se colocaría la cruz.

       Algunas noches, según cuentan los habitantes, puede oírse los gritos del maldito implorando el perdón de Dios, pero nadie se atreve a acercarse. La cruz permanece sola ya que nadie quiere acercarse a «La cruz del diablo».

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  • Mitos y leyendas de la península: La campana de Huesca.

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       El día en que los restos de Alfonso I fueron llevados  el monasterio de Montearagón, su última morada, Ramiro, quien fue llamado a acompañar a su hermano, llevaba ya unos años como prior en San Pedro el Viejo de Huesca. Antes fue abad de San Juan de la Peña, mítico lugar de leyenda, y de Sahagún, además de obispo de Burgos y Pamplona.

       Ramiro, hombre tranquilo, no deseaba abandonar la paz que le otorgaba los muros del claustro, pero los nobles lo aclamaron como rey tras morir su hermano Alfonso.

       Cuando tomó el poder, aquellos que lo sentaron en el trono, maquinaban cómo hacerle caer del mismo. Todos los conspiradores gozaban de fama brava y valentía, señores de castillos inexpugnables, con linaje noble. Incluso entre los conspiradores se encontraban gente de fe como un abad y un obispo.

       Muchos de estos conspiradores los tenía cerca, notando el frío del acero en su espalda, incluso dentro de los muros de palacio. Ramiro, como hombre de fe, se vio obligado a defender el trono que dispuso Dios para él. ¿Cómo iba a ceder ante los conspiradores? La unidad y el bienestar de su pueblo dependían de mantener el trono.

       Ramiro fue siempre un hombre tranquilo, y las intrigas le eran ajenas a su vida, y por ello dudaba en su decisión. En su cavilar reconoció que ante una conspiración, la rectitud, la virtud, el bien y la justicia no serían suficientes.

       — Debemos disponer ya de la decisión que nos salve–le dijo a uno de sus consejeros-, para que llegado el momento actuemos.

       Buscando la tranquilidad, el rey Ramiro II paseaba por el jardín, por los solitarios pasillos o en la intimidad de su alcoba. Constantemente se preguntaba:

       — ¿Qué hacer, Señor? Señálame el camino…

       Entre sus viejas amistades contaba con un maestro y director espiritual, quien ahora era abad en San Juan de la Peña. Ramiro II le respetaba y lo amaba. Sabía que el le daría la respuesta que el buscaba desesperadamente.

       —No hay mejor consejero –se dijo Ramiro II- que pueda darme el consejo apropiado para resolver este desafortunado entuerto.

       Al amparo de la noche, el rey envió a uno de sus mensajeros a San Juan de la Peña.

       —Infórmale –le dijo el rey- de la conspiración que hay contra la corona. Dile que su consejo es necesario. Ten en cuenta que el abad no tiene permitido hablar,  pero no te preocupes, el encontrará la manera de indicarte qué debo hacer.

       A galope tendido, el mensajero no tardó más que unas horas en llegar al monasterio. El abad era un hombre imponente, de gran altura, ataviado con su hábito negro. La capucha le ocultaba parte del rostro, mostrando su espesa barba y unos ojos negros e inquisitivos.

       El emisario informó al abad de la situación de su antiguo discípulo. Sin mediar palabra, el abad le indicó al mensajero que lo siguiera. Lo llevó a un huerto, mientras por el horizonte asomaban los primeros rayos de luz. Cerca se pudo escuchar el canto insolente de un gallo. El aire de la mañana mecía la hierba y las hojas de los árboles bailaban al son del viento. Unas espigas maduras ondeaban suavemente. El abad tomó una hoz con su mano y, tras mostrársela con insistencia al mensajero, cortó todas las espigas que sobresalían, dejando las más bajas intactas. El abad lanzaba cortes seguros, contundentes, pero suaves y sin ruido alguno.

       Cuando terminó el abad miró fijamente con sus ojos negros al mensajero.

       — ¡He comprendido! –dijo el emisario al observar las espigas esparcidas por el suelo. Tras despedirse del abad, partió a galope para informar de su reunión con el abad al rey Ramiro II el Monje.

       Un día se anunció que el monarca aragonés deseaba construir una campana enorme. Aquella campana debía oírse desde el Pirineo hasta el Ebro, desde Sobrarbe hasta Navarra. Todos tomaron por locura aquella decisión. Pasaron los días hasta que el rey anunció que la campana ya había sido fundida y colocada en un lugar de palacio.

       — Espero a todos los nobles para mostrársela – dijo el monarca.

