Surgimiento del Humanismo.

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   El término Humanismo lo podemos abarcar desde dos puntos de vista: uno general, que define de forma precisa un periodo cronológico de la historia;  otro en sentido lato, que define la exaltación de las actividades espirituales del hombre: la dignidad, el valor, la creatividad y su pensamiento. El humanismo hay que entenderlo como una actitud del hombre que decidió renovar los valores de la Antigüedad Clásica durante el siglo XIV y XV. Esa actualización tiene una única vía: el estudio de humanae litterae. La recuperación de las letras clásicas se considera como un ideal de vida, un modelo fundamental  y básico para la educación del hombre.

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   En las obras posteriores a Cristo se encuentran modelos ejemplares de un ser humano perfecto. En la Antigüedad Clásica el ser humano se desarrolló libre de ataduras teológicas dogmáticas, se educó básicamente para la vida terrena, alcanzado ese grado de perfección.

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   La perfección que debía alcanzar el ser humano de la época clásica coincide con la visión aportada por el Cristianismo. Esa espiritualidad, pilar fundamental del Cristianismo, se fundió con la corriente del Humanismo clásico, y permitió forjar un nuevo sentido de perfección humana. El medio para alcanzar la perfección no podía ser otro que el estudio y la comprensión de los textos primitivos, y para ello era necesario resucitar las lenguas clásicas. Por primera vez en la historia se dio importancia al texto base, excluyendo las traducciones, creando la antesala a una ciencia futura: la filología.

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   Se dio un giro de 180º tomando la Antigüedad como ideal para el presente. Fue tal la  importancia de la lengua clásica como medio para alcanzar el grado de perfección que se vio como una herramienta capaz de eliminar los velos para dejar al descubierto la verdad.

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   El humanismo no fue  un fenómeno que se presentó de manera repentina. El periodo de la Edad Media ha sido descrito erróneamente como un periodo de oscurantismo completo, donde la religión y la ignorancia campaban a sus anchas. Durante la Edad Media hubo muchos personajes que intentaron establecer la ideología humanista, personajes que reconocieron y supieron apreciar la importancia de los textos clásicos: San Agustín, denominado el Platón cristiano, San Gregorio Magno, San Ambrosio y San Jerónimo, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

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   Los Padres de la Iglesia consideraron que la utilidad de esos textos no era su conservación y estudio, sino su utilidad práctica, con enseñanzas atemporales que podían aplicarse a cualquier época.

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   Supieron apreciar la calidad de los textos clásicos viendo en ellos los cimientos sobre los que levantar el corpus del Cristianismo. Alcuino de York, consejero e intelectual al servicio de Carlomagno y principal exponente de la Escuela Palatina de Aquisgrán, supo ver en los textos antiguos un patrimonio de la humanidad.

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   A partir de Alcuino de York las artes liberales se convirtieron en el corpus del modelo educativo. Anteriormente a Alcuino, Martianus Capella había enumerado estas artes en el siglo V, y en el siglo VI Casiodoro las convirtió en la enciclopedia liberal. Se constituían de siete vías por las que se podía acceder a todo el conocimiento. Se componía del Trivium, una vía triple en la que se adquiría el conocimiento de la gramática, la dialéctica y la retórica; y el Quadrivium, la vía por la que se accedía a los conocimientos de la geometría, la aritmética, la astronomía y la música. Estas dos ramas de estudio si establecieron en el siglo XII con el nacimiento de las Universidades, a ello acompañó el arte románico y la recuperación del Derecho romano.

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   En el siglo XIV se impuso en los monasterios el estudio del griego clásico, además del latín culto; a su vez, se hizo obligatorio el estudio de las obras de los clásicos como Horacio, Virgilio, Cicerón, Ovidio, Lucano, Juvenal, Marcial, Salustio y Séneca, aunque de todos ellos, quien causó más admiración fue Virgilio.

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   Entre los docentes se impuso el estudio de estos autores. El estudio de estos autores llegó a tal entusiasmo que profesores y gramáticos de la época llegaron a considerar a la misma altura los evangelios y los versos de Horacio y Virgilio, incluso se llegó a admirar a los clásicos como si fuesen santos de la religión cristiana.

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   Los Padres de la Iglesia allanaron el camino que más tarde recorrerían personajes de la talla de Dante, Petrarca, Boccaccio, Bruni y Valla. El surgimiento del Humanismo no fue por tanto un hecho repentino, pues tuvo un sólido precedente. Todos los humanistas reconocieron su deuda con el periodo medieval, pero afirmaron que el Humanismo era un fenómeno novedoso ya que ellos renovaron gracias a los textos clásicos la vida, la política y la cultura de su tiempo.

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   Lo realmente innovador del Humanismo fue la nueva conciencia del individuo frente a los modelos precedentes. En primer lugar, se exigió que la filología tuviese un papel protagonista en el proceso de trasformación, entiendo la ciencia filológica como la búsqueda del texto idóneo, sin añadidos ni traducciones, hecho que sin embargo no tuvieron en cuenta los autores medievales. En segundo lugar la función de las materias no sólo como vía de conocimiento sino como modelo de vida, una vida completa que ayudase al ser humano a alcanzar la eterna meta, la felicidad, destacando la espiritualidad y la naturalidad de todo cuanto proporcionaban los autores clásicos. Fue así como los autores italianos del siglo XIV sintieron que los clásicos no habían quedado obsoletos, convirtiéndose en sus verdaderos contemporáneos.

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