       La nobleza asistió a la llamada. El rey los recibió cortésmente, agasajándolos con abundante comida. Tras la recepción pidió a los nobles que lo siguiesen a una sala espaciosa en  palacio. Los nobles que entraron en la sala aguardaron con silencio y consternación, incluso hubo algunos que no pudieron reprimir un grito de espanto, y no era para menos. En el centro de la sala había quince cabezas separadas de sus cuerpos, dispuestas en el centro, formando un círculo.

       — ¿Qué os parece la campana? –preguntó el rey-. ¿Habéis visto el badajo?

       Y señaló a una cuerda que colgaba del techo, sosteniendo esa cuerda la cabeza del obispo que conspiraba contra la corona, balanceándose levemente como un péndulo.

       Allí se encontraban las cabezas de todos los nobles que conspiraron contra la corona. No hubo necesidad de decir los nombres porque, tras grotescas expresiones, se reconocía al criminal.

       En la sala reinaba un silencio sepulcral. El rey habló entonces:

       — ¿No es cierto, señores, que la campana que tienen ante ustedes es la campana más famosa de todos los tiempos? Os aseguro que esta campana se escuchará desde el Pirineo hasta el Ebro, desde Sobrarbe hasta Navarra. Y recordad los que aún respiráis, que nunca se os olvide, que si la idea de conspirar os viene a la mente, escucharéis su terrible sonido.

       Y abriéndose paso entre los nobles, el rey Ramiro II el Monje salió de la estancia, dejando en ella a los nobles aragoneses aterrados.

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  • El Pato Donald era nazi

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       ¿Quién no recuerda el oscuro pasado del Pato Donald cuando se unió al bando nacional-socialista? Así es, el Pato Donald era nazi, pero no es lo que ustedes creen que es. Der Fuehrer’s Face es un cortometraje americano producido por la compañía Walt Disney Productions, publicado en el año 1943 por RKO Radio Pictures.

       El fin del cortometraje era vender bonos de guerra, siendo un gran ejemplo de propaganda en donde mezclaba la inocencia de los dibujos animados con el horror de la Alemania Nazi. El corto fue dirigido por el director Jack Kinney y escrito por Joe Grant. La canción de la película, compuesta por Oliver Wallace, se popularizo en la época, y fue usada para caricaturizar la imagen de Hitler y su régimen.

       El corto ganó los premios de la Academia al Mejor Cortometraje de Animación, siendo la única película en donde el Pato Donald en solitario recibe un premio. Años más tarde, en 1994, se posicionó en el puesto 22 de la lista “Los 50 mejores dibujos animados”. La película por el contrario no fue muy divulgada debido a que aparece el propio Pato Donald como un nazi, y su espíritu propagandístico se alejaba de la línea que quería mantener Walt Disney.

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     El Pato Donald despierta un día en Nutzi Land, que fonéticamente se parece mucho a Nazi Land pero que se traduce como Tierra de Locos. A primera hora de la mañana, para despertar a los habitantes de Nutzi Land, una banda de música nazi toca Fuehrer’s Face. La banda se compone por caricaturas de Hideki Tojo, Göring, Goebbels y Mussolini. En la canción defiende la superioridad de la raza aria y se muestran orgullosos de hacer el saludo nazi.

       La banda de música despierta a Donald. En esta escena se muestra la precariedad de la vida de los alemanes, viendo cómo Donald moja un grano de café en agua hirviendo, y en donde corta una rebanada de pan dura.  Mientras se toma su desayuno le ponen un ejemplar del Mein kampf para que lo lea. Esa escena resume muy bien la precariedad y el adoctrinamiento nazi.

       Tras un precario desayuno, Donald es llevado a la fuerza a su trabajo en una fábrica donde montan obúses. Algunas espoletas traen consigo imágenes de Hitler, así que Donald se ve obligado a hacer el saludo cada vez que ve una imagen de Hitler. El trabajo se muestra agotador y el único descanso que tiene es hacer gimnasia mientras saluda la imagen de Hitler. Cuando vuelve a su trabajo el caos estalla, se le acumula los proyectiles y las imágenes de Hitler, volviéndose loco, hasta que finalmente despierta de la pesadilla en una cama en Estados Unidos. Al notar que todo ha sido una horrible pesadilla se acerca a la Estatua de la Libertad y la abraza con fervor, sintiéndose orgulloso de ser un ciudadano de Estados Unidos.

       La última escena es la más simbólica, en la que aparece una caricatura de Hitler a la que se le arroja un tomate.

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  • Los Códice Madrid I-II

    España puede sentirse orgullosa de tener entre sus tomos uno de los mayores tesoros de la cultura europea. La Biblioteca Nacional de Madrid tiene entre sus tomos los Códice Madrid I-II. ¿Cómo han llegado a España? La desinformación, el desinterés y la casualidad, quisieron que contásemos con dos tomos de un valor cultural incalculable.

    Uno de los mayores méritos que ha tenido Leonardo da Vinci es que ha legado a la humanidad una cultura de un valor incalculable. Sus trabajos en el mundo de la ciencia y la ingeniería, además de las artes humanísticas como la pintura, escultura, escritura, botánica, filosofía, música y urbanismo fueron muy avanzados para su época. Por desgracia, tras su muerte, todos sus manuscritos fueron pasando de mano en mano, por lo que la cultura europea se vio muy poco beneficiada de las ideas del artista florentino.

    Es sabido que dejó por testamento que tras su muerte todos sus manuscritos fuesen heredados por su discípulo más fiel, Francesco Melzi, que le siguió en todo el peregrinaje que hizo Leonardo por Francia e Italia.

    ¿Cómo llegó entonces a dispersar tanto la obra del artista? Con la muerte de Francesco Melzi, quien conservó toda la obra en su casa de Vaprio d’Adda, toda la obra pasó a manos de su hijo Orazio Melzi. Este, al no ver ningún interés en la obra, la arrinconó en un granero.

    Lelio Gavardi, preceptor de los Melzi, se apoderó de los 13 cuadernos que tenía Orazio Melzi, y se los llevó a la Florencia, para ofrecérselos a los Médicis con la esperanza puesta en obtener una gran suma de dinero. Pero de forma inaudita, el consejero del Duque dijo “Nada de esto podría interesar a Vuestra Excelencia.” No pudiendo realizar la venta, y viendo que con ese material no haría fortuna, Gavardi le pidió a su amigo Ambrogio Mazzenta, que devolviera las obras a Orazio Melzi. Pero Orazio Melzi no cambió de parecer, y no renovó ningún interés por las obras, así que regaló las obras por las molestias a Mazzenta, quien escribió en sus memorias “se asombró de que me hubiera tomado tales molestias y me regaló los libros”.

    Fue en ese momento cuando entra en escena una persona importante para nuestra historia, Pompeo Leoni, quien trabajaba para la corte del rey Felipe II de España como escultor. Leoni mostró gran interés por los manuscritos y prometió protección y favores personales a cambio de que le cediesen una gran parte de la obra, así mismo consiguió 10 de los 13 cuadernos que Orazio Melzi regaló a Mazzenta.

    Pompeo Leoni, deseoso de dar una visión más atractiva a los documentos, desmembró varios cuadernos para reagrupar sus páginas en varios grandes volúmenes. Esta “restauración” modificó por completo los volúmenes, borrando todo rastro de la distribución original de Leonardo da Vinci.

    Unos pocos cuadernos fueron cedidos a  Felipe II, quedándose para sí gran parte del resto. Con su muerte estos pasaron a Polidoro Calchi, yerno y heredero de Leoni. Calchi se dedicó a vender los cuadernos. Sus compradores fueron el Conde Faleazzo Arconati; Thomas Howard, Conde Arundel.

    Los Códice Madrid I-II

    Con el descubrimiento de los dos manuscritos de Leonardo da Vinci en la Biblioteca Nacional de Madrid se abrió un nuevo capítulo en la historia del pensamiento y la obra de Leonardo da Vinci.

    Estos dos tomos reflejan el pensamiento y los estudios que Leonardo da Vinci realizó sobre el arte, la mecánica, la geometría, la hidrología, la anatomía, la meteorología y el vuelo de las aves. En sus estudios nos ofrece una visión de las dinámicas y las leyes que las rigen, además de una rica descripción de los elementos de la naturaliza.

    Los dos volúmenes han incrementado en unas 700 páginas, de un total de 6.000 que se conocen en la actualidad. Estos dos manuscritos se sitúan entre los años 1491 a 1505, los más fecundos de Leonardo.

    El Códice I es una obra homogénea en el contenido, en donde se habla exclusivamente de la mecánica. Por otra parte, el Códice II, trata sobre una gran variedad de temas, en su mayoría relacionados con el arte.

    El descubrimiento

    La casualidad y el destino son caprichosos. Un día como otro cualquiera del año 1967, Jules Piccus, experto en literatura castellana medieval en la Universidad de Massachusetts, mientras investigaba los cancioneros castellanos, preguntó en la biblioteca si entre los documentos había alguno que tuviese un salto entre varias signaturas, y un funcionario de la Biblioteca Nacional, inocentemente y con total desconocimiento le puso dos tomos sobre la mesa. Cuál sería la sorpresa y el asombro de Jules Piccus cuando en la página 9 vio esto:

    La noticia corrió como la pólvora llegando a los máximos expertos sobre Leonardo da Vinci. Fue Ladislao Reti, que por aquellos años era uno de los máximos expertos en la obra de Leonardo, quien en la sala de prensa del hotel Boston, confirmó la autenticidad de los mismos.

    Tras ello hubo un gran revuelo, y se exigió responsabilidades. Miguel Bordonau, quien por aquel entonces era el director de la Biblioteca Nacional, dio una rueda de prensa, intentando salir airoso, sin mucho éxito, de la avalancha de preguntas. En una de sus declaraciones afirmó que “no se trataba estrictamente de un descubrimiento, sino de un hallazgo afortunado”. Según el director, ya se sabía de la existencia de los manuscritos, sólo que estaban “traspapelados”. Al final, tanto el director de la biblioteca como el subdirector fueron cesados.

  • Historia de al Andalus: musulmanes y cristianos

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       La historia se concibe como un libro abierto cuyas páginas aparecen llenas de suciedad. Ante esta máxima la historia de al Andalus no se mantiene ajena. Dependiendo del punto de vista desde el que se mire la historia de al Andalus se puede presentar como un mundo en donde unos invasores son expulsados, un lugar idílico donde la cultura floreció y se expandió posteriormente por Europa o como un mundo donde tuvo momentos de esplendor y momentos de decadencia.

       El primer punto de vista pertenece a una visión poco profunda y desfigurada de la historia. En las escuelas primarias y en algunos sectores de la población se “estudia” este periodo con una visión desfigurada, del mismo modo ocurre cuando se idealiza este periodo de la historia. Una visión historicista percibe la historia de al Andalus como un periodo de esplendor y decadencia, en donde los momentos de paz y convivencia se entremezclan con momentos violentos, en donde la razón queda apartada por la espada.

       Del mismo modo los personajes que participan en la historia suelen sufrir una desfiguración por parte de aquellos que escriben la historia. Navegar  a través de los ríos de tinta que discurren en la historia de Al-Andalus se convierte en una tarea ardua y difícil debido a las visiones partidistas que se da de la historia.

       En este artículo se tratará de dar una visión de los acontecimientos históricos más importantes del periodo andalusí abarcando los personajes principales, los acontecimientos que cambiaron la historia y posteriormente analizar la visión que se da de la historia en los medios de los que disponemos en la actualidad, a través de libros y los medios digitales.

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       En la historia de la actual España, antes, durante y posteriormente al periodo andalusí hubo hechos históricos que cambiaron la historia. Entre estos hechos históricos destacan La batalla de Guadalete, La batalla de Covadonga, La Batalla de Alameda, La Batalla de Roncesvalles, La batalla de Clavijo, La Batalla de Cabra, Almenar, Morella, Tévar, Cuarte y Bairén, Las Navas de Tolosa, La Batalla de Puig y Valencia y por último la Toma de Granada.

       La batalla de Guadalete enfrentó a 35.000 cristianos contra 15.000 musulmanes el 19 de julio del 711. En el 710 estalló la guerra civil en el reino visigodo por la sucesión de Witiza. Los hermanos de Witiza pidieron ayuda a los musulmanes. En el 710 Tarif desembarcó en la costa de Cádiz con 400 hombres y un pequeño grupo de jinetes. Este lugar pasó a denominarse Tarifa. Asoló la región impulsando el envío de unos 7000 soldados encabezados por Tariq Ibn Ziyard. A estos soldados se les unieron soldados de infantería beréber incrementando su número hasta los 13.000 combatientes. Las fuerzas de Rodrigo ascendían a los 33.000 soldados.

       La batalla fue en el río Barbate, entre el 19 y el 26 de julio del 711. Las fuerzas se midieron en pequeñas escaramuzas durante varios días, pero cuando se produjo el choque de las dos fuerzas los hijos de Witiza huyeron, dejando los flancos al descubierto.

       La derrota de esta batalla tuvo como consecuencia la muerte de Rodrigo, la desaparición de don Julián y en poco menos de 5 años cayeron Sevilla, Mérida, Zaragoza y Pamplona.

       En el año 713 Teodomiro firmo un pacto por el que se sometía ante los vencedores:

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       “En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al-‘Aziz ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush [Teodomiro, hijo de los godos]. Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula [Orihuela], Baltana, Laqant [Alicante], Mula, Villena, Lurqa [Lorca] y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento. Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los siervos, sólo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira [713]. Como testigos, ‘Uthman ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abu l-Qasim al-Mazali.”

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       La batalla de Covadonga, Cova Donga o Cueva Dominica, enfrento el 28 de mayo del 722 a 300 cristianos frente a 800/1400 musulmanes. Como testimonio de este hecho tenemos la Crónica de Albelda, escrita en el 881:

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       “Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva y el ejército de Al-Qama llegó hasta él y alzo innumerables tiendas frente a la entrada de una cueva. El obispo Oppas subió a un montículo situado frente a la cueva y habló así: Pelayo, Pelayo, ¿Dónde estás? El interpelado se asomó a una ventana y respondió: Aquí estoy El obispo dijo entonces: «Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve a tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos». Pelayo respondió entonces: «¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?». El obispo contestó: «Verdaderamente, así está escrito». […] Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos […]. Al-Qama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. Y como a Dios no le hacen falta lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los caldeos emprendieron la fuga.”

    [/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″][vc_single_image source=»external_link» external_img_size=»full» custom_src=»https://image.ibb.co/hnsfob/c_cn.jpg» caption=»La Crónica mozárabe, escrita en el 754, nos habla de ello, dándose la primera versión árabe de la conquista de los musulmanes. «][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

       Estos hechos históricos suelen estar plagados de leyendas. Un ejemplo de ellas es una leyenda que narra cómo las flechas musulmanas eran desviadas antes de que alcanzasen a los astures por prodigio divino. También se cuenta que Pelayo tuvo una visión divina, del cielo, animándolo hacia la victoria.

       Los efectos de la batalla de Covadonga han sido exagerados en los relatos sobre la Reconquista.  Los datos que aportan las crónicas musulmanas y cristianas sobre los combatientes, las bajas y las motivaciones son muy dispares, por lo que resulta difícil contrastar la veracidad de la información.

    Esta batalla tiene su trascendencia por su importancia en la formación de la leyenda de la reconquista y la defensa del cristiano frente al invasor musulmán.

       La batalla de Roncesvalles enfrento a las tropas de Carlomagno y a los vascones, pamplonicas y aragoneses descontentos. El lugar exacto de la batalla se desconoce, aunque se nombra el paso de Roncesvalles.

       Las tropas de Carlomagno fueron llamadas por el gobernador de Zaragoza, Sulayman. Este les prometió la ciudad como pago a cambio de ayudarle en el enfrentamiento contra Abderramán I. A su paso, Carlomagno arrasó la ciudad de Pamplona. Sulayman se negó a entregar la ciudad enfrentando por ello a Carlomagno y Sulayman. No obstante, el ejército de Carlomagno tuvo que levantar el asedio ya que los sajones atacaron las tierras francas.

       A su regreso fue sorprendido por los vascones, pamplonicas y aragoneses en el paso de Roncesvalles. Las cifras apuntan que un total de 20.000 soldados murieron, entre ellos Roldán, quien sería recordado por los cantares.

       Diezmadas las tropas de Carlomagno se frenó las expectativas de futuras incursiones por tierras andalusíes. Ello, junto con el debilitamiento de las plazas como Zaragoza conllevo que los cristianos comenzasen a creer en una conquista futura.

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       La batalla de Clavijo tiene su importancia no solo por la epopeya que se ha generado en torno a esta batalla sino por las consecuencias de la misma. La Orden de Santiago, cuyo objetivo era proteger a los peregrinos en su ruta a Compostela y la defensa de las fronteras fueron algunas de sus consecuencias.

       Alfonso II impulso el Liber Iudiciorum y divulgó el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago el Mayor. Ello conllevó que el reino tuviese presencia en el orbe cristiano.

       La Batalla de Clavijo enfrento las tropas de Ramiro I contra tropas musulmanas dando como vencedor a Ramiro I. Esta batalla vio nacer la leyenda de Santiago Matamoros. Según cuenta la leyenda, cuando las tropas de Ramiro I se enfrentaron contra los musulmanes en el Campo de Matanza, intervino la figura del apostos que evangelizó Hispania. Santiago Matamoros cabalgó en un caballo blanco portando un pendón de color blanco para guiar a las tropas en la batalla. En esta batalla nacio la frase “Que Dios nos ayude y Santiago”, o como se popularizó “Santiago y cierra España”. Esta batalla se convirtió en un símbolo que se usó en la reconquista.

        Con la muerte del Rey Sancho II, Alfonso VI se coronará como rey de Castilla, convirtiéndose en el rey con más poder en la península. Las taifas musulmanas pagaban un impuesto a los reinos cristianos para así poder evitar invasiones y mantener una relación pacífica. El rey Alfonso VI ejerció presión sobre las taifas y el favor sobre El Cid terminó a raíz de una disputa y la presión que ejerció García Ordóñez, del Çid so enemigo malo.[1] El Cid defendía por aquel entonces las fronteras de al-Mu`tamid, y para defenderlas tenía que atacar al ejército de García Ordóñez, lo que suponía atacar de forma indirecta al propio Alfonso VI. El Cid trató de solucionar el problema de forma pacífica, pero el conflicto se desató y se enfrentaron en las inmediaciones de Cabra.

       Se enfrentaron Rodrigo Diaz de Vivar y Al-Mu’tamid contra García Ordoñez, Diego Pérez y Lope Sánchez. Salió victorioso El Cid. Este tenía numerosos enemigos en la corte, era un gran guerrero pero un mal diplomático por lo que se ganó enemigos en la corte leonesa. Fue en este momento cuando nació la leyenda de El Cid, admirada por cristianos y musulmanes.

       La leyenda se fue haciendo cada vez más grande con las victorias de El Cid en la batalla de Almenar, Morella, Tévar, Cuarte y Bairén. En la Batalla de Bairén falleció El Cid por una flecha el 10 de julio de 1099. La leyenda cuenta que El Cid hizo prometer a su esposa Jimena que cabalgaría por última vez a lomos de Babieca, atado a la grupa de su caballo. Esta figura hizo que las tropas musulmanas huyesen.

    [1] Nombre que recibía García Ordóñez en el Cantar del Mío Cid.

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       El año 1212 quedaría marcado para la historia por la Batalla de Las Navas de Tolosa. El 16 de julio de 1212 se enfrentaron 70.000 cristianos frente a 125.000 almohades. Las bajas se contaron en 2000 cristianos fallecidos y 90.000 almohades caídos en la batalla.

    [/vc_column_text][vc_single_image source=»external_link» external_img_size=»full» alignment=»center» custom_src=»https://image.ibb.co/cex7ZG/navas_de_tolosa.jpg» caption=»Batalla de las Navas de Tolosa»][vc_column_text]

       En la primera quincena de julio, los cristianos se fueron aproximando a Sierra Morena. Muhammad al-Nasir preparo un ejército que pudo llegar a la cifra de 150.000 soldados. Los cruzados, que estaban asentados en el enclave Mesa del Rey, en la madrugada del 16 de julio levantaron el campamento y dieron la orden de combate. Las fuerzas se compusieron por un bloque situado en el centro, en donde se situaba la caballería pesada al mando de Diego López de Haro, quien fue nombrado alférez de Castilla. La retaguardia central la aseguraban Álvaro Núñez de Lara, Alfonso VIII y el arzobispo de Toledo. En el ala izquierda estaba el bloque compuesto por los aragoneses y el rey Pedro II a la cabeza, mientras que en el ala derecha se situó Sancho VII el Fuerte.

       Los almohades situaron a sus tropas de infantería en el centro, mientras que los flancos fueron tomados por la caballería ligera. En vanguardia se situaron los más feroces, en segunda línea se formó a las tropas procedentes del Magrab y en la tercera línea se situó a la caballería pesada.

       Alfonso VIII, quien estaba al mando de las tropas, dio la orden de combatir. En el transcurso de la batalla los cristianos se vieron superados por las tropas musulmanas haciendo que estos huyesen en desbandada, provocando que las trupas musulmanas rompiesen la formación para perseguir a quienes huían, pero el rey Alfonso VIII dio la orden de atacar en bloque junto con Sancho VII y Pedro II. Aquella decisión provocó que las tropas cristianas superasen el ataque de los musulmanes, llegando a la misma tienda de Al-Nasir.

       Con la victoria de las Navas de Tolosa se ponía fin al dominio almohade en la Península Ibérica.

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       En el año 1492 culmina el proceso de conquista cristiana con la toma de Granada, enfrentando a las tropas de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla contra Boabdil. El 2 de enero Boabdil entregó la ciudad a los Reyes Católicos. La ciudad, siguiendo las órdenes de Isabel, se tomó por aislamiento y no por asalto, evitando así la destrucción del patrimonio. Tras la conquista Isabel y Fernando impusieron una política de uniformidad religiosa.

    [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»La convivencia: de la multiculturalidad a la uniformidad religiosa. «][vc_column_text]

       El periodo andalusí se caracteriza por los avances y los estudios que se realizaron en las diversas ramas científicas. No obstante, si algo caracteriza el espíritu andalusí es su espíritu de tolerancia.

       La base de la convivencia entre los judíos, los cristianos y los musulmanes se caracteriza por la posibilidad de conservar la religión acogiéndose a pactos. Según los pactos los judíos y los cristianos tienen que someterse al poder político de los musulmanes para así obtener la protección del Estado a cambio de los pagos de impuestos denominado yizia.

       Aquellas comunidades judías y cristianas que firmantes de los pactos pueden vivir en una sociedad musulmana sin abandonar su religión, pero deben atenerse a una serie de condiciones que firman. Estas condiciones pueden resumirse en ser fieles y no traicionar al estado, no pueden interferir en la vida pública con sus prácticas religiosas, deben hacerse en la vida privada, y saberse que se sitúan en una clase social inferior a la de los musulmanes.

       Este hecho puede llevar a cualquier persona a concebir esta tolerancia como una forma de humillación, pero siendo fieles al concepto medieval de tolerancia, esta se concibe como un mal menor. Si analizamos etimológicamente el término tolerancia, tolerantia, del latín, hace alusión a sufrir con paciencia, soportar o resistir.

       Es por ello que tras la conquista cristiana se percibe una transformación absoluta de la tolerancia religiosa.

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       “Muy entendido tenéis lo que por tan largo discurso de años se ha procurado la conversión de los cristianos nuevos dese reinos, los edictos de gracia que se les concedieron, las demás diligencias que se hicieron para instruirlos en nuestra santa fé, y lo poco que todo ello ha aprovechado; pues no se ha visto que se hayan convertido, sino ántes crecido de dia en dia su obstinación, y el deseo y voluntad que siempre han tenido de maquinar contra estos reinos.” [1]

    [1] Carta escrita á los jurados, diputados y Estamento militar de la ciudad de Valencia por el rey D. Felipe III, en 11 de setiembre de 1609. Hállase auténtica en el folio 1º de la Mano 33 de Mandes y Empares de la cort civil de 1624. –Historia de Valencia, por Escolano, libro 10, cap. 48.

    [/vc_column_text][vc_column_text]

       “Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.”[1]

    [1] Edicto de Granada. Decreto promulgado en la Alhambra el 31 de marzo de 1492 por los Reyes Católicos en el cual se expulsa a todos los judíos de la Corona de Castilla.[/vc_column_text][vc_column_text]

       “El Rey y por S.M. Don Luis Carrillo de Toledo, marqués de Caracena, señor de las villas de Pinto y Inés […] Entendido teneis lo que por tan largo discurso de años he procurado la conversión de los moriscos de ese reino y del de Castilla, y los edictos de gracia que se les concedieron, y las diligencias que se han hecho para instruillos en nuestra santa fe, y lo poco que todo ello ha aprovechado, […] hemos mandado publicar el bando siguiente:

    1. Primeramente, que todos los moriscos de este reino […] dentro de tres días de como fuere publicado este bando en los lugares donde cada uno vive y tiene su casa, salgan dél, y vayan a embarcarse á la parte donde el comisario les ordenare.
    2. Que cualquiera de los dichos moriscos que publicado este bando, y cumplido los tres días fuese hallado […] pueda cualquiera persona, sin incurrir en pena alguna, prenderle y desvalijarle […] y si se defendiere lo pueda matar.”[1]

    [1] Bando de la expulsión de los moriscos del reino de Valencia, pùblicado en la capital el dia 22 de setiembre de 1609, segun se conserva en el folio 31 de la Mano 50 de Mandamientos y embargos de la corte civil de Valencia del año 1611.[/vc_column_text][/vc_column_inner][/vc_row_inner][vc_column_text]

       Estos son solo algunos de los muchos textos que se puede encontrar referido a las autoridades estatales en los cuales tratan los asuntos de los judíos y los moriscos en época de dominación cristiana. Estos textos evidencian el contraste que hubo entre el periodo andalusí y el periodo cristiano y sobre cómo en cada periodo se trató la cuestión religiosa.

       En el periodo andalusí se podían distinguir varios tipos de clase social. La aristocracia y el pueblo, los siervos, los renegados y muladíes, los judíos y los mozárabes. Para el asunto en cuestión que se trata cabe hace especial mención a los mozárabes. Estos eran cristianos sometidos, que continuaron con una administración y un gobierno propio, teniendo sus gobernadores, denominados condes, nombrados por el califa. En Córdoba existía la figura de defensor. Este era el representante de los mozárabes ante el califa. A estos mozárabes se les exigía el pago de impuestos y se les cobraba a través excepto y el censor en primera instancia, siéndolo el conde en segunda.

       Pese a vivir bajo un estado islámico tenían el Fuero Juzgo, aunque si el delito iba contra el Islam intercedía las autoridades musulmanas.

       Con el avance de las tropas cristianas se formaron pequeños núcleos musulmanes dentro de los territorios cristianos. Estos musulmanes fueron llamados mudéjares. Conservaron su religión, su justicia y costumbres si pagaban impuestos.

       Tras la caída de Granada el posicionamiento de los Reyes Católicos el posicionamiento de los Reyes Católicos tenía una voluntad tolerante ya que con la apertura de las puertas de Granada se consignaba terminantemente que:

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       1º. Que los reyes asegurarían á todos los moros cumplida seguridad de bienes y haciendas, con facultad de comprar, vender, cambiar y comerciar con el África, sin pagar más impuestos ni derechos que los establecidos por la ley musulmana.

       2º. Que los reyes Católicos, por sí y á nombre de sus descendientes, se obligaban á respetar por siempre jamás los ritos musulmanes, sin quitar las mezquitas, torres de almuhedanos, ni vedar los llamamientos, ni sus oraciones, ni impedir que sus propios y rentas se aplicasen á la conservación del culto mahometano. La justicia continuaría administrada entre moros por jueces musulmanes, con arreglo á sus leyes, y todos los efectos civiles relativos á herencias, casamientos, dotes, etc. , continuaron según sus usos y costumbres.

       3º Que los alfaquíes continuarían defendiendo la instrucción en escuelas publicas, y percibiendo las limosnas, las dotaciones y rentas asignadas á la instrucción pública, con absoluta independencia é inhibición de los cristianos.

       4º Que á ningún renegado se molestaría ni insultaría por su conducta pasada.

       5º Que las contestaciones y litigios entre moros y cristianos se decidirían por jueces de ambas partes, continuando los empleados moros en el desempeño de sus respectivos oficios.

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       Esta declaración de intenciones por parte de los Reyes Católicos se vio quebrada cuando tras numerosos intentos por parte de las autoridades eclesiásticas para adoctrinar a los musulmanes vieron sus esfuerzos sin ningún resultado. Numerosas cartas fueron enviadas a los moriscos para que tuviesen voluntad de escuchar a los predicadores. Ejemplo de ello son la Carta del emperador Carlos I a los moriscos valencianos para que oigan con sumisión y amor a los predicadores, la carta del obispo de Segovia los rectores de la diócesis de Valencia para que faciliten el negocio del bautismo de los niños de los moriscos, o la carta del obispo de Calahorra a los moriscos valencianos recomendándoles que obren conforme a lo que desea el Emperador.

       Pero al ver sus esfuerzos truncados comenzaron los comunicados por parte de obispos, condes y duques comenzaron a mostrar una postura de rechazo hacia los moriscos.

       Con la expulsión de los moriscos se cerró filas y bajo ningún concepto se permitía el retorno de los moriscos a la península. Algunas de las penas a las que se sometía a los moriscos que retornaban quedaron registradas en las resoluciones. En la Resolución de S.M. á la consulta sobre las penas que debían aplicarse á los moriscos que volvían al reino de Granada estipulaba que debían ser enviados a las galeras los mayores de 17 años y menores de 55, las mujeres y los niños volverían a ser expulsados y los gastos que su expulsión ocasionase tendrían que correr a cuenta propia del expulsado.

       Las expulsiones no se realizaron al azar y todo quedó debidamente registrado dividiendo los reinos en partidos, familias y personas.

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       La historia de al Andalus está servida de polémica entre historiadores desde los aspectos más amplios hasta a los más concretos. Modesto Lafuente fue el primero en acuñar un término que se aceptó y que hoy en día genera debates entre los historiadores en su obra Historia general de España; reconquista. Frente a Modesto Lafuente se encuentra Ortega y Gasset, quien refutaría este término era una incongruencia debido a que un proceso tan prolongado en el tiempo no podía denominarse de tal forma.

       Se me dirá que, a pesar de esto, supimos dar cima a nuestros gloriosos ocho siglos de Reconquista. Y a ello respondo ingenuamente que yo no entiendo como se pudo llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos.[1]

       En el siglo VIII entraron los musulmanes a la península ibérica, y en el siglo XXI, 14 siglos después, aún sigue con polémica. Si uno echa un vistazo a los medios de comunicación buscando declaraciones sobre expertos e interesados en la materia sobre al Andalus caerá en la cuenta de que hay dos posturas enfrentadas: por un lado quienes afirman la reconquista como tal y por otros quienes rechazan el término. El diario de burgos reza con un titular “La reconquista es un mito”[2] y a continuación dice “El catedrático de Historia Medieval Javier Peña desmonta la Reconquista en su estudio de ingreso en la Academia Fernán González. “Jamás se habló de ella en la Edad Medie ni en la Moderna, sólo a partir del siglo XIX”. Enfrentado a este titular encontramos una entrevista del ABC con el titular “Negar que los musulmanes conquistaron la Península Ibérica es un disparate” [3]

       Este debate ha dado y dará que hablar puesto que estas dos posturas enfrentadas con posiciones tan contrapuestas no parecen alcanzar un punto común en tanto en cuanto a la visión historicista respecta.

    [1] Ortega y Gasset. España invertebrada. Alianza Editorial, 2006. Pp 75

    [2] R. Pérez Narredo. Diario de Burgos, sábado, 2 de noviembre de 2013.

    [3] Alejandro García Sanjuan, Diario ABC, 10 de diciembre de 2015.

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